Hoy nos notifican la sentencia.
Salimos del nuevo apartamento, en el número 9 de la misma calle, y esperamos a T., que nos va a llevar al juzgado. Ayer nevó y todavía queda nieve. Hace frío, bastante.
Aparece el coche de T., con pinta de haber dormido al raso. Cuando pasamos el puente sobre el Dniéper, el barrillo que nos lanzan los otros coches se está quedando helado; el agua del limpiaparabrisas también está helada y casi no se ve. Tania para de cuando en cuando y echa un poco de agua de una botella que lleva en el coche, pero lo más emocionante es cuando lo hace sin parar, en medio del tráfico y con el cristal casi opaco. La verdad es que esta chica conduce muy bien.