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sábado, 5 de enero de 2019

17 años y casi dos meses después del 11 de septiembre...

el fiscal de Estados Unidos para el distrito Sur de Nueva York envió la carta que se reproduce más abajo, en respuesta a una petición de The Lawyers' Committee for 9/11 Inquiry, que ha reunido evidencias de la comisión de delitos federales, no perseguidos hasta la fecha, en el WTC (las torres gemelas) el 11 de septiembre de 2001. Entre estos delitos podría estar la voladura con explosivos de parte de la estructura de ambas torres, lo que explicaría la total ausencia de deceleración una vez iniciado el colapso y la caída libre de la parte de las torres situada por encima del impacto de los aviones. La respuesta supone la convocatoria de un gran jurado federal para evaluar la evidencia presentada y formular, en su caso, las acusaciones pertinentes. (Ver actualización posterior)

Enlaces

1 Entrada relacionada con este asunto publicada en 2009
Architects & Engineers for 9/11 Truth

La carta

BY MAIL
Mick G. Harrison, Esq.
Executive Director
The Lawyers' Committee for 9/11
 Inquiry, Inc.
426 River Mill Road
Jersey Shore,
Pennsylvania 17740

Dear Mr. Harrison:


We have received and reviewed The Lawyers' Committee for 9/11 Inquiry, Inc.'s submissions of April 10 and July 30, 2018. We will comply with the provisions of 18 U.S.C. § 3332 as they relate to your submissions.


Actualización marzo 2026: La referencia a la ley federal 18 U.S.C. § 3332 obliga al fiscal a trasladar información a un gran jurado si se le presentan alegaciones de delitos federales.

Pero esto no implica que el fiscal dé credibilidad a las pruebas, que exista una investigación penal en curso o que el gran jurado vaya a actuar de forma efectiva.

En la práctica, es un acto procedimental automático, no una validación.

Qué ocurrió después

No hay constancia de que se haya constituido un gran jurado operativo con consecuencias reales sobre este caso, se hayan presentado acusaciones derivadas de esas alegaciones o se haya reabierto oficialmente la investigación del 11-S en ese sentido.

Las instituciones estadounidenses —FBI, Departamento de Justicia, etc.— no han modificado su posición oficial.

El grupo Architects & Engineers for 9/11 Truth y otros similares han defendido durante años la hipótesis de demolición controlada. Sin embargo sus argumentos han sido analizados repetidamente y no han sido aceptados por organismos técnicos oficiales.

La referencia oficial sigue siendo el informe del National Institute of Standards and Technology (NIST) que concluye que:

  • El colapso se debió a daños estructurales por impacto + incendios prolongados.
  • No encontró evidencia de uso de explosivos.
  • La “caída libre” que a veces se menciona se da solo en una fase limitada y no implica demolición.

lunes, 14 de agosto de 2006

¡que vienen los moros!

No debemos cometer, nunca, el error de creer que el peligro del terrorismo ha pasado, decía Bush en una reciente alocución radiada, a propósito del supuesto descubrimiento, por la policía británica, de un fantástico intento de derribar en vuelo una docena de aviones llenos de inocentes hombres, mujeres y niños, como también decía el Sr. Bush. Puede que haya habido una conspiración como la descrita pero, lo más probable, es que sea todo una invención tramada al alimón entre la Casa Blanca y el 10 de Downing Street para distraer a la opinión pública de, por ejemplo, la desastrosa gestión de la ocupación de Irak o de la inoperancia internacional en el conflicto líbano-israelí y, last but not least, para volver sobre el tema de la amenaza terrorista, vital para la supervivencia política de Bush, en pleno desarrollo de las elecciones primarias en los Estados Unidos. Nada de lo que nos han contado tiene mucho sentido y probablemente si las cosas llegan a ventilarse, como es legalmente preceptivo, en un tribunal aparecerá más de una inconsistencia pero, mientras tanto, habrán alterado gravemente el tráfico aéreo, que tienen la obligación de garantizar, y se habrá demostrado, una vez más, que lo verdaderamente peligroso no es el terrorismo islamista sino la incompetencia y, sobre todo, la absoluta falta de escrúpulos de los gobiernos que padecemos.