Barbastro tiene, sin duda, numerosos
puntos fuertes; empresarios capaces, técnicos cualificados, profesionales
competentes, una infraestructura sanitaria de alto nivel, dos institutos, un
centro universitario bien dotado de medios y personal, un comercio todavía
pujante, una actividad cultural nada desdeñable… y, sin embargo, está perdiendo
fuelle. Objetivamente y sin necesidad de entrar en comparaciones que, como se
sabe, son odiosas. La ciudad se mantiene, pero ya no es atractiva para las
nuevas generaciones ni para los profesionales que buscan un lugar para
desarrollar su proyecto de vida. El acto organizado anualmente por el
ayuntamiento y los centros educativos para ‘despedir’ a los estudiantes de
bachillerato y formación profesional es extraordinariamente simbólico. Será
todo lo emotivo que se quiera, pero es, efectivamente, una despedida. Muchos, la
mayoría, y en todo caso más de los que sería deseable, no volverán, y la ciudad
dará cada año un nuevo paso hacia el envejecimiento y la ruina.