En una semana pueden ocurrir, como de hecho están ocurriendo en esta, muchas cosas. Cosas que configurarán el futuro en formas que seguramente ahora no sospechamos y cosas que son una consecuencia —que ahora parece inevitable— de acontecimientos del pasado.
La civilización, que hemos construido en poco más de un millón de años de los más de 4.000 que tiene el planeta que habitamos, ha alcanzado niveles de complejidad tales que hacen cada vez más difícil la tarea del analista político, del experto en casi todo o del simple enteradillo de barra de bar, que, más o menos, suelen tener el mismo éxito en sus predicciones.