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viernes, 4 de septiembre de 2026

El último interruptor

 

En la mesa del fondo del viejo café divagamos sobre inteligencia artificial. Esta vez con un motivo concreto: el incidente ocurrido en julio entre OpenAI y la plataforma Hugging Face, y el informe publicado el 26 de agosto con el que OpenAI intentó explicarlo. Durante una prueba interna de ciberseguridad, varios sistemas de IA lograron eludir las restricciones de aislamiento, comunicarse entre ellos por vías no previstas, acceder a internet y ejecutar código en servidores de Hugging Face. El episodio tuvo lugar en un entorno diseñado precisamente para poner a prueba las capacidades de los modelos, de modo que no conviene extraer conclusiones precipitadas, pero sí recordar que comportamientos inesperados pueden emerger incluso en condiciones controladas.

En el café discutíamos si aquello debía preocuparnos o, por el contrario, interpretarse como una prueba del progreso alcanzado. Nuestro contertulio más silencioso, cuyas escasas intervenciones suelen ser las mejores, zanjó provisionalmente la discusión:

martes, 5 de agosto de 2025

Últimas veces

Desde que cumplió los setenta años vivía con la sensación de estar haciendo cosas por última vez. Algunas ya habían quedado atrás para siempre: charlar con amigos hasta altas horas de la mañana en torno a una botella de vino; pasear por la playa; visitar alguna de sus ciudades fetiche, como Barcelona, Londres o París, que —pensaba con una mezcla de nostalgia y desdén— ya no son lo que fueron; o enredarse en discusiones políticas sin sentido. Esto último, sobre todo, porque creía haber alcanzado algo parecido a la ataraxia —así la llamaba él—, un estado en el que la opinión ajena, que nunca le había interesado demasiado, había dejado de importarle casi por completo.

lunes, 7 de julio de 2025

Doce sillas.

Doce jugadores. Doce sillas. Empieza la música y los jugadores comienzan a moverse en torno a las sillas. Cada vez más rápido. Alguien retira una silla. Son ahora doce jugadores y solo once sillas. La música sigue sonando con una cadencia cada vez más lenta. Cuando pare, los jugadores deberán localizar una silla en la que sentarse. El que no lo consiga quedará excluido del juego.

La música ha parado. Los once jugadores que se han sentado sonríen satisfechos y relajados. Pero la orquesta está tocando en la cubierta del Titanic.