Parece que se van a recuperar las viejas fuentes del Azud y del Vivero, en la calle de las Fuentes. Para mí, que nací y viví quince años en una casa que está justo encima, estas fuentes fueron un elemento imprescindible del paisaje.
Las fuentes, sobre todo la del Azud —porque la del Vivero decían que no era potable—, suministraban agua en verano y, a veces, también en invierno, ya que la incipiente red de suministro se congelaba con bastante facilidad y, sobre todo, nunca proporcionaba agua a la temperatura adecuada, cosa que sí hacía la fuente.
Las escaleras que llevaban a las fuentes eran también la vía de acceso al cauce del río y a la chopera —la arbolera, en el lenguaje del barrio—, a través del muro de contención del Azud, en el tramo final del desagüe del Moliné. Esta chopera era impresionante —o me lo parece ahora—, con árboles enormes que se levantaban por encima de los tejados, pero cayó antes que las fuentes. A los pequeños chopos que sustituyeron a los que habían cortado se los llevaron las riadas y, puede que también, las rogativas —no creo que pasaran de ahí— de algunas vecinas más que satisfechas con el sol poniente que los árboles caídos no dejaban pasar.