Este verano han pasado las mismas cosas que otros años y también cosas que no pasan habitualmente en verano o que, simplemente, no suelen pasar. Por ejemplo, el eclipse de Sol que los expertos citados por el Heraldo consideran todo un éxito como, por otra parte, cabía esperar. O que España ha ganado el campeonato mundial de fútbol por segunda vez, un extraordinario acontecimiento que sin embargo no parece haber tenido las propiedades anestésicas que de él se esperaban. Otras cosas parecen repetirse año tras año: La llegada masiva de inmigrantes, por ejemplo, o los incendios en el monte. En esta ocasión lo de los inmigrantes parece haberse salido de madre con la entrada de 80.000 marroquíes en la ciudad de Ceuta, algo que deja en mantillas el goteo permanente al que ya nos habíamos acostumbrado, y hace más patente la gravedad del problema para las ciudades norteafricanas y también para el resto del país. Los incendios arrasan el monte y lo dejan en inmejorables condiciones para las lluvias otoñales, que no encontrarán más obstáculos que la ceniza y las ramas muertas que arrastrarán hasta los ríos o el mar, pasando antes por encima de todo lo que encuentren en su camino. Pero, mientras tanto, las fiestas patronales, festivales y otros eventos similares seguirán celebrándose por todas partes, porque si algo no podemos permitirnos es dejar al personal sin distracción. No vaya a ser que le dé por leer. O, peor aún, por pensar.
| Presentación de las fiestas de Barbastro (foto COPE) |




