En ese prólogo se erosiona el tejido humano y con él se
pierde la tribu. Cada persona que muere o desaparece se lleva consigo una
versión de uno mismo, que existía sólo en esa relación, y también una parcela
del pasado que ya no tiene testigos. Queda un recuerdo sin interlocutor, y ese
recuerdo —sin contraste, sin réplica, sin archivo vivo— envejece de otro modo. Ni peor ni mejor. Distinto.





