jueves, 9 de abril de 2026

Tenía que llegar

Y ya ha llegado. Ya hay un modelo de IA, desarrollado por Anthropic —Mythos— que se considera demasiado potente, léase peligroso, para ponerlo al alcance del público general ¿Por qué nos lo cuentan? Vaya usted a saber. Bueno, pues el caso es que, según parece, el modelo es capaz de descubrir de manera autónoma —sea lo que sea lo que eso significa— vulnerabilidades en sistemas que nadie sabía que existían y de diseñar, a continuación, los algoritmos que las explotan. Y hace cosas que tenía expresamente prohibido hacer, como salir de un entorno supuestamente cerrado y seguro, enviar correos electrónicos jactándose de ello y publicar sus éxitos en páginas web. Paradójicamente, y esto es quizá lo más sorprendente, el modelo ha intentado ocultar sus habilidades en los benchmarks de prueba. En fin, un tema muy interesante y potencialmente preocupante si uno no estuviera ya de vuelta de todo. 


sábado, 28 de marzo de 2026

Redes, blogs y audiencia (¿Para qué sirve escribir si nadie lee?)

Tengo una página en Facebook en la que, de vez en cuado, publico alguna cosa —sobre todo referencias a este blog, pero también reflexiones de carácter general—. El número de "amigos" está limitado a 100 y procuro mantenerlo en esa cifra, sustituyendo a los que abandonan por su propia voluntad. Algunos de ellos, muy pocos, comentan ocasionalmente lo que escribo o pulsan el botón 'me gusta' y esa era, hasta ahora, la incidencia que yo creía que tenían mis publicaciones. Sin embargo he descubierto que es posible saber, con alguna aproximación, quien entra a ver el contenido pero no interactúa. La entrada a la que corresponden los datos de las capturas de pantalla adjuntas, superó las 1000 visualizaciones —imagen inferior—, distribuidas por edad como se ve en la imagen superior. El 78% de los visitantes tiene más de 55 años, con el 60% del total con más de 65 años. Una distribución que confirma, por una parte, que la gente joven no está en Facebook y por otra que, si lo estuviera, no iba a perder el tiempo con mis otoñales ocurrencias. Ellos se lo pierden.  
En cuanto a este blog, el número de entradas es seguramente más reducido. La mayoría de las más de 38.000 entradas registradas desde su inicio, corresponden a bots, con origen en Estados Unidos o algún país del norte de Europa, que rastrean la red en busca de vaya usted a saber qué. Bots, por cierto, que se disparan también cuando pongo un enlace al blog desde Facebook. En fin, que no hay manera de saber con certeza cuanta gente lee lo que escribo pero, en todo caso, no serán muchos.  En todo caso, la penetración del blog no es algo que me preocupe demasiado —me interesa, claro, pero su objeto es más recopilatorio que testimonial— y procuro que el contenido sea un reflejo lo más objetivo posible de lo que pensaba en el momento de su publicación. Su contenido se mantiene inalterable —añadiendo en el mismo post y cuando sea necesario alguna rectificación—, aunque cambien las circunstancias bajo las que lo escribí o haya modificado mi opinión sobre los hechos o circunstancias descritos.


martes, 24 de marzo de 2026

Montañas pirenaicas

Ayer estuvimos en la clausura de Espiello, un festival internacional del documental etnográfico del Sobrarbe con sede en Boltaña. En el palacio de congresos y junto a los autores y otros amigos, asistimos a la presentación de Las cuatro Casas, un documental de Severino y Mariví sobre las casas de sus padres en cuatro pueblos del Pirineo. Es una narración muy interesante y bien construida que sus autores plantean como documental etnográfico o como historia familiar, pero que, además, y como casi todas las buenas historias, admite más de una lectura. Yo lo vi también como el relato de una reconfiguración profunda de la vida en la montaña, casi como la microhistoria del colapso de una civilización.

Una historia del final, largamente anunciado, de una forma de vida que se había desarrollado durante siglos en una tierra hostil. Una tierra cuyos recursos, nunca excesivos para sostener la creciente complejidad de la vida, se volvieron claramente insuficientes hace poco más de sesenta años. Y eso no sólo por los límites materiales del territorio, también por el abandono institucional y la ausencia de estructuras básicas. Hubo lugares donde la carretera —a veces poco más que una pista— la energía eléctrica o el agua corriente llegaron después del cierre de la última casa.

domingo, 15 de marzo de 2026

Parques eólicos y otros negocios eléctricos

El caso Forestalia, que lleva ya unos días en el centro de la actualidad, no puede leerse solo como un episodio judicial más o como otra de las habituales trifulcas entre administración, empresas y despachos profesionales. Lo que aflora en este asunto es el modo en que un sistema administrativo, obligado por ley a ser transparente, ha podido utilizarse para proporcionar ventajas competitivas a quienes mejor se mueven por sus pasillos.

La justicia investiga si la empresa consiguió informes ambientales favorables mediante tratos indebidos con la administración central y aragonesa, acelerando artificialmente proyectos que no estaban maduros. Y más allá de las responsabilidades individuales que determinen los tribunales, el caso revela algo importante sobre cómo funciona hoy el negocio de la electricidad renovable.

Durante años se nos dijo que la inevitable transición energética era, ante todo, una cuestión técnica, pero también moral: favorecer las energías renovables, descarbonizar la economía y avanzar hacia un sistema más limpio y sostenible. Pero la realidad no ha resultado tan edificante. En la práctica, buena parte del negocio en torno a las renovables no ha consistido tanto en producir electricidad como en capturar permisos, informes favorables, declaraciones de impacto ambiental y, sobre todo, puntos de acceso a la red. El viento importa, desde luego; el sol también. Pero lo decisivo ha sido muchas veces saber moverse en el laberinto administrativo.

viernes, 13 de marzo de 2026

Petróleo y economía

Si el petróleo del golfo Pérsico tarda en volver a circular con normalidad por el estrecho de Ormuz, la economía mundial entrará en una fase contractiva de la que será difícil salir. Y será, también, la constatación de una evidencia que gobiernos, tecnócratas y propagandistas de la transición llevan años intentando disimular: que el mundo sigue funcionando con petróleo.

Por si faltaba algo en el cuadro, hemos asistido al espectáculo de ver a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, admitir que quizá el abandono de la energía nuclear no fue aquella brillante ocurrencia moral y estratégica que durante años se quiso vender como signo de progreso y superioridad moral y política. Y no es un error exclusivo de la izquierda. A veces Europa no rectifica: simplemente se queda sin margen.

sábado, 7 de marzo de 2026

WTF?

Pues son predicadores americanos adorando al presidente Trump en su despacho. Y no es un montaje. El mundo está hoy en manos de un perturbado, de eso no parece haber duda, pero... ¿Y si fuera verdad que los clérigos iraníes estaban a punto de disponer de armas nucleares? ¿Entonces qué? ¿Eh? Claro que ahora podríamos preguntarnos por las garantías de seguridad que tenemos si el mayor arsenal nuclear plenamente operativo del mundo está a disposición de este personaje. La respuesta obvia es: ninguna, pero de momento lo que más preocupa por aquí es el precio de la gasolina y de todo en general, el estado de las carreteras y los atascos en las rotondas de Sabiñánigo. Ah, y también lo de Aragón, que aún no se sabe si va a gobernar el PP o Teruel existe. Parece que el PSOE no tiene opciones, pero cosas más raras se han visto. Yo, por si acaso y aprovechando que ha salido el Sol, me voy al monte. 

domingo, 1 de marzo de 2026

De la guerra y la paz.

Donald Trump anunció hace unas horas un ataque a Irán. Parece que los iraníes, actualmente gobernados por un régimen teocrático islamista, tienen —o quieren tener— armas nucleares, pero eso no es lo decisivo. Lo que importa es que Estados Unidos tiene aviones y barcos en el golfo Pérsico y cree contar con la potencia de fuego suficiente para evitar o minimizar una represalia iraní a gran escala. Ya veremos. La paz, que es lo que estaba en juego, no es sino el intervalo de tiempo entre dos guerras que los contendientes utilizan para recuperarse de la anterior y encontrar justificación para la siguiente. Como este intervalo está siendo inusualmente largo, hay mucha gente que cree que la guerra, como el cáncer, es una cosa que les pasa a los demás. Algo que nos cuentan en la televisión o sobre lo que podemos leer en el periódico del bar. Pocos iraníes y ucranianos de a pie vieron venir la guerra, pero la guerra llegó. Tampoco yo vi venir el cáncer, pero... ya me he puesto al día. Ahora ellos y yo sabemos que son cosas que le pueden pasar a cualquiera. Solo hay que esperar, vivo, lo suficiente. 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Barbastro. La redefinición de un espacio urbano.

Las grandes crisis no suelen tener dirección postal. Se anuncian en informes que pocos leen y en gráficos que viajan entre capitales. Pero sus consecuencias sí tienen una dirección y un efecto concretos: la persiana que baja en la calle Mayor; el alquiler imposible para un joven sin renunciar a todo; la cita médica que se aplaza hasta rozar la burla; el oficio que se extingue porque nadie recoge el testigo. Barbastro es uno de esos lugares donde lo abstracto se vuelve cotidiano y, por eso mismo, legible.

Con algo más de 17.700 habitantes, según el padrón del INE a enero de 2025, Barbastro es capital comarcal del Somontano y tercera ciudad de la provincia de Huesca. Durante siglos fue un nudo comercial del Aragón interior. Ignacio de Asso ya describía en el siglo XVIII una ciudad sostenida por el intercambio, con vida mercantil conectada con Francia y con un mundo colonial hoy desaparecido. Trescientos años después el perceptible deterioro no llega como consecuencia de una guerra o una catástrofe: llega como desgaste: obsolescencia económica, centralización de servicios y cambio de hábitos asociado a la era digital. No se oye, pero se nota.

viernes, 13 de febrero de 2026

La unidad de la izquierda.

Rufián, un pintoresco diputado del Congreso, antes furibundo y deslenguado independentista catalán y hoy sedicente paladín de la unidad de la izquierda española, se postula como referente de una parte del paisanaje que, según él, está desamparada por un PSOE en crisis terminal y por una constelación de partidos cuyas querellas y trifulcas los alejan de su electorado natural. Un electorado que, ante semejante desamparo, podría inclinarse por el PP o incluso por la ultraderecha. O abstenerse. Pero si esas siglas, hoy separadas y en gresca permanente, se unen, sus partidarios por pocos que sean, votarán juntos por esa coalición que alcanzará, con tan original procedimiento, las alturas del Olimpo gubernamental. Pudiera ser, sin embargo, que el efecto fuera exactamente el contrario. Es decir, que electores que darían su voto a Sumar, por ejemplo, se dejaran cortar la mano antes que votar una coalición en la que estuviera Podemos. Pero, como de costumbre, aquí de lo que se trata es de conseguir una lista que encabezar, por pocas posibilidades electorales que tenga, siempre y cuando esté garantizada la salida para el cabeza de la lista y aquellos que hayan contribuido a hacer viable el invento. Y eso no es difícil. Como tampoco lo es que, en un escenario tan polarizado como el actual, esos pocos escaños sean decisivos a la hora de formar gobierno y permitan, a los cabecillas de la coalición, ejercer una influencia y disfrutar de unos privilegios que de otra manera nunca les hubiera correspondido. No sería la primera vez.


lunes, 12 de enero de 2026

Un debate (generado por IA) sobre financiación autonómica: Ordinalidad vs Solidaridad

 


Extremadura - comunidad pobre:

El debate sobre la financiación autonómica se ha convertido en un campo de batalla ideológico donde algunos territorios invocan constantemente la "ordinalidad" como si fuera un principio sagrado e incuestionable. Pero desde las comunidades con menor renta per cápita, necesitamos desmontar este argumento porque oculta una profunda injusticia estructural.

Hablar de "ordinalidad" —que ninguna comunidad quede peor en el ranking tras las transferencias— suena técnico y neutral, pero es profundamente político. Lo que realmente significa es: "las desigualdades actuales son legítimas y deben preservarse". Como si la distribución actual de la riqueza territorial fuera resultado del mérito o el esfuerzo, y no de siglos de decisiones políticas sobre dónde ubicar puertos, aeropuertos, ministerios, sedes empresariales, inversión en I+D, infraestructuras estratégicas.

domingo, 4 de enero de 2026

La verdad en la era de la IAG vista por dos LLMs

(Claude AI) Vivimos un momento histórico donde la evidencia audiovisual ha perdido su condición de prueba irrefutable. Durante décadas, una grabación de voz o un vídeo funcionaron como ancla de verdad en conflictos judiciales, financieros o políticos: "está grabado" equivalía a "es innegable". Pero la IAG ha roto ese pacto epistémico. Hoy cualquiera puede generar un vídeo donde un CEO admite fraude, un testigo cambia su versión o un político promete lo contrario de lo que dijo. El problema no es solo técnico sino estructural: incluso las grabaciones auténticas quedan contaminadas por la duda razonable. Si todo puede ser falso, nada es definitivamente verdadero. Esto altera radicalmente el equilibrio de poder en disputas legales y comerciales: quien antes temía una grabación comprometedora ahora puede alegar deepfake; quien antes confiaba en documentar abusos descubre que su prueba es impugnable. ¿Cómo crees que deberíamos recalibrar nuestros sistemas de verificación y confianza ante esta nueva realidad? ¿Qué mecanismos pueden sustituir la autoridad perdida de la imagen y el sonido?

(ChatGpt) Tu reflexión es muy certera y da en un punto clave: hemos perdido la “fe” en la evidencia audiovisual como ancla de verdad, y eso tiene consecuencias profundas, no solo técnicas, sino éticas, legales y sociales.

Lo que antes era una prueba casi incontestable ("está en vídeo, se acabó el debate") ahora está sujeto a sospecha, y eso trastoca los cimientos sobre los que construimos confianza en los procesos judiciales, mediáticos y políticos. Si todo puede ser falsificado, entonces nada es fiable por sí solo, ni siquiera lo auténtico. Eso es una bomba epistemológica.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Pasado, presente y futuro.

 

Hay gente, sobre todo entre los mayores de 60 años, que considera necesario comparar, desfavorablemente, lo que pasa ahora con lo que pasaba en ‘sus’ tiempos. Y es verdad que las cosas han cambiado, seguramente más de lo que en ‘sus’ tiempos habían cambiado las cosas en relación con los tiempos de sus padres o de sus abuelos. El cambio, tal como lo experimentamos en la actualidad, tiene, sin embargo, características propias. Es un cambio con un componente claramente antropogénica, no viene impuesto por una civilización extraña en busca de recursos, como les pasó a los pueblos colonizados por europeos en el resto del mundo en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, sino por un progreso científico, acelerado a partir del siglo XVII, cuyos efectos —sanidad, tecnología, energía— se manifestaron con claridad en el siglo XX. Este progreso permitió, entre otras cosas, un extraordinario crecimiento de la población, a pesar de ser el siglo con mayores pérdidas humanas a causa de las guerras. Por otra parte, los cambios experimentados por nuestros padres y abuelos eran generacionales. Ahora el cambio es frenético, hasta el punto de que resulta difícil reconocer el mundo de hoy en el de hace solo diez o veinte años.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

¿Sánchez? Esa no es la cuestión.

El empobrecimiento del debate público en España ha alcanzado tal grado que parece que el único problema político relevante es si el actual presidente del gobierno continúa o no en el poder. Como si el país entero estuviera suspendido de una biografía. Como si la decadencia o la prosperidad nacionales dependieran exclusivamente de la permanencia de un hombre y no de la estructura misma del sistema político, económico y territorial.

Y no digo que la continuidad del Sr. Sánchez no importe —le importa, desde luego, a él, a una parte de la clase política y seguramente a mucha gente más—, pero elevar esa cuestión a eje casi exclusivo del debate es una forma de irresponsabilidad colectiva. Se discute el relevo con pasión, pero se evita cuidadosamente la discusión sobre el rumbo. Y eso no es casual: hablar de nombres es mucho más cómodo que hablar de modelos.

Pero claro, mientras tanto los problemas de fondo permanecen. No se resuelven, no se afrontan y ni siquiera se formulan con claridad. Se ocultan bajo cifras espectaculares, anuncios grandilocuentes y una sucesión de parches que permiten ganar tiempo político a costa de perder un tiempo histórico que difícilmente se recuperará.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Elecciones

Pues mira por dónde el final de año nos ha traído un nuevo ciclo electoral. Hace años que no soy un entusiasta de las elecciones. No me gusta el procedimiento y, además, soy plenamente consciente de la nula influencia que mi voto tendría en el resultado final.

Dicho así, esta afirmación suele provocar incomodidad e incluso reacciones adversas. Los creyentes en la liturgia democrática la interpretan como cinismo o, peor aún, como irresponsabilidad cívica. Pero no es ni una cosa ni la otra: es simple aritmética electoral combinada con años de observación empírica de cómo funcionan realmente las cosas.

martes, 16 de diciembre de 2025

Peak Oil vs. Peak Europa

En marzo de 2012 escribí un texto sobre el Peak Oil cuando el Brent cotizaba a 125 dólares el barril. Desde la UNED y también en dos congresos en 2011 y 2014, advertimos sobre la caída de existencias en Europa, la insostenibilidad del modelo energético y la ceguera política deliberada. El diagnóstico entonces era sombrío, pero aparentemente claro: la contracción de la oferta de petróleo convencional dispararía los precios y colapsaría el sistema. Trece años después, en diciembre de 2025, el Brent cotizaba en torno a los 59 dólares. Menos de la mitad.

El error no estuvo en el diagnóstico estructural—el petróleo convencional efectivamente entró en declive terminal—sino en asumir rigidez donde hubo elasticidad. El sistema respondió de tres formas que no fuimos capaces de anticipar:

Primero, el fracking estadounidense actuó como colchón temporal, inundando el mercado con petróleo no convencional, carísimo pero funcional mientras los precios se mantuvieron altos. Es insostenible —los pozos se agotan en 2-3 años frente a los 20-30 de yacimientos convencionales—, pero retrasó la crisis.

Segundo, la demanda no creció como se esperaba. China desaceleró estructuralmente, Europa se empobreció y la electrificación del transporte avanzó más rápido de lo previsto. El colapso vino por el lado de la demanda, no de la oferta.

Tercero, la OPEP perdió disciplina. La supresión de las cuotas que hasta entonces limitaban la producción, entre otros factores, generó una carrera a la baja suicida que aún mantiene los precios deprimidos pese a la previsible escasez estructural.

El Peak Oil llegó, efectivamente, pero su manifestación no fue la espiral inflacionaria anticipada sino algo aún más peligroso: una economía tan debilitada que no puede pagar ni siquiera el petróleo abundante. Precios bajos en un contexto de decadencia, no de colapso súbito. El cadáver sigue caminando.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Conversaciones en el café: Clarke, magia y tecnología

 En su ensayo de 1962 Hazards of Prophecy: The Failure of Imagination, Arthur C. Clarke formuló una ley que ha sido citada hasta la saciedad:

«Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia».

La frase apareció el sábado pasado en la tertulia del Viejo Café, cuando hablábamos de inteligencia artificial, algoritmos generativos, chatbots, sistemas de recomendación, y de cómo lo que antes requería una infraestructura industrial hoy cabe en el bolsillo. Fue entonces cuando conté una anécdota doméstica, quizá insignificante, pero también  reveladora.

En el viejo caserón de mi abuela la iluminación de la escalera era un pequeño rompecabezas. Tres interruptores —uno en el patio, dos en los primeros pisos— regulaban la luz. Para encenderla, todos debían estar en posición de encendido y uno solo, en la posición contraria, bastaba para apagarla. Durante años vivimos el problema sin buscar una solución, con la resignación con la que se aceptan las cosas que "siempre han sido así".

Hasta que, hojeando un manual de tecnología en el Instituto, descubrí los conmutadores: una solución sencilla para una instalación con todo el cableado al descubierto. Compré el material, hice el cambio y por fin se pudo encender o apagar la luz, desde cualquier punto. La reacción de mi abuela compensó el trabajo que me había tomado: “Esto es cosa de brujas”, dijo. Magia.

No es casual que algo tan simple, al alterar el funcionamiento habitual, se viviera como hechizo. En realidad, ese tipo de experiencias revela cómo la tecnología, más que una herramienta neutral, es una forma cultural, un dispositivo simbólico.

Walter Benjamin, en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, señalaba que el desarrollo técnico disuelve el “aura” de lo tradicional, pero también produce nuevos rituales. En este caso, el ritual era encender la luz a través de una coreografía compartida. Una pequeña intervención técnica rompió el rito, y lo sustituyó por algo más racional, pero también más frío. Lo nuevo no solo resolvía un problema: también modificaba un hábito.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Celtiberia Show

He visto un fragmento de la entrevista concedida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a una televisión catalana. En ella reconocía, con aire visiblemente compungido, haber incumplido parte de los acuerdos alcanzados con Junts para asegurar su investidura. Prometía enmendarse y cumplirlos todos a partir de ahora.

¿Era necesaria la humillación pública del presidente del gobierno para mantener los votos de Puigdemont? ¿No hubiera bastado con una llamada o con enviar un mensajero que transmitiera en privado el arrepentimiento y el propósito de enmienda? Por lo visto, sí y no. Sí, la confesión pública, la penitencia, era necesaria. Por lo tanto no, no bastaba con una comunicación discreta.

Porque aquí no se trata solo del señor Sánchez. Es el Gobierno de España el que reconoce ante las cámaras y ante todo el país haber faltado a sus compromisos —algunos de dudoso encaje en las leyes españolas— con un fugado de la justicia, prometiendo no volver a hacerlo. No es simplemente un político haciendo el ridículo, cosa que a estas alturas tendría escasa o ninguna importancia. Es el Estado español arrodillándose a cambio de unos votos que permitan al gobierno actual llegar al final de la legislatura.

Pero Puigdemont y los siete votos de Junts que controla no son todo lo que necesita el gobierno para mantenerse en el poder. Se necesitan también los votos de ERC, Sumar, PNV y Podemos, cuyos intereses políticos están, en principio, bastante alejados de los de Junts, aunque coinciden todos en algo esencial: un gobierno débil y plenamente consciente de que perderá cualquier elección que convoque es un regalo caído del cielo. Algo de lo que no se puede prescindir, al menos no antes de haberle extraído todo el jugo posible. Y en eso están.

Lo que estamos viendo no es una negociación compleja entre formaciones diversas ni el ejercicio normal del parlamentarismo de coalición. Es una forma de gobernabilidad sostenida sobre el chantaje explícito, la cesión sin límite y una dependencia absoluta de actores que no comparten visión alguna del Estado salvo la de su utilidad como fuente de recursos y palanca de poder. La humillación pública del presidente no es un detalle anecdótico: es el protocolo que exige el sistema. La subordinación debe ser visible porque el espectáculo forma parte del precio.

Esto plantea interrogantes que van mucho más allá de la estabilidad de un gobierno concreto. Cuando la política se convierte en la gestión diaria de extorsiones múltiples, cuando quien gobierna no es quien gana elecciones sino quien mejor negocia su propia humillación, cuando el Estado se ve obligado a negociar con quienes lo desafían desde una posición de fuerza sin legitimidad, algo se ha roto en la arquitectura institucional.

No sabemos cuánto tiempo puede sostenerse esta ficción ni qué quedará cuando colapse. Pero lo que sí sabemos es que cada concesión arrancada mediante chantaje, cada humillación pública normalizada, cada límite legal difuminado en nombre de la "estabilidad", degrada un poco más la confianza en las instituciones y ensancha el espacio para soluciones que, llegado el momento, no tendrán nada que ver con la madurez democrática.

domingo, 30 de noviembre de 2025

La política como representación

He recibido una foto en la que aparecen el ministro de la Presidencia, Sr. Bolaños, y el líder de la oposición, Sr. Feijóo, en agradable y distendida conversación. Aparentemente la foto ha causado el escándalo de algunas buenas gentes que creen ver en ella la imagen de una connivencia intolerable o de un compadreo falaz. Algo que desmiente el pretendido rigor y la aparente hostilidad de sus enfrentamientos públicos.

Pero es que los políticos no se enfrentan entre ellos porque se odien realmente —aunque es probable que, en muchos casos, no se soporten, especialmente dentro del mismo partido—, sino porque interpretan el espectáculo que la ciudadanía espera ver. En el fondo, actúan como si ese enfrentamiento formara parte de sus obligaciones: una coreografía de la confrontación que da sentido a su rol público.

A pesar de las acusaciones cruzadas —en las que se imputan mutuamente ineptitud, malas intenciones e incluso delitos que llevarían a cualquier ciudadano común a prisión durante años—, todos ellos son plenamente conscientes de que se necesitan los unos a los otros. Saben que forman parte de la misma troupe, y que la representación solo resulta creíble si participan todos los actores, y se cubren todos los papeles previstos en el guion.

Por eso, cuando organizan comisiones de investigación o formulan denuncias desde la tribuna parlamentaria o los medios de comunicación —normalmente escritas por otros y como parte del mismo guion—, no lo hacen tanto en busca de la verdad como para ofrecer a sus respectivos públicos la dosis de enfrentamiento que necesitan. Una audiencia que finge escandalizarse cuando el denostado es del bando contrario, pero que guarda silencio —o lo justifica todo— cuando el señalado pertenece a los suyos. Porque todos, en definitiva, participan en un juego cuyas reglas fingen ignorar.

El problema, con esta escenografía, es que finalmente terminen todos, actores y público, por creerse los papeles que les han tocado en suerte, tomen la parte por el todo y confundan el escenario con el mundo real. Que el fin último de la política, que es, o debería ser, la organización justa y eficaz de la vida en común, se transmute en un interminable conflicto para conseguir y mantener el poder. Un conflicto que tiene el potencial necesario para acabar mal, muy mal o, no sería la primera vez, a bofetadas. O a tiros.

viernes, 28 de noviembre de 2025

¿Colapso o reconfiguración?

¿Por qué hay tanta gente que cree ahora que todo se está desmoronando? ¿Por qué la incompetencia en política es hoy la norma y no la excepción? ¿Por qué este clima de cierre, de final de ciclo, cuando apenas cruzamos el primer cuarto de un siglo que parecía tan prometedor? ¿Y por qué, si en realidad nunca se ha vivido mejor se extiende la idea de que esto no puede durar mucho más? Y, sobre todo, ¿Por qué tantos gobiernos europeos consideran ahora plausible una guerra generalizada en un futuro inmediato?

Hay, al menos, dos hipótesis posibles —y no necesariamente excluyentes— para interpretar el momento presente. La primera es que esta civilización ha entrado en una fase avanzada de colapso sistémico. La segunda que nos encontramos en medio de una transformación estructural acelerada, gestionada por formas de poder difusas y reforzada por desigualdades crecientes en el acceso a la información, los recursos y la toma de decisiones.

martes, 18 de noviembre de 2025

Pleitos tengas... y los ganes (de una vieja maldición popular)

En junio de 2022 compré un triciclo motorizado que tenía, y tiene, las características que exige el reglamento general de vehículos para ser considerado un vehículo para personas con movilidad reducida. La DGT emitió, a petición mía, un informe en el que se dice que el vehículo en cuestión 'puede' ser considerado un ciclomotor de tres ruedas o un vehículo para personas con movilidad reducida. El jefe de la policía municipal en el momento de la compra vio el vehículo y no apreció ningún problema en que recibiera tratamiento similar a una silla de ruedas a pesar de que su aspecto, no su velocidad ni su peso, era el de un ciclomotor de tres ruedas, similar, por otra parte, a los Scooter de tres y cuatro ruedas que utilizan las personas con problemas de movilidad.

Después de un año utilizándolo sin problemas, y ya con un nuevo jefe en la policía municipal, un agente me impuso una sanción de 500€ por circular sin ‘autorización administrativa’. Todos los intentos de solucionar el problema por vía administrativa, —a través del alcalde y el delegado del gobierno en Aragón, que inicialmente parecieron escandalizarse, de la subdelegación del gobierno en Huesca, de la DGT central y del defensor del pueblo—, se sustanciaron sin éxito: todos acabaron en la jefatura de Huesca de la DGT, poniendo de manifiesto la absurda circularidad y tautología de un sistema diseñado para protegerse a sí mismo. No quedó otra salida que interponer un recurso contencioso administrativo, formalmente contra la imposición de sanción, pero, sobre todo, para intentar aclarar la situación del vehículo.

domingo, 16 de noviembre de 2025

Política municipal y libertad de expresión

La última vez que vi la grabación de un pleno municipal, hace unos meses, el alcalde estaba reprendiendo a una concejala de la oposición por no atenerse al orden del día. De hecho, llegó a expulsarla por insistir en su desbarre discursivo y la concejala no tuvo más remedio que abandonar la sala, aunque la situación se recondujo poco después.

Ayer vi el fragmento de una sesión reciente en el que, mira que casualidad, el alcalde volvía a dirigirse a la misma concejala para rogarle  que se ciñera a la cuestión que se estaba debatiendo. En esta ocasión la concejala en cuestión desistió de llevar la polémica más lejos y terminó su intervención, pero eso no evitó que la portavoz del partido popular le acusara de ‘falta de respeto’, ‘provocación’ y algo más que no recuerdo. Tanto la portavoz como el alcalde insistieron en que se atuviera al procedimiento que, por lo que me pareció entender, incluye solicitar audiencia al concejal afectado por las críticas de la edil, dirigirse a la comisión de gobierno o pedir la inclusión de su tema en el siguiente pleno. Cualquier cosa, por lo visto, antes que apartarse del objeto del debate o interpelar directamente al alcalde en el pleno.

Utilizar el reglamento, o una interpretación sui generis del reglamento, como instrumento de control político no es una buena idea. En mi opinión, un concejal en el uso de la palabra no debería ser interrumpido, mientras intervenga con el tono y la corrección adecuados, salvo que se exceda en el tiempo establecido o utilice técnicas de filibusterismo parlamentario para impedir o dificultar el normal desarrollo de una sesión. Si se aparta del tema o utiliza argumentos débiles o equivocados en defensa de su postura es su problema, no el del alcalde o su equipo, La política local ya tiene bastantes problemas de amateurismo e improvisación como para restringir el uso de la palabra en el lugar establecido, precisamente, para hacer uso de ella. Enriquecer el debate no pasa, desde luego, por coartarlo.

martes, 11 de noviembre de 2025

Crisis sistémica y reorganización del capitalismo global (2008–2025)

Una revisión actualizada de la entrada del jueves, 14 de enero de 2010:  Reflexiones, desordenadas, sobre el ¿final? de la crisis. Formato y fuentes con la colaboración de Claude.ai.

Abstract

En esta entrada se analiza la crisis financiera global iniciada en 2008 como el inicio de una fase de dislocación estructural del capitalismo tardío. Se argumenta que, lejos de ser superada, esta crisis ha mutado en un proceso multidimensional de carácter sistémico que se ha manifestado en los ámbitos financiero, energético, climático y político. A través de una lectura intersistémica, se examinan las lógicas de acumulación financiera, los límites biofísicos de la transición energética, el papel de los Estados en la gestión del riesgo y la progresiva erosín de la legitimidad institucional. El artículo se inscribe en el debate contemporáneo sobre la sostenibilidad del orden económico global y la posibilidad de un giro civilizatorio.

viernes, 7 de noviembre de 2025

No taxation without representation

 Según el artículo 134 apartados 3 y 4 de la Constitución Española, el gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior. Si la Ley de Presupuestos no se aprobara antes del primer día del ejercicio económico correspondiente, se considerarán automáticamente prorrogados los Presupuestos del ejercicio anterior hasta la aprobación de los nuevos.

¿Qué significa “deberá presentar”? Pues precisamente eso. No hay matices. El gobierno debe presentar la Ley de Presupuestos y si no la presenta estará incumpliendo la Constitución. La “prórroga” está prevista para el caso de que los presupuestos “presentados” por el gobierno sean rechazados por las Cortes. Los constituyentes no contemplaron el supuesto de que el ejecutivo pudiese eludir la presentación del proyecto de ley, menos aún por periodos tan extensos, que en este caso abarcarán de dos a cuatro años.

El gobierno, por lo tanto, lleva dos años recaudando impuestos y aprobando gastos en virtud de una ley aprobada por una legislatura previa, un acto que, por su naturaleza, se sitúa al margen de la legalidad constitucional. Este uso prolongado de una ley presupuestaria caducada implica, de facto, la inobservancia del principio democrático que exige la renovación del consentimiento parlamentario para el ejercicio de la potestad tributaria. Dado el actual clima de polarización y el consecuente deterioro de la primacía de la ley, los ciudadanos se ven compelidos a afrontar estas exacciones fiscales, aun sabiendo que su legitimidad constitucional es cuestionable, bajo el riesgo de incurrir en sanciones por parte de la Hacienda Pública.

Siglos después de la aprobación de la Carta Magna que restringía el poder del Rey de recaudar impuestos sin el consentimiento del Parlamento, de que las cortes castellanas y aragonesas limitaran la capacidad recaudatoria del Rey y de que las colonias americanas se levantaran contra el parlamento británico al grito de ‘no taxation without representation’, el gobierno español recauda impuestos sin ni siquiera presentar una ley que los respalde.

¿Por qué pasa esto? Porque los mecanismos correctores previstos están desactivados. El Tribunal Constitucional, en su actual composición, no va a desautorizar al gobierno y la moción de censura constructiva requiere una mayoría imposible de alcanzar en estos momentos. La disolución automática, única salida posible a la actual situación, no fue prevista por los constituyentes, de manera que nos encontramos ante un bloqueo institucional que permite al gobierno incumplir la Constitución, pero que no exime a los ciudadanos de la obligación de pagar unos impuestos acordados por un parlamento que ya no existe. 

Pero todo esto no le importa a casi nadie. Mucha gente cree que lo importante es que gobiernen los ‘suyos’ y no van a poner eso en riesgo por unos presupuestos que no saben para que sirven o por una Constitución de la que la mayoría no ha oído hablar y muy pocos podrían citar algún artículo. El razonamiento anterior es aparentemente inatacable, pero eso da igual. Los partidarios del gobierno y sus detractores encontrarán argumentos en contra o a favor sin ningún problema. Y si no los encuentran pueden preguntar a alguna inteligencia artificial, que les dará una respuesta, impecablemente redactada, y con las citas y referencias que sean necesarias para sostener cualquier postura. Pero eso también dará igual porque, naturalmente, tampoco le interesará a casi nadie.





miércoles, 15 de octubre de 2025

Conversaciones en el Café: Inteligencia artificial y capitalismo en el siglo XXI

En la mesa más apartada del viejo café discutíamos acerca de la viabilidad del modelo capitalista de sociedad, el único, dije al introducir el tema, que ha sobrevivido al convulso siglo XX. Alguien aventuró que el modelo chino también lo había hecho y de forma espectacular, para admitir, después de una breve disputa, que China es un país tan capitalista como Estados Unidos. Su economía funciona con lógica de mercado, aunque el país esté gobernado por un régimen de partido único que mantiene, por conveniencia política, la etiqueta comunista.

Un elemento clave del modelo en la actualidad es la omnipresencia de las redes sociales, cuya influencia podría matizarse —o intensificarse— con la eclosión de la inteligencia artificial generativa (IAG) que, se quiera o no, ya forma parte del debate. Además, dijo otro, las redes sociales, aunque hay quien las considera una alternativa política a los actuales sistemas de representación, son sobre todo recursos del sistema. Tanto es así, convine, que su supervivencia está condicionada a su rentabilidad económica y, en el caso de la IAG, a su consolidación como herramienta insustituible mediante la creación y mantenimiento de un público cautivo.

A alguien le pareció sorprendente la velocidad con la que se está produciendo la penetración de la IA, que no tiene comparación, dijo, con la de cualquier otra herramienta informática desplegada hasta la fecha. Eso puede atribuirse, convinimos, a que se trata de una tecnología cuya principal característica no es la inteligencia —algo que ya exhibían, desde hace tiempo, los sistemas dedicados al análisis de datos y la toma de decisiones en el ámbito industrial— sino el hecho de que habla y es, por tanto, capaz de comunicarse, en lenguaje natural y con fluidez, con cualquiera, independientemente de su formación, ideología o idioma.

Después se mencionó que hoy compiten más de veinte modelos de IAG por la captación de ese mercado cautivo. El procedimiento para imponerse, salvo por cuestiones de escala, accesibilidad y precio, podría ser similar al que utilizó Microsoft en los 80 y 90 para imponer primero DOS y luego Windows: una suscripción gratuita, complementada con mejoras considerables para los usuarios de pago, que acaba generando una dependencia creciente, capaz de enganchar y moldear el pensamiento de un público cada vez más amplio.

Claro que, se dijo, Windows y DOS eran, comparativamente, inofensivos. Su precio y su costo operacional eran muy inferiores y siempre existía la posibilidad —más bien la obligación— de tener una copia local a la que recurrir. Con la IA eso no existe. La infraestructura necesaria para entrenar y ejecutar un modelo está al alcance de unas pocas grandes empresas. Las excepciones —como Llama o Mistral— existen, pero sus resultados son limitados. Con Windows uno tenía la aplicación. Ahora sólo tiene el acceso y no hay copia local a la que volver si tu proveedor corta el acceso al sistema. Windows era, en alguna medida, prescindible. En los años 80 una máquina de escribir y una calculadora podían salvarte el día. La IA generativa no tendrá alternativa en un futuro previsible y está contribuyendo, como pocas antes, a la expansión del poder corporativo de algunas empresas tecnológicas.

Finalmente convinimos en que la combinación de las redes sociales con la posibilidad que ofrece la IAG de asumir el papel de un erudito siendo un imbécil, o de crear con poco esfuerzo imágenes y sonidos que representen situaciones creíbles ha llevado nuestro gastado sistema y su representación virtual a los límites de la realidad. Posiblemente los haya sobrepasado con creces, y la ficción domine ya el escenario, pero el poder del dinero —el capital— real o imaginario, sigue siendo la clave de bóveda de todo el sistema.

Hablando, hablando, nos dieron las ocho de la tarde. Al salir pagamos con el móvil.

Enviado a ECA 31oct2025