Nada hay inesperado ni increíble ni asombroso, desde que Zeus, padre de los olímpicos, convirtió el día en noche ocultando la luz del sol, y un miedo terrible cayó sobre los hombres. Desde entonces, todo puede esperarse.
Arquíloco de Paros (ca. 680 – ca. 645 a.C.)
Así se refería el poeta griego arcaico
Arquíloco a un eclipse de Sol. Parece decir en estos versos que, si el orden
cósmico —el brillo diurno del Sol— puede alterarse, entonces cualquier cosa es
posible. Hoy, a la vista de las cosas que están pasando en este mundo nuestro,
probablemente razonaría en sentido contrario y vería el ocultamiento solar como
la lógica consecuencia de la aplicación de políticas de género al cierre de las
botellas de plástico, u otras maravillas en las que, por no desviarme del tema
del artículo, no voy a entrar.






