Hace 10 años, coincidiendo con la
catástrofe de Fukushima y todavía bajo la aprensión y desconfianza hacia las
centrales nucleares provocada por la explosión, en 1986, del reactor número 4
de la central de Chernóbil en la antigua Unión Soviética, la entonces, y ahora,
canciller federal de Alemania anunció, para dentro de 10 años, es decir, para
este año 2021, el cierre de todas las centrales nucleares alemanas que por
entonces eran 17. A mí el anuncio me pareció un tanto aventurado y, de hecho,
escribí un artículo en ese sentido, con el mismo título que este que están
leyendo, tomado de la página Web en la que el ministerio de economía y energía presentaba
la medida, al que añadí
y tres huevos duros, en homenaje a los hermanos
Marx, en un periódico digital de circulación restringida en el que
colaborábamos David Lafarga responsable, casi hasta el mismo día de su fallecimiento,
de la Web que la UNED dedicó a la crisis energética, y yo. El artículo, que no
fue mal acogido, lo leyeron 25 personas y a tres de ellas les gustó, ponía en
duda el anuncio, hecho en un país sin demasiada exposición al Sol y con un considerable
consumo energético para fines industriales. Un país, venía a decir, empeñado,
en una transición energética que perseguía la descarbonización progresiva y la
sustitución de los combustibles fósiles por energía procedente de fuentes
renovables, sobre todo del Sol y del viento, no se podía permitir prescindir de
la noche a la mañana, y eso es lo que son 10 años en términos de adaptación a
nuevas fuentes de energía, de una que representaba, entonces, el 25% del mix
energético nacional.