Hay distintas formas de analizar
la realidad. Y también, claro, de contarla. La gente, sobre todo en el tercer[1]
grupo, tiene una acusada tendencia gregaria. Necesita ser parte de algo. Especialmente
durante la adolescencia y en la vida laboral, etapas en las que la sensación de
pertenencia puede llegar a ser una necesidad existencial. Pero eso no es fácil.
Ni gratis. Es posible que haya que comulgar con un catecismo cuyos postulados
varían con el tiempo. En función de quién los enuncie en cada momento. Y puede
que no sea suficiente hacerlo con alguno de esos postulados. Ni siquiera con la
mayoría. Puede que haya que comulgar con todos.
