Me dice mi amigo Rubén que los gallegos —españoles, quiere decir— cada vez parecemos más argentinos y que, si no fuera por el, según él, providencial euro y por los alemanes, ya estaríamos ahogados y a las puertas de una dictadura militar como, en su momento, estuvieron ellos.
Rubén cree que nunca debimos echar a Zapatero, aun reconociendo, como reconoce, que el hombre no era ninguna lumbrera, para darle el poder a un pelotudo como Rajoy, y que es una vergüenza que estemos aguantando todo lo que nos está haciendo la derecha sin montar, como mínimo, una cacerolada permanente en la Puerta del Sol —que, añade, nos hemos dejado arrebatar por Aguirre y la Botella— o en el Palacio Real, que es donde él cree que vive el Rey cuando no está cazando elefantes.