Con todo este jaleo de la independencia, o de lo que sea que estén haciendo en Cataluña, nadie se preocupa del otoño tan anormal que estamos teniendo ni del precio del petróleo, que sigue siendo la sangre de esta civilización y que, poco a poco y muy lentamente, por ahora, continúa su marcha ascendente y, a pesar de la brutal caída en el consumo, está ya en los 60 dólares por barril.