Hablar aquí de María Jesús y de Ángel es fácil. Nada de lo que yo pueda decir va a modificar vuestra opinión sobre ellos, pero creo que algo hay que decir.
La relación entre la UNED de Barbastro y María Jesús se ha prolongado a lo largo de treinta y tres años, y lo que en la UNED se ha hecho —y lo que la UNED ha significado en relación con el arte, entendido como compromiso social, como manifestación de la belleza y de la capacidad humana para expresarse mediante ella— no hubiera sido posible sin ella y sin otra persona también tristemente desaparecida, la entonces secretaria, Gloria Moreno.
Su compromiso y su interés por acercar el arte a la gente más joven y por despertar su curiosidad hicieron que la sala de exposiciones de la UNED estuviera siempre repleta de estudiantes.
Ángel era un matemático raro, valga la redundancia. De esos que se empeñan en que, para resolver la ecuación de segundo grado, hay que completar cuadrados y no recurrir a la clásica —y, por otra parte, comodísima— formulita. De los que creen que hay que pensar y que, antes de hacer las cosas, hay que saber por qué se hacen.
