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viernes, 12 de abril de 2024

Diálogos para besugos VI.


-           Buenos días.
-           Buenos días. ¿En qué podemos ayudarles?
-           Estábamos pensando invertir en un pequeño negocio
-           Estupenda idea. Les felicito. España necesita emprendedores.
-           Tenemos un pequeño problema. No tenemos dinero.
-           Es un problema, desde luego. Pero no es pequeño.
-           Nos han dicho que aquí nos lo resolverían.
-           Algún gracioso. Pero lo habrá hecho sin mala intención. No se lo tengan en cuenta.
-           En fin, que ustedes podrían anotar en nuestra cuenta, en el haber, claro, la cantidad que necesitamos.
-           Vaya, qué idea tan fantástica…  Y ¿por qué íbamos a hacer semejante cosa?

viernes, 12 de mayo de 2023

Tiempo de espera

 


El ministerio de consumo ha decidido eliminar las esperas en los servicios de atención al usuario, en el sector privado, por el socorrido procedimiento de legislar en contra. En contra de las esperas, quiero decir. De acuerdo con la nueva norma, el tiempo de espera al teléfono en uno de estos servicios quedará reducido a tres minutos. Estupendo, aunque, si esto se podía arreglar legislando, no sé por qué han esperado tanto ni por qué aún nos pueden tener colgados tres minutos. Yo quiero que me atiendan en el acto.

jueves, 10 de mayo de 2012

Un paleto en Madrid (crónica de una reunión de trabajo)

 

La reunión objeto del viaje, una comida con el Rector, estaba prevista para las 15:00 horas en un lugar denominado Casa Adolfo. El Rector había planteado como alternativas la posibilidad de que la reunión, que yo le había pedido, tuviera lugar a las 13:30 o a las 16:30 pero me pareció que se dispondría de más tiempo en una comida. Esto, como luego se verá, fue probablemente un error.

 Llegué a Madrid a las 10:05 horas y con sólo un par de reuniones complementarias ya que aparentemente había una reunión del Consejo de Gobierno que hacía imposible hablar con ningún otro vicerrector. Por otra parte, una reunión con el Rector podía hacer innecesarias las demás. Una de estas reuniones era con la directora del COIE para hablar del nuevo plan de orientación a los alumnos que se matricularan por primera vez y la otra con el gerente de una distribuidora con la que trabajamos que había insistido en verme para tratar un asunto supuestamente importante. La primera cita era a las 12:30 en el vestíbulo de Bravo Murillo ya que, aparentemente, la directora del COIE no dispone de despacho en ese edificio y la segunda en el vestíbulo de la estación de Atocha poco antes de salir el tren de Huesca.

 

lunes, 23 de junio de 2008

Y llegó el verano

Pase lo que pase en el futuro, estos años serán recordados como años de abundancia y, quizá también, de excesos.

En Barbastro se ha inaugurado otro supermercado —ya van ocho o nueve—, varias bodegas —son veinte o más—, se ha modificado el trazado de la N-240 para facilitar la conexión con la A-123 y, dentro de poco, supongo, tendremos la autovía Huesca-Lérida. En su entorno ya se ha proyectado un centro de ocio y comercio y una nueva zona industrial.

jueves, 8 de mayo de 2008

Energía y futuro

El Club Español de la Energía ha hecho público, recientemente, un estudio titulado Energía y Sociedad: Actitudes de los Españoles ante los Problemas de la Energía y del Medio Ambiente, del que se desprende que tenemos, en general, una formación deficiente en cuestiones de energía.

Parece ser que sabemos poco, o nada, acerca del origen de la electricidad que consumimos y creemos, erróneamente, que la mayor parte proviene del petróleo o de los saltos de agua. No somos, se dice, partidarios de la energía de origen nuclear y creemos que la de procedencia eólica o solar es la más barata cuando, en realidad, es muy cara en el nivel actual de desarrollo de la tecnología necesaria, dependiente —como casi todo en nuestra civilización industrial— del petróleo y extraordinariamente subvencionada.

Este déficit de formación es el que hace que depositemos esperanzas, con toda seguridad excesivas, en supuestos avances tecnológicos, relacionados, sobre todo, con el hidrógeno y los biocombustibles, de indudable valor científico pero dudosa aplicación práctica a corto plazo. Y, a largo plazo —decía Keynes—, todos estaremos muertos.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Puente

Este puente hemos estado en Madrid. Hacía calor por la noche y frío a mediodía, había niebla y más gente de la que espero volver a ver reunida nunca jamás.

Tuve un altercado con una anciana que estaba plantada, con un nutrido grupo de coetáneas, impidiendo el paso de la gente por una de las aceras de la Gran Vía, y fuimos al teatro en un día distinto al que nos correspondía. Afortunadamente, un día antes y no un día después, lo que nos permitió rectificar a costa de hacer dos veces el trayecto por calles literalmente atestadas de turistas, carteristas y otros especímenes de la fauna ibérica.

Al menos, la representación valió la pena.

La cola para ver la ampliación del Museo del Prado, otro de los objetivos del viaje, iba de la Puerta de Goya al Jardín Botánico y no se movía, o al menos el movimiento no era apreciable desde fuera, así que nos fuimos al Thyssen, donde había mucha menos cola, pero, al llegar a la taquilla, te daban una entrada para una hora y media más tarde. Todo sea por Durero.

El viernes cenamos en Lhardy, que ya no es lo que era y, además, estaba tan repleto de gente como cualquier chiringuito de la Plaza Mayor. La cena, más bien regular, y a 84 euros el cubierto.

En fin, que no volverán a pescarme fuera de casa en fechas tan señaladas, a no ser que pueda ir a una cabaña en las Maldivas, que he visto anunciada en un programa de viajes de televisión, de 3.500 euros la noche —viajes aparte—, en adelante. Si es que llego a poder permitírmelo antes de que también pueda permitírselo todo el mundo. Que, al paso que voy, no creo.

domingo, 12 de noviembre de 2006

Religión y poder

He visto la película española Los Borgia, que, a pesar de que dura dos horas y media, se puede ver sin ningún problema.

Cuenta la historia de Rodrigo Borgia, que llegó a Papa con el nombre de Alejandro VI, que hacía y deshacía a voluntad, nombró cardenal a su primogénito, gonfaloniero a su segundo y casó a su tercer hijo y a su hija con quien, en cada momento, le pareció más conveniente para sus manejos políticos.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Noviembre

Un alumno —o exalumno, tanto da— de un instituto le ha dado una brutal paliza a un profesor, mientras una compañera suya filmaba el acontecimiento. Después intentaron vender la grabación a los periodistas por 100 €, aunque finalmente tuvieron que rebajar el precio hasta los 20.

domingo, 1 de octubre de 2006

Hule

Desde que las falsificaciones de Armani o Louis Vuitton cada vez son mejores y más difíciles de distinguir de sus respectivos originales, desde que cualquier paleta o FP electrónica, a la mínima, se gasta un audi, un bmw o un mercedes, desde que, en definitiva, no puedes distinguir ya a simple vista a la chusma de la gente realmente importante, es necesario acudir a indicadores sociales fiables, de esos que no engañan. Les propongo uno que es, en mi opinión, infalible. El hule. En España, los ricos gastan manteles (a veces, incluso de hilo) y la chusma hule.

(Entrada completa y sin cortes publicitarios en majaderos)

martes, 5 de septiembre de 2006

Trabajo de oficina

El hombre se metió las manos en los bolsillos y continuó andando por la acera, después de lanzar una mirada de reojo al escaparate de la librería, que reflejaba el movimiento del otro lado de la calle. En realidad, nadie le estaba siguiendo pero, de cuando en cuando, le apetecía vagar por las calles como si fuera un personaje de novela, un espía o algo así. Eso le ayudaba a sobrellevar su aburrida vida de empleadillo del montón en una oficina pública en la que hacía tiempo que no pintaba nada ni resolvía nada.

Llevaba un tiempo algo inquieto y preocupado ante la posibilidad de que alguien se diera cuenta de lo absolutamente prescindible que era, sobre todo porque ya no se veía con capacidad para fingir, como había hecho durante tantos años, lo ocupado que no estaba. Los papeles importantes habían ido desapareciendo de su mesa, al mismo tiempo que sus funciones pasaban a ser desempeñadas por gente más joven —mujeres, sobre todo— que habían entrado en los últimos años.

Las historias con las que intentaba deslumbrarlas, y que reflejaban el importante papel que él había desempeñado en los primeros tiempos, se escuchaban con cortesía, pero también, a veces, con algún gesto de impaciencia, muy alejado del respeto y la admiración que su contribución al éxito de aquella oficina requerían.

Es verdad que disponía, privilegios de la antigüedad, de un puesto bien remunerado, mesa de despacho y teléfono, y que nadie —últimamente, ni siquiera el jefe— le decía ya lo que tenía que hacer, pero tenía la sospecha de que esto era más porque no lo consideraban capaz de hacer nada útil que por respeto a su superioridad intelectual, que no creía que sus compañeros hubiesen sido capaces de reconocer.

A punto de cumplir los cincuenta, ni siquiera le quedaba la opción de ingresar en un partido e intentar conseguir un puesto de concejal, porque tendría los mismos problemas que en la oficina. Los jóvenes, y sobre todo las dichosas mujeres, se estaban haciendo con los resortes del poder en todas partes. «Ya veremos en qué acaba todo esto», pensaba.

Al cabo de un rato de vagar sin rumbo por la calle, se metió en un bar y se sentó en una mesa del fondo, justo al lado de cuatro jovencitas —muy monas, por cierto— que charlaban en voz alta y se reían, sin duda, de algún compañero de trabajo de cierta edad al que le estaban haciendo la vida imposible.

Bueno, pues aquellas no se iban a quedar con la idea de que él era un don nadie.

De entrada, echó mano de su teléfono móvil, que habitualmente llevaba apagado porque nadie lo llamaba nunca y, sin encenderlo, fingió una llamada a su oficina. Empezó echando una áspera bronca a su imaginaria secretaria por haber tardado tanto en coger el teléfono, para que vieran las frescas de al lado con quién se jugaban los cuartos, y después le dio instrucciones precisas que dejaron meridianamente clara su importancia en la empresa en la que trabajaba.

La verdad es que, con una falta de respeto acorde con su edad y sexo, ni siquiera bajaron la voz para escuchar lo que estaba diciendo, y tuvo que levantar bastante la suya para hacerse oír. Aunque las chicas no parecieron impresionadas, al menos consiguió que el camarero, alarmado por el tono y el volumen de su voz, viniera a preguntarle qué quería, lo que le obligó a terminar la brillante conversación que mantenía con su secretaria, no sin advertirle que esperaba que sus instrucciones se siguieran al pie de la letra. Faltaría más.

Mientras se tomaba el café, encendió el móvil y programó el despertador para poder fingir que recibía varias llamadas. En un momento dado, y mientras tomaba notas y hablaba por teléfono a un tiempo, como había visto hacer en una película, se le cayó el aparato al suelo y fue a parar debajo de la mesa de las chicas. Le pareció que la que se lo devolvió —que había mirado la pantalla de reojo— sonreía y cuchicheaba con las otras, pero continuó su conversación como si nada.

Al cabo de un rato, se fueron lanzándole miradas de admiración. Al fin y al cabo, no eran tan tontas como sus compañeras de trabajo.

Estaba terminando tranquilamente el café, ahora que se había quedado solo y no tenía que soportar risitas, cuando le sobresaltó el sonido del teléfono. No era más que el despertador que había programado para que sonara cada cinco minutos, así que, frustrado, apagó el móvil. A ver si se había creído la gente que iba a estar todo el día pendiente de que lo llamaran.

Mientras se acercaba la hora de volver al trabajo, pensaba en cómo mataría la tarde. En realidad, su situación no era tan mala. La cosa podría ser mucho peor si alguien se empeñara en que justificara el dinero que estaba cobrando, encomendándole cualquier tarea absurda que seguro que hacían mejor aquellas niñas que manejaban los computadores como si hubieran nacido de uno de ellos.

Lo único que tenía que procurar era no llamar demasiado la atención ni indisponerse con el jefe, que era un auténtico cretino, pero menos inofensivo de lo que parecía, y aguantar así los años que aún le quedaban para la jubilación y el merecido descanso.

Pagó el café y no dejó propina. No le había gustado que el camarero le interrumpiera cuando hablaba con su secretaria y, además, no pensaba volver a ese bar tan ruidoso.

Llegó al trabajo quince minutos tarde para demostrar que él entraba y salía cuando le daba la gana, pero, como solía hacer últimamente, con el móvil —que había vuelto a encender— en la oreja. En parte para no tener que saludar al portero, que le había perdido gran parte del respeto con que lo trataba al principio, y en parte porque tenía la impresión de que hablar por teléfono móvil daba cierto estatus y dejaba claro a todo el mundo que él tenía otra vida fuera de allí, muy distinta de la mediocridad rutinaria de la oficina.

Cuando llegó a su mesa, siguió un rato hablando por el móvil mientras observaba, con algo de desazón, la soltura con que sus vecinas manejaban el computador y lo bien que aparentaban estar ocupadas. Sin dejar el móvil ni la conversación —que cada vez era más incoherente—, abrió el correo electrónico.

Allí estaba el montón de mensajes en inglés de todos los días. Cuando empezó a recibirlos se sintió un poco halagado; después de todo, a él no le escribía nunca nadie. Pero su hija le había aclarado que eran mensajes para ofrecerle aumentar el tamaño de su pene o su rendimiento en la cama y que, en realidad, no iban dirigidos a él, sino que eran una especie de buzoneo electrónico. ¿Cómo demonios sabría ella esas cosas? Menos mal que se enteró justo antes de presumir de su mucha correspondencia, en inglés, ante sus compañeras de oficina.

Cuando se acordó de que tenía el móvil encendido en la oreja —en algún sitio había leído que eso no era bueno y por eso solía mantener sus monólogos con el móvil apagado—, cortó abruptamente la conversación, advirtiendo a su imaginario interlocutor que no podía seguir hablando porque tenía la mesa llena de papeles que requerían su inmediata atención, cosa que provocó —o eso le pareció a él— una media sonrisita en una de sus vecinas de mesa.

Se volvió y le aclaró que a esos —sin especificar quiénes eran esos— había que cortarles así porque, si no, estarían todo el día molestándole.

Tras reordenar un poco los montones de papeles, en general inútiles, que tenía sobre la mesa, cogió uno al azar y se fue hasta la fotocopiadora. Hizo tres o cuatro copias, que luego pasó por la trituradora de papel que había al lado, y estuvo un rato pegando la hebra con la chica de atención al público, que también se consideraba marginada. Y más valía que siguiera así, porque en cuanto dejaran de marginarla seguro que también la ponían por encima de él.

Cuando más entusiasmado estaba explicándole con pelos y señales las razones por las que aquella oficina funcionaba tan mal —en general porque sus consejos, aunque se escuchaban con mucho respeto, no se seguían con la diligencia debida—, apareció el jefe, que también llegaba cuando le daba la gana, y se vio obligado a cambiar de conversación y pedirle a la chica que le hiciera una fotocopia del papel que llevaba en la mano, que resultó ser el menú de la comida de Navidad de hacía tres años, cuya organización —todo un éxito, por cierto— fue la última tarea importante que le encomendaron.

Ignorando la sonrisita de la recepcionista, volvió a su mesa mascullando por lo bajo y dispuesto a dejar pasar sin más sobresaltos las dos horas y media que aún le quedaban.

Como el correo, como de costumbre, no contenía ningún mensaje que requiriera su atención, decidió pasar el resto de la tarde navegando por internet. Ni siquiera valía la pena tener prevista una hoja de cálculo para hacerla aparecer en caso de emergencia, porque hacía tiempo que nadie se molestaba en averiguar lo que estaba haciendo.

domingo, 20 de agosto de 2006

Las matemáticas son para los jóvenes

Grigory Perelman, del Instituto Steklov de San Petersburgo, ha demostrado, o eso parece, la conjetura de Poincaré: cualquier variedad tridimensional, simplemente conexa y cerrada es homeomorfa a la esfera tridimensional, o, en lenguaje corriente, cualquier cosa limitada y sin agujeros es, topológicamente hablando, equivalente a una esfera. ¿Y qué? Pues que, probablemente, le van a dar por eso uno de los premios Fields, algo así como el Nobel de las matemáticas, en el Congreso Internacional de Matemáticos que se celebrará en Madrid a partir del 22 de agosto. Estos premios se otorgan, cada cuatro años, a matemáticos de menos de 40, así que, con más de 50, me he quedado sin opción... Bueno, también hay otras razones, pero seguro que esa ha tenido mucho peso.

miércoles, 16 de agosto de 2006

Homilías

Otro que cree que los de ETA deberían pedir perdón por el daño que han causado a sus víctimas. Ahora es Monseñor Blázquez el que viene con esa moserga. A mí me sigue pareciendo algo totalmente innecesario. Que el gobierno negocie lo que tenga que negociar con esos tipos para quitárnoslos de en medio, pero que no nos hagan cargar con sus excusas. ¿A quién van a pedir perdón? ¿a los muertos?. Además aquí no ha pedido perdón nadie nunca, tampoco la Iglesia Católica, a la que no le faltarían razones precisamente, así que ¿por qué van a pedirlo estos?. Que se vayan al infierno.

lunes, 14 de agosto de 2006

¡que vienen los moros!

No debemos cometer, nunca, el error de creer que el peligro del terrorismo ha pasado, decía Bush en una reciente alocución radiada, a propósito del supuesto descubrimiento, por la policía británica, de un fantástico intento de derribar en vuelo una docena de aviones llenos de inocentes hombres, mujeres y niños, como también decía el Sr. Bush. Puede que haya habido una conspiración como la descrita pero, lo más probable, es que sea todo una invención tramada al alimón entre la Casa Blanca y el 10 de Downing Street para distraer a la opinión pública de, por ejemplo, la desastrosa gestión de la ocupación de Irak o de la inoperancia internacional en el conflicto líbano-israelí y, last but not least, para volver sobre el tema de la amenaza terrorista, vital para la supervivencia política de Bush, en pleno desarrollo de las elecciones primarias en los Estados Unidos. Nada de lo que nos han contado tiene mucho sentido y probablemente si las cosas llegan a ventilarse, como es legalmente preceptivo, en un tribunal aparecerá más de una inconsistencia pero, mientras tanto, habrán alterado gravemente el tráfico aéreo, que tienen la obligación de garantizar, y se habrá demostrado, una vez más, que lo verdaderamente peligroso no es el terrorismo islamista sino la incompetencia y, sobre todo, la absoluta falta de escrúpulos de los gobiernos que padecemos.  

domingo, 2 de julio de 2006

Cosas

En estos días han eliminado a España del CMF, Zapatero ha anunciado que va a negociar con ETA, se ha iniciado la tramitación de nuevas reformas de estatutos de autonomía y ha entrado en vigor el carnet por puntos, cosa que se notaba ayer viniendo de BCN en la inusual prudencia de la mayor parte de los conductores. Nada que tenga excesivo interés. La falta de agua, el agotamiento del petróleo, el exceso de población, la llegada masiva e incontrolada de emigrantes o el insoportable incremento de la mediocridad tienen interés pero, probablemente, no tengan remedio. Me voy a dormir la siesta.

Hora de comer


... en el desierto de Almería (cerca del Cabo de Gata)

martes, 20 de junio de 2006

Alle müssen singen.

España ha ganado a Túnez. Aunque hasta ahora nos hayamos limitado a batir a rivales de menor importancia, ya hemos hecho lo suficiente para pasar a a octavos (lo que va entre los dieciseisavos, fase ya superada, y los cuartos, a donde nunca hemos llegado) y que sigan dando el cognazo.