Una historia del final, largamente anunciado, de una forma
de vida que se había desarrollado durante siglos en una tierra hostil. Una
tierra cuyos recursos, nunca excesivos para sostener la creciente complejidad
de la vida, se volvieron claramente insuficientes hace poco más de sesenta
años. Y eso no sólo por los límites materiales del territorio, también por el
abandono institucional y la ausencia de estructuras básicas. Hubo lugares donde
la carretera —a veces poco más que una pista— la energía eléctrica o el agua
corriente llegaron después del cierre de la última casa.


