Cuando acabe el año —y salvo que ocurra algún desastre— habremos votado para elegir concejales, diputados a Cortes regionales y diputados y senadores en las Cortes Generales; y, de manera indirecta, a alcaldes, diputados y presidentes provinciales, consejeros y presidentes comarcales y presidentes de gobiernos regionales y nacional y, luego, claro, a todo tipo de cargos altos, medios, intermedios y bajos, aunque esto último lo harán —sin nuestro concurso— los que han sido elegidos por los que elegimos entre un número limitado de opciones que, en la práctica, se reducen a dos, en listas en las que no podemos quitar ni poner a nadie, ni alterar el orden.