Estos puntos son esenciales para el manejo de sistemas complejos: una pequeña acción ejercida sobre ellos puede provocar un efecto notable sobre todo el conjunto, por lo que su identificación es una tarea de primera importancia en el análisis de sistemas. Esta civilización es un sistema muy complejo, auto sostenido, que tampoco hemos construido, que no podríamos reproducir, o controlar ni con la ayuda de los computadores más sofisticados construidos hasta la fecha. Sí que podemos, sin embargo, identificar algunos de los puntos de apalancamiento del sistema y actuar sobre ellos, para intentar que evolucione en el sentido más conveniente o, al menos, para intentar controlar los bucles de realimentación positiva que inevitablemente lo llevarían al colapso.
Pero, al igual que ocurre con el elefante, no basta con identificar esos puntos. Hay que saber cómo incidir sobre ellos y en qué dirección y sentido aplicar la presión necesaria para inducir el comportamiento esperado. La experiencia demuestra que, en la mayor parte de los casos, de una correcta identificación de los lugares donde actuar no se sigue, más bien al contrario, la acción adecuada. Por ejemplo, hay un punto de apalancamiento perfectamente claro y correctamente identificado por los gobiernos de todo el mundo, como la respuesta a la mayoría de los problemas existentes: el crecimiento.
El problema es que una de las posibles acciones, hay quien diría que la correcta, que sería ralentizar el crecimiento, pararlo o, en determinados casos, hacerlo negativo, ni siquiera se toma en consideración en ninguna parte del mundo. La más generalizada, por el contrario, consiste en intentar mantenerlo y si es posible incrementarlo, ignorando u obviando el hecho de que un crecimiento indefinido no es posible en un planeta redondo y finito. Pero es posible que eso, en lugar de solucionar los problemas globales, —pobreza, hambre, destrucción del entorno, agotamiento de los recursos, deterioro de las ciudades, desempleo— contribuya a agudizarlos cada vez más.