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martes, 4 de agosto de 2026

La decadencia silenciosa

Las ciudades rara vez cambian por una única gran decisión. Son el resultado de cientos, quizá miles, de pequeñas decisiones tomadas por personas distintas a lo largo de muchos años. Algunas aciertan, otras no, pero sólo unas pocas tienen la capacidad de modificar de verdad el futuro de una ciudad. Y aún son menos las que logran mantenerse el tiempo suficiente para consolidar sus efectos.

Lo normal es que las instituciones nazcan para responder a una necesidad concreta, crezcan impulsadas por el entusiasmo de sus primeros años y, después, entren lentamente en una fase de rutina. Sin un esfuerzo continuado de mantenimiento, innovación y adaptación, empiezan a perder influencia, prestigio y capacidad de atracción. No suele ocurrir de golpe. Es un deterioro lento, casi imperceptible, que sólo se aprecia cuando se compara la realidad actual con la de veinte o treinta años atrás.
Las grandes infraestructuras son especialmente vulnerables a ese fenómeno. Un hospital, un centro universitario o un polígono industrial requieren décadas de atención constante. No basta con inaugurarlos. Si dejan de evolucionar mientras otros sí lo hacen, comienzan un lento proceso de pérdida de competitividad que, con el tiempo, acaba siendo muy difícil de revertir.
En Barbastro tenemos ejemplos que invitan a la reflexión. El centro de la UNED, el Hospital de Barbastro o el polígono industrial vivieron una etapa de crecimiento y consolidación. Eran proyectos con capacidad para transformar la ciudad y, en buena medida, lo hicieron. Sin embargo, por motivos diferentes en cada caso, todos parecen haber entrado después en una fase de estancamiento, cuando no de franca decadencia. El centro del que salieron la Valija Virtual —hoy pieza clave del sistema de evaluación de la UNED— y el AVEX no puede resignarse a ser un centro más. La ubicación periférica y el desplazamiento del modelo hacia Internet ya juegan en su contra, y por eso resulta difícil de entender el abandono de proyectos y del liderazgo tecnológico que durante años distinguieron al centro. El hospital arrastra la dificultad de muchos centros comarcales para retener especialistas, una dificultad que sólo puede compensarse ofreciendo a los profesionales expectativas personales y familiares que hoy Barbastro difícilmente puede igualar. Y el polígono compite en desventaja con Monzón y Huesca, e incluso con Binéfar, que disponen de un elemento fundamental, el ferrocarril, una ventaja competitiva que Barbastro perdió hace décadas y sobre cuya recuperación apenas existe ya debate.
En estos procesos casi nunca hay un único responsable. Hay muchas responsabilidades, casi siempre por omisión y repartidas entre gobiernos de distinto signo. Precisamente por eso pasan desapercibidos. Cada mandato hereda una situación ligeramente peor que la anterior y añade un pequeño paso más en la misma dirección, hasta que un día descubrimos que aquello que constituía uno de los principales activos de la ciudad ha dejado de serlo.
Las ciudades no suelen arruinarse por lo que hacen mal un día, sino por lo que dejan de hacer durante muchos años. Se debilitan lentamente, casi sin que nadie lo advierta, cuando dejan de cuidar aquello que un día les dio prestigio y oportunidades. La verdadera política de futuro no consiste sólo en inaugurar nuevos proyectos, sino en conservar, actualizar y fortalecer los que ya existen. Porque recuperar una institución que ha entrado en decadencia siempre resulta mucho más difícil y costoso que haber evitado su deterioro.

martes, 16 de diciembre de 2025

Peak Oil revisitado: por qué fallaron las previsiones y qué sigue siendo cierto.

En marzo de 2012 escribí un texto sobre el Peak Oil cuando el Brent cotizaba a 125 dólares el barril. Desde la UNED y también en dos congresos en 2011 y 2014, advertimos sobre la caída de existencias en Europa, la insostenibilidad del modelo energético y la ceguera política deliberada. El diagnóstico entonces era sombrío, pero aparentemente claro: la contracción de la oferta de petróleo convencional dispararía los precios y colapsaría el sistema. Trece años después, en diciembre de 2025, el Brent cotizaba en torno a los 59 dólares. Menos de la mitad.

El error no estuvo en el diagnóstico estructural—el petróleo convencional efectivamente entró en declive terminal—sino en asumir rigidez donde hubo elasticidad. El sistema respondió de tres formas que no fuimos capaces de anticipar:

viernes, 28 de noviembre de 2025

¿Se está desmoronando todo o es solo el fin de un ciclo? Dos hipótesis sobre el presente.

¿Por qué hay tanta gente que cree ahora que todo se está desmoronando? ¿Por qué la incompetencia en política es hoy la norma y no la excepción? ¿Por qué este clima de cierre, de final de ciclo, cuando apenas cruzamos el primer cuarto de un siglo que parecía tan prometedor? ¿Y por qué, si en realidad nunca se ha vivido mejor se extiende la idea de que esto no puede durar mucho más? Y, sobre todo, ¿Por qué tantos gobiernos europeos consideran ahora plausible una guerra generalizada en un futuro inmediato?

Hay, al menos, dos hipótesis posibles —y no necesariamente excluyentes— para interpretar el momento presente. La primera es que esta civilización ha entrado en una fase avanzada de colapso sistémico. La segunda que nos encontramos en medio de una transformación estructural acelerada, gestionada por formas de poder difusas y reforzada por desigualdades crecientes en el acceso a la información, los recursos y la toma de decisiones.

sábado, 14 de septiembre de 2024

Conversaciones al atardecer. Colapso

 

Yo

Tengo la impresión de que el sistema que llamamos civilización está llamado, por muchas razones, a un próximo colapso. 

 MPLN

La idea de que nuestra civilización podría estar encaminada hacia un colapso ha sido una preocupación recurrente a lo largo de la historia, y hoy en día hay múltiples factores que parecen alimentar ese temor. Algunos de los más citados incluyen el cambio climático, la sobreexplotación de recursos naturales, las desigualdades económicas, los conflictos geopolíticos, y la creciente dependencia de sistemas tecnológicos complejos y frágiles.

lunes, 11 de marzo de 2024

Domingos cerrado.

 


Los domingos por la mañana no hay, en esta zona de Zaragoza, ningún bar abierto. Este de Los Amantes, en la esquina de la calle Princesa y el paseo de Teruel, es un bar pequeño pero muy recomendable desde todos los puntos de vista. De lunes a sábado, claro. Los domingos hay una alternativa en una especie de bar-panadería-cafetería, la Panadería Simón, unos metros más abajo, hacia la puerta del Carmen. Ayer, domingo, estaba hasta los topes, como lógica consecuencia del cierre, también por descanso dominical, del Bar de la Esquina, regentado por un hombre con aspecto oriental, probablemente chino, que parecía dispuesto a abrir todos los días de la semana a pesar de contar, ostensiblemente, con una sola empleada. Pero no. Hasta ayer llegó la cosa. Las calles sin bares abiertos, con cada vez más tiendas cerradas y algún solar vallado y persistentemente vacío, son un anticipo del apocalipsis, del que ya tuvimos una primera visión, gracias a la desgraciada gestión gubernamental de la pandemia. O, dicho con algo menos de dramatismo, anticipan un cambio de época. Pero los cambios, que no son necesariamente malos, pueden parecerse al apocalipsis, vistos por los que ya no tenemos edad para adaptarnos.

viernes, 27 de enero de 2023

Otra tienda cerrada.

 

Esta se dedicaba a la venta a granel de productos de limpieza, una actividad que debería estar subvencionada, y estaba en el Coso. Tampoco ha podido aguantar más el incremento de los costes y la bajada de las ventas, y finalmente se ha rendido. Una más de las muchas que han desaparecido en estos años, al socaire de las grandes superficies —parece que en Barbastro hay nueve— y de las ventas por Internet.

Otra puerta cerrada y una luz apagada: más oscuridad y menos gente por las calles.

Aún hay quien abomina de la inmigración, pero los inmigrantes parecen ser los únicos a los que aún les queda un poco de iniciativa y de ganas de seguir apostando por el comercio local.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

El plan de contingencia

La ministra Ribera, con competencias sobre la transición ecológica y el reto demográfico, propuso hace unos días, meses ya, elaborar, contando con los autoproclamados agentes sociales, empresas eléctricas y gasistas, etc., lo que con toda propiedad llamó un plan de contingencia en el que, es de suponer, se discutirían las posibles acciones a emprender en el caso, parece que probable, de que el acceso a la energía se encarezca o se complique algo, bastante o mucho.

En la nota de prensa publicada por el MITECO, a propósito de la primera de las reuniones que la ministra ha mantenido con este propósito, se aseguraba que España no afronta problemas de seguridad de suministro, pero que debe prepararse para un posible escenario de escasez de gas en la UE durante los próximos meses y, a continuación, delimitaba los objetivos del plan: “El Plan de Contingencia girará sobre tres ejes: uso inteligente de la energía, sustitución de gas por electricidad y otros combustibles y medidas de solidaridad con los socios europeos” o leyendo entre líneas, que el problema lo van a tener otros, pero aquí estamos nosotros para ayudar a quien lo necesite.

jueves, 18 de agosto de 2022

El baile

Me decía un amigo que tenía la desagradable impresión, cada vez más difícil de ignorar, de que todo se estaba descomponiendo a su alrededor. Como ejemplo no citaba la seguridad social, seriamente tocada por la inefable gestión de la pandemia, ni el desastre ferroviario provocado por el robo de unos metros de cable. Todo eso y algunas cosas más, como la guerra, la sequía, la subida de precios, la vuelta de las fiestas patronales o la crisis energética, le parecía importante y desde luego, muy preocupante, pero, según él, el síntoma más evidente de que todo se va a…, es el baile del alcalde de Vigo.

viernes, 29 de abril de 2022

Tormentas de primavera

Tenemos una guerra en suelo europeo, una guerra todavía limitada al territorio de Ucrania, pero que puede derivar en casi cualquier otra cosa, incluyendo un intercambio de misiles con carga nuclear entre Rusia y Estados Unidos.

Europa tiene, además, otros problemas, por si acaso lo de la guerra nuclear no acaba de cuajar: la debilidad de la Unión Europea; la crisis energética, cuyo final —infeliz—, tantas veces aplazado, parece ahora más cerca que nunca; la inflación que afecta a su moneda, una vez que las estrictas condiciones iniciales impuestas a los países que adoptaron el euro han pasado a mejor vida. Y eso por no mencionar la fusión de la nieve en los glaciares alpinos, de donde procede un cuarto del agua que llevan los grandes ríos europeos, el deshielo del permafrost siberiano y la destrucción, por incendios, de enormes masas forestales en la taiga.

Hace ya años que Europa no es el centro del mundo, ni económica ni militarmente, pero, al menos, tampoco era el campo de batalla que fue durante veinte siglos, ni estaba ya dividida en los dos bloques que se enfrentaron en la Guerra Fría (1945-1991).