Barcelona es una de las ciudades fetiche de mi infancia. Estuve varias veces en el Hospital San Juan de Dios, en la Diagonal, y mis padres tenían allí familia y amigos, así que íbamos con cierta frecuencia.
También pasé algunas vacaciones en una vieja fábrica de cartón, entonces casi la única industria de San Juan Despi, en la carretera que unía esta ciudad con San Feliu de Llobregat. Debía de ser uno de los pocos sitios en España donde se podían encontrar, listas para convertirse en pulpa, las revistas y periódicos franceses o alemanes que en los quioscos de las Ramblas estaban prohibidos.