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miércoles, 18 de febrero de 2026

Barbastro. La redefinición de un espacio urbano.

Las grandes crisis no suelen tener dirección postal. Se anuncian en informes que pocos leen y en gráficos que viajan entre capitales. Pero sus consecuencias sí tienen una dirección y un efecto concretos: la persiana que baja en la calle Mayor; el alquiler imposible para un joven sin renunciar a todo; la cita médica que se aplaza hasta rozar la burla; el oficio que se extingue porque nadie recoge el testigo. Barbastro es uno de esos lugares donde lo abstracto se vuelve cotidiano y, por eso mismo, legible.

Con algo más de 17.700 habitantes, según el padrón del INE a enero de 2025, Barbastro es capital comarcal del Somontano y tercera ciudad de la provincia de Huesca. Durante siglos fue un nudo comercial del Aragón interior. Ignacio de Asso ya describía en el siglo XVIII una ciudad sostenida por el intercambio, con vida mercantil conectada con Francia y con un mundo colonial hoy desaparecido. Trescientos años después el perceptible deterioro no llega como consecuencia de una guerra o una catástrofe: llega como desgaste: obsolescencia económica, centralización de servicios y cambio de hábitos asociado a la era digital. No se oye, pero se nota.

viernes, 3 de octubre de 2025

Palomas en el hospital

 

El viernes pasado, más de un millar de personas se congregaron frente al Hospital de Barbastro en el marco de una plataforma ciudadana promovida por profesionales de la sanidad pública. La finalidad de dicha plataforma era manifestar su preocupación por la situación del centro hospitalario y reclamar medidas estructurales que permitan revertir su progresivo deterioro. Entre los asistentes se encontraban diversas autoridades locales y provinciales, incluyendo los alcaldes de Barbastro y Monzón, este último también presidente de la Diputación de Huesca. No obstante, la presencia de los responsables políticos fue presentada por ellos mismos como una participación estrictamente “ciudadana”, ajena a su papel institucional.

jueves, 28 de agosto de 2025

Intoxicación y teoría del caos.

 El reciente episodio de intoxicación alimentaria en el Festival del Vino que ha afectado a cerca de 500 personas y ha interrumpido abruptamente una trayectoria de más de 25 años sin incidentes puede interpretarse como un caso paradigmático de lo que en matemáticas y física se conoce como teoría del caos.

La teoría del caos estudia sistemas dinámicos no lineales en los que las trayectorias a largo plazo dependen de manera muy sensible de las condiciones iniciales. A primera vista, un festival enológico no parece comparable a un sistema meteorológico o a un modelo poblacional; sin embargo, su funcionamiento también depende de un entramado de variables interrelacionadas: la logística, la cadena alimentaria, la climatología, el comportamiento de los asistentes y la percepción pública. Durante un cuarto de siglo, estas variables se han mantenido dentro de un rango de estabilidad que producía el mismo resultado: un festival de éxito y aceptación creciente.

Edward Lorenz formuló en los años sesenta la idea del efecto mariposa: una mínima variación en el estado inicial de un sistema caótico puede producir una evolución radicalmente distinta a largo plazo. En el caso del festival, el “aleteo” ha sido una contaminación en un producto aparentemente secundario —el tomate— y en los utensilios para manipularlo. Este detalle, insignificante frente a la magnitud del evento, desencadenó un colapso puntual susceptible de minar la confianza del público y de comprometer la continuidad del evento.

Los sistemas caóticos se caracterizan por su no linealidad: el efecto no es proporcional a la causa. La contaminación no afectó a todo el festival, pero es susceptible de producir un daño notable a su imagen y funcionamiento. Matemáticamente, podríamos hablar de un sistema que opera en el borde de la estabilidad: pequeñas perturbaciones superan ciertos umbrales críticos y conducen a bifurcaciones que transforman la dinámica global.

En el lenguaje del caos, el festival había encontrado durante 25 años un atractor estable: un conjunto de condiciones sociales, culturales y económicas que reproducían el éxito año tras año. El incidente de 2025 puede interpretarse como una perturbación que expulsa al sistema de ese atractor, obligándolo a buscar una nueva trayectoria. Tal vez se recupere —con mayor control sanitario y protocolos de confianza— o tal vez derive en una pérdida de reputación que reduzca la asistencia en futuras ediciones. El punto crucial es que, a partir de una mínima variación, el sistema ya no evoluciona de la misma manera.

El caso del Festival del Vino no es solo anecdótico. Nos recuerda que la estabilidad social e institucional es siempre provisional, y que los sistemas complejos —ya sean festivales, economías o ecosistemas— están sujetos a una fragilidad estructural. Una alteración mínima puede reconfigurar de manera profunda el devenir del conjunto. La teoría del caos, en este sentido, ofrece un marco analítico para comprender no solo fenómenos naturales, sino también acontecimientos sociales aparentemente fortuitos y por supuesto para no dar nada por supuesto. Ni siquiera la continuidad a medio plazo de lo que, en un claro abuso de lenguaje, hemos venido en llamar ‘civilización’. 

ECA 29 Agosto 2025

martes, 27 de mayo de 2025

A Joaquín Ferrer. En memoria

Conocí a Joaquín hace muchos años, cuando llegó como profesor al instituto Hermanos Argensola, donde yo era alumno de cuarto de bachillerato. Con su muerte en Zaragoza, el 26 de mayo de 2025, se apaga la luz de un hombre íntegro que, con su capacidad de trabajo y su sólida formación, deja tras de sí una huella imborrable para cuantos tuvimos el privilegio de conocerle.

Al frente de la Secretaría y, posteriormente, como subdirector del Centro de la UNED puso su energía y su afán de trabajo al servicio de la cultura, lo que se tradujo en innumerables iniciativas. Coordinador del área de Lengua y Literatura, atrajo proyectos, conferencias y jornadas que enriquecieron el panorama educativo local, siempre con una mirada rigurosa y una pasión contagiosa por el conocimiento.

Durante décadas ejerció como profesor de Lengua y Literatura, Latín, Arte…, entregándose con entusiasmo al desarrollo intelectual de sus estudiantes. Su voz, su erudición y su respeto por la dimensión humana de la enseñanza, convertían cada clase en un espacio de diálogo y descubrimiento, en el que no faltaba nunca el sentido del humor.

Era también, quizá él hubiera dicho que, sobre todo, un cura. Y eso en Barbastro no era, no es, poca cosa. Los curas que yo he conocido fueron, son, los que quedan, una parte fundamental de la élite intelectual de la ciudad, sobre todo en una época en que la fe y la cultura se entrelazaban para impulsar el progreso social y el enriquecimiento colectivo.

Joaquín encarnó la figura del humanista clásico: un hombre que supo compaginar la vocación cultural, la docencia y la fe con un esfuerzo constante, sin buscar protagonismo, con la única meta de servir. Su legado —hecho de rigor intelectual, generosidad y compromiso social— continuará inspirándonos para valorar el poder transformador de la educación y del trabajo bien hecho.

Descansa en paz, viejo amigo, maestro y compañero. Tu memoria seguirá viva en el recuerdo de los que seguimos creyendo en la fuerza del humanismo. 


Enviado a ECA 30/5/2025

jueves, 6 de febrero de 2025

Agosto de 1936.

 

El convento en los años 60. A la izquierda la casa de Carmen y José
Hace casi un mes del fracasado golpe de estado y del comienzo de la guerra civil. La guarnición no ha secundado el golpe y la ciudad se mantiene, por el momento, leal al régimen republicano. Decir que dentro de la legalidad es mucho decir. La legalidad republicana dejó de existir en gran parte del territorio a raíz del golpe de estado. El poder real está en manos de un comité revolucionario que pronto empieza a tomar medidas contra los que considera, en algunos casos con razón, partidarios de los militares golpistas. Uno de los estamentos más afectados es el clero. Los curas de los pueblos son perseguidos y, en muchos casos asesinados en las carreteras. Los pertenecientes a órdenes religiosas presentes en la ciudad, como los claretianos o los escolapios, están encerrados en el salón de actos de estos últimos. El obispo está encarcelado en el Ayuntamiento y muchos ciudadanos, considerados simpatizantes de los rebeldes, en el convento de las Capuchinas.

jueves, 9 de enero de 2025

Intemporal (publicada en un recopilatorio de historias sobre Barbastro)

Cuando yo nací, en España mandaba un general que había ganado una guerra catorce años antes. Entonces, e incluso muchos años después, aquella guerra seguía estando presente en la mente de todos, aunque la gente procuraba no hablar mucho de ella y en la medida de lo posible intentaba olvidarla. De hecho, había una cosa que me llamaba la atención en mis primeros años y es que no parecía haber nada antes de aquella guerra. O al menos inmediatamente antes. Sí estaban, desde luego, los Reyes Católicos, Felipe II e incluso algunos borbones, pero nada que tuviera que ver con los años inmediatamente anteriores a la República, la república misma o las versiones no hagiográficas de la guerra civil. En los libros que yo leía, las aventuras de Guillermo Brown, por ejemplo, Guillermo iba a la misma escuela que sus padres, pero yo no iba a la misma escuela que mi padre porque mi padre estaba a los 17 años sirviendo una batería nacional cerca de Laspuña, incorporado a la fuerza para hostigar a la 43 división del ejército republicano, ya en franca retirada y concentrándose en la efímera bolsa de Bielsa. La república había suprimido los recuerdos anteriores al 31 y los vencedores de la guerra los anteriores a 1939 con lo que el país parecía limitarse a lo hecho desde que el general victorioso fue proclamado Caudillo de España por la gracia de Dios. O por una gracia de Dios, que también se decía en algunos ambientes.  

lunes, 7 de octubre de 2024

Centro administrativo, religioso y universitario de Barbastro

Catedral de Barbastro, Museo diocesano, Obispado, Ayuntamiento, Residencia de las Hermanitas de los ancianos desamparados, Escolapios, Uned, el Coso. En la esquina superior derecha el puente del Portillo y el Vero.

 


viernes, 27 de septiembre de 2024

Historias del Instituto Laboral

 

Fachada posterior del Instituto
Según la prensa de la época, a mediados de los años sesenta, en España no pasaba nunca nada. En el Instituto de Barbastro, por supuesto, tampoco. Pero las cosas estaban a punto de cambiar. Fue un día como otro cualquiera, de 1966, año más, año menos, mientras esperábamos el comienzo de la clase, cuando una inusual algarabía alteró la tranquilidad de la habitualmente pacífica calle suburbana que discurría bajo nuestras ventanas. Hacía algún tiempo que circulaba por los pasillos y en los corrillos del recreo un rumor que no terminábamos de creer. Aquel curso había empezado con normalidad y nada hacía esperar que el viejo instituto fuera a verse sacudido por lo que, a todas luces, era una revolución.

El profesor no había llegado, así que nos asomamos a las ventanas para ver qué ocurría y, aunque a primera vista no acertamos a identificar lo que estábamos viendo, pronto no quedó ninguna duda. El grupo de chicas que estaban charlando animadamente en la puerta principal se proponían entrar en el Instituto. Más aún, a juzgar por su aspecto y los materiales que llevaban, lo más probable es que fueran a ir a clase.

Séptimo curso, año 1971
El alboroto que previsiblemente íbamos a organizar, escondidos tras las ventanas, quedó para mejor ocasión, tras la entrada en el aula del profesor de Formación del Espíritu Nacional, Casimiro Cortijo, que le quitó importancia al asunto y vino a decir que aquello era completamente normal. En Suecia, claro. Porque aquí, normal, lo que se dice normal, no era. Las chicas habían llegado al Instituto, sí, pero iban a entrar por la puerta principal, a una hora distinta de la nuestra. Además, irían a clase en aulas separadas, ubicadas en un pasillo lateral de la planta baja y el patio de recreo se dividiría en dos, una parte para ellas y otra para nosotros, con una línea de demarcación a cargo de la señora Josefina, una mujer con el temple necesario para asegurar una estricta separación entre las dos zonas.

A pesar de tantas precauciones, la vida del instituto recuperó pronto el ritmo habitual, la ‘frontera’ se fue permeabilizando poco a poco y al acabar, nosotros séptimo y ellas cuarto, nos fuimos juntos de viaje a Mallorca, acompañados por dos profesores. Claro que nosotros fuimos a una pensión, de la que salíamos y entrábamos a cualquier hora, y ellas, me parece recordar, a una residencia o similar. La doctrina de la iglesia lo dejaba bien claro: una cosa es la libertad y otra el libertinaje.

viernes, 12 de julio de 2024

Soliloquios de Verano

 

Barbastro tiene, sin duda, numerosos puntos fuertes; empresarios capaces, técnicos cualificados, profesionales competentes, una infraestructura sanitaria de alto nivel, dos institutos, un centro universitario bien dotado de medios y personal, un comercio todavía pujante, una actividad cultural nada desdeñable… y, sin embargo, está perdiendo fuelle. Objetivamente y sin necesidad de entrar en comparaciones que, como se sabe, son odiosas. La ciudad se mantiene, pero ya no es atractiva para las nuevas generaciones ni para los profesionales que buscan un lugar para desarrollar su proyecto de vida. El acto organizado anualmente por el ayuntamiento y los centros educativos para ‘despedir’ a los estudiantes de bachillerato y formación profesional es extraordinariamente simbólico. Será todo lo emotivo que se quiera, pero es, efectivamente, una despedida. Muchos, la mayoría, y en todo caso más de los que sería deseable, no volverán, y la ciudad dará cada año un nuevo paso hacia el envejecimiento y la ruina.

martes, 5 de diciembre de 2023

Mi calle, las fuentes y el río

Parece que se van a recuperar las viejas fuentes del Azud y del Vivero en la calle de las Fuentes. Para mí, que nací y viví quince años en una casa que está justo encima, estas fuentes fueron un elemento imprescindible del paisaje.

Las fuentes, sobre todo la del Azud —porque la del Vivero decían que no era potable—, suministraban agua en verano y, a veces, también en invierno, ya que la incipiente red de suministro se congelaba con bastante facilidad y, sobre todo, nunca proporcionaba agua a la temperatura adecuada, cosa que sí hacía la fuente.

Las escaleras que llevaban a las fuentes eran también la vía de acceso al cauce del río y a la chopera —la arbolera, en el lenguaje del barrio—, a través del muro de contención del Azud, en el tramo final del desagüe del Moliné. Esta chopera era impresionante, o me lo parece ahora, con árboles enormes que se levantaban por encima de los tejados, pero cayó antes que las fuentes. A los pequeños chopos que sustituyeron a los que habían cortado se los llevaron las riadas y puede que también las rogativas —no creo que pasaran de ahí— de algunas vecinas más que satisfechas con el sol poniente que los árboles caídos no dejaban pasar.

Fue una pena, porque aquella chopera era un magnífico parque en tiempos en los que no había nada mejor y la gente veraneaba en casa, y su desaparición, aunque nos permitió ampliar nuestros horizontes y ver el Ayuntamiento y el puente del Portillo desde casa, dejó un considerable vacío. Pero el río seguía allí.

Pastaban entonces un par de cabras —una de ellas bastante agresiva—, puede que también ovejas y algunos patos de los vecinos; se pescaban barbos, se lavaba la ropa —que luego se aclaraba en la fuente—, se dirimían a cantazos los conflictos con los barrios vecinos, se organizaban meriendas y otros actos sociales y se construían pequeñas casetas de barro y pedazos de ladrillo.

Como campo de juegos parecía inabarcable e insustituible, sobre todo durante el largo verano que empezaba antes de las fiestas de San Ramón y acababa bastante después de las de septiembre. Dos hogueras rivales —la de la calle de las Fuentes, en la orilla izquierda, y la del Arrabal, en la derecha— se quemaron allí, una frente a otra, durante algunos años, y ahora me parece un auténtico milagro que no provocaran un incendio que se llevara por delante media ciudad. En ocasiones, una de las hogueras ardía antes de la fecha señalada como consecuencia de alguna incursión de los promotores de la hoguera rival.

Pero aquel río, que en condiciones normales era poco más que un arroyo, tenía sus prontos y, de tanto en tanto, sobre todo coincidiendo con el final del verano, hacía una muy notable demostración de fuerza y se convertía en una furiosa avenida de color marrón que arrastraba todo lo que encontraba a su paso. Una vez, al menos, se metió dentro de mi casa: dejó en el patio una marca de más de un metro de altura, que encontramos al volver a la mañana siguiente, y causó en la ciudad daños más que considerables.

No sé si aquel desastre, los problemas sanitarios que ya empezaban a dar que hablar o una profecía apócrifa de San Ramón —que circulaba por la calle y según la cual a esta ciudad se la llevaría una de aquellas riadas— convencieron a las autoridades de entonces de la necesidad de canalizar el tramo urbano del río.

Aquella obra, que nos parecía de lo más impresionante —incluyó la voladura controlada del salto, la rotura de algún que otro cristal como consecuencia de las explosiones y muchos meses de incesante trajín en la, hasta entonces, pacífica calle suburbana—, acabó con las fuentes y cambió completamente el aspecto del río, que quedó prácticamente inaccesible.

Aunque las fuentes habían dejado de ser imprescindibles —la gente tenía ya nevera y lavadora y hacía años que había agua corriente en las casas—, su desaparición levantó algunas protestas que se mantuvieron, faltaría más, en los cauces establecidos por la democracia orgánica felizmente imperante.

Ahora, casi cuarenta años después, y como consecuencia —parece que imprevista— de unas obras de mejora en la calle, las fuentes del Azud y del Vivero van a salir a la luz. Ya no serán lo que eran ni servirán para lo que servían; tampoco nosotros. Pero está bien que se recuperen, coincidiendo, además, con la restauración de las fachadas de la margen derecha que, a imagen y semejanza de la del Ayuntamiento, eran una auténtica vergüenza.

Es una forma más de dejar de dar la espalda a un río que, aunque un poco raquítico, es un privilegio para esta ciudad, como lo son todos los ríos para todas las ciudades.

Y aquí no hay mucho más.



(Artículo publicado el día 30 de diciembre de 2005 en ECA)

jueves, 12 de octubre de 2023

UNED 40 años. Así empezó.

Un día del mes de junio de 1983, hace ya cuarenta años, el entonces alcalde de Barbastro, Paco Víu, y yo salíamos del Banco de España, en Madrid, por una de las puertas que dan al paseo del Prado, con la idea de tomar un café y recorrer un poco la ciudad para hacer tiempo hasta la salida del tren que nos devolvería a… Monzón (ahora seguramente tendría que ser a Huesca o a Zaragoza, pero hay más trenes y son más rápidos).

Con el café delante, conversamos acerca de los problemas que teníamos entre manos. Paco había accedido a la alcaldía de Barbastro y yo había obtenido un escaño en las Cortes de Aragón —ambos por el PSOE— hacía poco, y había algunas cuestiones que nos preocupaban.

miércoles, 23 de agosto de 2023

Aniversario

¿Qué es, exactamente, lo que celebramos en un aniversario? Pues cada uno lo que le parezca, o nada en particular, si no nos perdemos, que es lo más común, en considerar todas las implicaciones de cumplir… años. Cada aniversario, lo celebremos, o no, es una pequeña victoria en una batalla contra el tiempo. Claro que ninguna de estas batallas es la última, la que pondría fin a la guerra. Porque esa batalla y con ella la guerra, están perdidas de antemano, y las derrotas no se celebran.

Con las creaciones del hombre, el hombre mismo y otras formas de vida organizada pasa algo parecido. Cualquier cosa que haya sobre la Tierra y que funcione a base de acumular complejidad, está condenada a caer en la irrelevancia y la dispersión y el caos. Eso, que no es negociable, no impide, desde luego, celebrar algunas victorias. Diez, veinte, cincuenta, cien o ciento veinte o incluso más años. Claro que todas esas victorias son a costa de, o gracias a, gentes que aportaron en su momento la energía necesaria para retrasar una pérdida brusca de complejidad. Y se celebran porque hay gente que cree que celebrar la permanencia de esta o aquella obra humana, o de uno mismo, actuará como una especie de seguro de derribo. Y una celebración no hace mal a nadie. Combate la melancolía y es una promesa de futuro.

Y volvemos a El Cruzado que celebra con este número el haber alcanzado el año 120 desde que el primero viera la luz. El periódico se ha publicado en dos etapas. La primera terminó en 1936, en los comienzos de la guerra civil que liquidó la república y dio paso a los casi cuarenta años (1936-1975) de régimen franquista. En su segunda etapa, iniciada en 1953, el Cruzado ha salido ininterrumpidamente a la calle durante 70 años. No son malas cifras, para un periódico propiedad del Obispado, y de alcance local.

La propiedad diocesana de la cabecera podría verse, quizá, como un inconveniente para tomar en serio a un periódico, tanto más cuanto que el final, por fallecimiento de su titular, del régimen del General Franco propició, al menos inicialmente, un entorno potencialmente hostil a una iglesia que había disfrutado durante el mismo de ciertas ventajas. Evidentemente, no fue así y, por el contrario, el Cruzado ha disfrutado de una longevidad y de una salud envidiables. El Cruzado y muchas otras manifestaciones públicas auspiciadas por una Iglesia, la Católica, que, como se sabe y convinimos hace unos días con uno de sus ministros, es la única verdadera.

Entiendo que, si la directora me ha pedido que escriba algo en este número y con este motivo, es en mi calidad de colaborador habitual, al menos en los últimos tiempos, del periódico. Como colaborador, pero también como lector, he visto a El Cruzado como una parte importante de la vida de la ciudad desde que yo tengo memoria. Por cierto, que la segunda etapa y yo tenemos la misma edad. Además, ha tenido dos virtudes que añadir a las que se le supone por la confesionalidad ya citada. Ha sido, desde la transición, una tribuna abierta a colaboraciones de todo tipo y de toda orientación política y, con algún matiz, también religiosa y ha sido los ojos y los oídos de la ciudad frente al poder político, con el que ha mantenido siempre una relación cordial, pero, y ahí está la virtud, no siempre tan cordial como al poder le hubiera gustado o demasiado cordial para lo que la oposición hubiera deseado. Y, claro, se ha entusiasmado con procesiones, festivales, campañas de navidad, premios literarios, congresos… dando voz y altavoz a todo lo importante que aquí ha pasado. Me hubiera gustado citar algunos nombres, de entre los muchos que han hecho esto posible. Pero me quedaría sin espacio.

Enviado a ECA Extra de Verano de 2023

viernes, 27 de enero de 2023

Otra tienda cerrada.

 

Esta se dedicaba a la venta a granel de productos de limpieza, una actividad que debería estar subvencionada, y estaba en el Coso. Tampoco ha podido aguantar más el incremento de los costos y la bajada de las ventas y finalmente se ha rendido. Una más de las muchas que han desaparecido en estos años, al socaire de las grandes superficies, parece que en Barbastro hay nueve, y de las ventas por Internet. Otra puerta cerrada y una luz apagada, más oscuridad y menos gente por las calles. Aún hay quien abomina de la inmigración, pero los inmigrantes parecen ser los únicos a los que aún les queda un poco de iniciativa y de ganas de seguir apostando por el comercio local. El Ayuntamiento, este y los anteriores, son algo completamente inútil, dedicado, como toda la administración pública, a la recaudación de tributos, a poner pegas cuando no a torpedear directamente cualquier iniciativa y a dejar que el pueblo vaya cayendo en la degradación y en la ruina. No hay mucha diferencia, urbanísticamente hablando, entre el Barbastro de hoy y el de los años 60, ne este ayuntamiento ni los anteriores han servido para mucho en ese sentido, pero entonces el centro estaba habitado, las tiendas estaban abiertas, el mercado de frutas y verduras funcionaba todo el año y la ciudad era prácticamente autosuficiente. Hoy el centro está abandonado, las tiendas se cierran, la mayor parte de la huerta ha desaparecido y dependemos completamente de que alguien llene todos los días las estanterías de los supermercados. Es verdad que tenemos un hospital que no teníamos y que vamos a tener un centro de salud nuevo, pero ya veremos si también tenemos los médicos necesarios. En un entorno de escasez generalizada de profesionales de la medicina, ya veremos cuantos son los que quieren venir a vivir aquí.

miércoles, 16 de noviembre de 2022

El estado de la ciudad

El ayuntamiento parece estar saliendo de la placidez de los últimos mandatos, cosa que no es
necesariamente mala, para volver a la agitación de los 80 y 90. La renuncia de algunos
concejales, los desencuentros con funcionarios y la falta, aparente pero clamorosa, de un
proyecto identificable de ciudad, vuelven a atraer la atención de las gentes del común,
tampoco demasiada en realidad, sobre un órgano de gestión que llevaba algún tiempo
pasando casi desapercibido. Cosa esta que tampoco es necesariamente buena.

Barbastro ha sido, probablemente aún lo es, una ciudad con múltiples facetas: comercial,
agrícola, universitaria, episcopal, literaria, militar, industrial, turística, hospitalaria, ferroviaria…
Algunas se han quedado en el camino y probablemente para siempre, pero la economía y la
distribución de recursos escasos son, en definitiva, un juego de suma cero y la experiencia ya
debería habernos enseñado que lo que nosotros perdamos, por dejadez o por lo que sea, otros
lo encontrarán. Y no muy lejos de aquí. Es cuestión de no perder nada más y de potenciar lo
que nos queda, que aún es mucho.

El envejecimiento de la población, las secuelas de la pandemia y la falta de médicos están
estresando, no sólo en Barbastro, un sistema de salud también bastante envejecido y
afectando a un hospital, el nuestro, que desde el principio, allá por los 80, ya se veía con recelo
desde los órganos de decisión de la capital. Los médicos son, desde luego, el elemento más
importante del sistema, aunque sea necesario disponer de instalaciones y medios adecuados,
y la escasez de profesionales será, lo es ya, el mayor problema, no su competencia ni su
dedicación, como sugieren en determinados medios para sacarse el problema de encima. En
Francia, en Inglaterra, en Alemania… les pagan mejor y, según dicen los que de vez en cuando
salen por televisión, les permiten trabajar en condiciones más dignas tanto para ellos como
para sus pacientes. ¿Cómo se puede resolver eso? Pues difícilmente, estoy de acuerdo, pero se
podría empezar por detener el deterioro urbano de la ciudad y hacerla más vivible.

Para pedir a profesionales cualificados, y no sólo en el ámbito de la medicina, que construyan
aquí su proyecto de vida hay que proporcionarles y de paso proporcionarnos, un entorno lo
más digno posible y unos servicios suficientes y de calidad. Hoy por hoy, a los propietarios de
edificios en el centro les sale más a cuenta irse a vivir al extrarradio y dejar que sus casas se
deterioren y arruinen, que mantenerlas en condiciones. Los constructores, con notables y
honrosas excepciones, también prefieren construir en las afueras que arrostrar las dificultades
y los gastos de hacerlo en el centro que, como consecuencia, se va deteriorando cada vez más.
En la calle General Ricardos, la arteria principal de la ciudad, hay algunos establecimientos con
sus actuales titulares en edad de jubilación y sin relevo aparente. No es difícil imaginarse el
aspecto que tendrá la calle si finalmente se ven obligados a cerrar. Ya hay ejemplos en la
misma y en otras zonas comerciales de la ciudad.

Un día de estos habrá un debate sobre el estado de la ciudad, una interesante novedad que
quizá llegue un poco tarde, dada la proximidad de las elecciones, pero que, aun así, no es algo
superfluo. Será, sin duda, una forma de descubrir que idea de ciudad tienen los concejales, si
tienen algún proyecto y las causas de la parálisis actual que, de todas formas, viene de largo.
También es posible, como no, que el debate se sustancie en un intercambio de reproches y en
la aprobación, en el mejor de los casos, de propuestas de corto recorrido y nulo interés
estratégico, pero hay que dar un voto de confianza, tanto al gobierno como a la oposición, y
suponer que, lo que en realidad se proponen, es mejorar la ciudad. Pero ya veremos.

Enviado a ECA (18112022)

miércoles, 21 de septiembre de 2022

El plan de contingencia

La ministra Ribera, con competencias sobre la transición ecológica y el reto demográfico, propuso hace unos días, meses ya, elaborar, contando con los autoproclamados agentes sociales, empresas eléctricas y gasistas, etc., lo que con toda propiedad llamó un plan de contingencia en el que, es de suponer, se discutirían las posibles acciones a emprender en el caso, parece que probable, de que el acceso a la energía se encarezca o se complique algo, bastante o mucho.

En la nota de prensa publicada por el MITECO, a propósito de la primera de las reuniones que la ministra ha mantenido con este propósito, se aseguraba que España no afronta problemas de seguridad de suministro, pero que debe prepararse para un posible escenario de escasez de gas en la UE durante los próximos meses y, a continuación, delimitaba los objetivos del plan: “El Plan de Contingencia girará sobre tres ejes: uso inteligente de la energía, sustitución de gas por electricidad y otros combustibles y medidas de solidaridad con los socios europeos” o leyendo entre líneas, que el problema lo van a tener otros, pero aquí estamos nosotros para ayudar a quien lo necesite.

Dejando aparte la dificultad técnica de diseñar algo que gire sobre tres ejes, el problema de los redactores de este tipo de notas es que deben decir lo menos posible, o mejor aún nada, con la mayor cantidad de palabras y eso, precisamente, es lo que no ha conseguido el autor de ésta. El plan de contingencia parece estar centrado en el gas, para seguir la estela de las sanciones y contra sanciones a y de Rusia, que podrá ser sustituido, dice, por electricidad y otros combustibles (sic). Lo de los otros combustibles no lo acabo de entender: ¿petróleo, carbón, madera …? y lo de la electricidad tendrá que ver, supongo, con que la Comisión Europea, en un alarde de posibilismo haya declarado verde a la energía nuclear y, de paso, también al gas. En fin, ya veremos en qué se traduce, si es que finalmente el plan llega a ver la luz, lo del uso inteligente de la energía y las medidas de solidaridad con los socios europeos. El optimismo que no falte.

En cualquier caso, los planes de contingencia que pueda elaborar este gobierno no me tranquilizan demasiado, la verdad. La última noticia sobre este asunto, publicada en la Web de la Moncloa en torno al 7 de septiembre, se parece mucho a la primera, publicada a mediados de julio: la ministra se reunirá, otra vez y con el mismo objeto, con consumidores, sindicatos y empresas del ramo. Si el otoño va a ser durísimo, como nos adelantó otra ministra, la de defensa en este caso, que, al menos en teoría, debería estar entre las personas mejor informadas del país, entonces el plan de contingencia debería encontrarse en una fase algo más avanzada, habida cuenta de que, cuando tengan este semanario en sus manos, el verano habrá terminado o le quedarán unas pocas horas (a las 3:04 del viernes 23, la distancia al Sol será la misma para los dos polos terrestres y empezará el otoño astronómico en el hemisferio norte).

Me parece más interesante e incluso más realista, un plan de contingencia local, pero aquí somos bastante reacios a elaborar planes a largo o incluso a medio plazo. Además, son ya muchos años de anunciar la llegada del lobo, sin que el lobo llegue y nuestras autoridades están ya curadas de espanto, sobre todo una vez que han comprobado que festivales, ferias y fiestas han vuelto con renovados bríos, muy a pesar de los agoreros que las daban por desaparecidas.

Curadas de espanto, carentes de imaginación -en España la imaginación no cotiza en política- y con las próximas elecciones como único horizonte, bastante han hecho, los que lo hayan hecho, con elaborar un plan estratégico por el ingenioso, sencillo, barato y hasta agradecido procedimiento de recoger y compilar las sugerencias de la gente. El riesgo es que la gente se pregunte que para qué sirve tener un gobierno, de cualquier nivel, si al final las ideas tienen que ponerlas ellos. Conviene, sin embargo, tranquilizarlos en ese aspecto. El gobierno puede parecer, a veces, innecesario, pero, desde luego, es inevitable[1].

Un hipotético plan de contingencia estaría orientado a prever y, a ser posible, minimizar, los efectos de una crisis coyuntural grave, el durísimo otoño que anunció Margarita Robles, y que puede derivar en una aceleración incontrolada de la pérdida de complejidad del sistema, con la consiguiente destrucción de los enlaces y conexiones que lo mantienen en funcionamiento y que, al menos en parte, ya ha comenzado. No hay más que mirar a nuestro alrededor para constatar que muchas cosas que, hace sólo unos pocos años, funcionaban razonablemente bien o al menos estaban ahí, y no me refiero sólo a la cosa pública, han dejado de hacerlo o han desaparecido y no parece que, a corto plazo, vayan a recuperarse.

Bajo ciertas condiciones, una población de tamaño medio, como Barbastro, podría disponer, en una emergencia, de una importante ventaja comparativa respecto a las grandes ciudades siempre y cuando, claro, dispusiera de un plan auspiciado por el Ayuntamiento, con o sin la colaboración de otras administraciones públicas o entidades privadas como la Cruz Roja, la Iglesia o colectivos ciudadanos sin afiliación. Se puede elucubrar todo lo que se quiera sobre el contenido ese plan, pero no hay mucho tiempo ni tampoco necesidad de inventar nada. Hay ciudades, sobre todo en el mundo anglófono, que cuentan desde hace tiempo con documentos muy elaborados y actualizados. No hay más que copiarlos o utilizarlos como plantilla y adaptarlos, pero, básicamente, habría que intentar garantizar un reparto equitativo de los alimentos y el combustible disponible, la atención a los niños, los enfermos, los mayores y los discapacitados, el acceso a los hospitales y centros de salud, el funcionamiento de los servicios de policía, el mantenimiento del orden y unas pocas cosas más.

También es posible que la guerra en Ucrania acabe pronto y bien, aunque no consigo imaginar cómo; que el gas y el petróleo vuelvan a fluir a precios razonables como consecuencia de lo anterior; que la inflación se estanque o remita; que no aparezcan más pandemias; que Europa no se rompa del todo y que la economía real consiga reparar, aunque sea temporalmente y sólo en parte, las conexiones rotas, que el gobierno deje de anunciar el apocalipsis y la solución en el mismo día y que salgamos del otoño con la cartera todavía en el bolsillo. Si fuera así, la sorprendente resiliencia del sistema nos habría dado otra prórroga que podríamos aprovechar para estar preparados cuando el cielo caiga sobre nuestras cabezas. O para organizar las fiestas del año que viene. Pero en realidad, a estas alturas la única actividad verdaderamente necesaria, aunque en modo alguno suficiente, para evitar el colapso sería incrementar, hasta donde fuera posible, el nivel de sapiencia, que no es lo mismo que de conocimiento o inteligencia, de la mayoría. Feliz comienzo del otoño.

[1] Government: Unnecessary but Inevitable, Randall G. Holcombe, DeVoe Moore Professor of Economics at Florida State University.

sábado, 19 de febrero de 2022

El ¿final? del invierno.

Parece que el Ayuntamiento o el gobierno de Aragón o ambos se proponen construir un número indeterminado de viviendas en el antiguo acuartelamiento militar. En algún sitio, siento no recordar dónde, he oído que la respuesta municipal a las objeciones planteadas en distintos ámbitos ha sido algo así como ‘a caballo regalado no le mires…’, lo que supongo que significa que hay dinero para eso, pero no para otra cosa. Bueno, pues, aun así, la decisión me parece un lamentable error, error que ya estuvo a punto de cometer, por lo que parece, el anterior ayuntamiento pero que paralizó la crisis económica de 2008. Construir viviendas en las afueras es, supongo, mucho más sencillo y barato que hacerlo en el centro, pero también supone obviar el proceso de degradación del casco urbano y convertirlo, en la práctica, en imparable. Barbastro es, todavía, una ciudad bastante vivible aunque no demasiado atractiva, y que cuenta con algunos servicios de calidad, hospital, centros educativos, UNED, establecimientos comerciales de solera…, pero que para muchos profesionales de la educación, la medicina, la banca, la administración… se está consolidando como ciudad de paso o en la que iniciar trayectorias laborales con la vista puesta en el traslado a Zaragoza, Madrid o cualquier otra ciudad. En estas condiciones, habría que preguntarse si existe realmente una tendencia marcada hacia la irrelevancia y en ese caso, si esa tendencia podría revertirse bajo ciertas condiciones hasta el extremo de hacer de la ciudad un lugar deseable para iniciar y consolidar un proyecto de vida. Mi confianza en la iniciativa pública es más bien poca. La política ha devenido un sainete que ni siquiera es divertido y la probable buena voluntad de nuestros políticos locales queda oscurecida por la falta de recursos y de planificación y también por la injerencia de las cúpulas de sus partidos. Queda la iniciativa ciudadana, imprescindible en todo caso, y el foro B21 ha demostrado, en alguna ocasión, que es posible movilizar a la gente cuando el objetivo, es el caso del centro de salud, lo merece. Barbastro perdió hace ya años su acuartelamiento, el último número de este periódico da cuenta de las consecuencias que esa pérdida tuvo, tanto social como económicamente, para la ciudad. Años antes había desaparecido la estación de ferrocarril, situada al final de una vía sin salida que venía de Selgua y sometida a una competencia imposible con el automóvil y el bajo precio de los combustibles. Ni uno ni otra han dejado rastro y los terrenos de ambos parecen estar abocados al mismo destino residencial. En todo caso la estación, si en algún momento se revisara la sorprendente decisión de dejar a Huesca y Barbastro al margen de la línea Zaragoza Lérida, necesitaría una nueva ubicación. Reivindicar ahora el tren, ya lo hicimos hace unos años con el éxito que cabía esperar, puede parecer una fantasía sin ninguna posibilidad de materializarse, pero el escenario, a medio e incluso a corto plazo, puede cambiar lo suficiente como para que un desplazamiento hacia el noroeste de la línea actual, e incluso su conexión con un tren que enlazara Zaragoza con Toulouse y las líneas europeas de alta velocidad, no fueran una idea tan descabellada. Un gobierno y una oposición que no estuvieran dedicados a tiempo completo a sus batallitas y a mirarse el ombligo, podrían considerar interesante diversificar las salidas hacia Europa y abrir una travesía por el pirineo central y por Barbastro. Si yo fuera el alcalde ya estaría buscando terrenos para la estación (si me pisan la idea no pasa nada) Y en todo caso, Barbastro necesita un plan de ciudad a medio plazo y teniendo en cuenta lo que el futuro puede deparar. Un plan de transición de una economía basada en el carbón a otra donde los combustibles fósiles sean un recuerdo. Ese plan debería ser el objetivo prioritario de este Ayuntamiento para lo que queda de legislatura. Publicado en ECA el 18/02/2022

miércoles, 10 de marzo de 2021

Breve historia de los primeros tiempos de la informática institucional en España. El caso del centro de la UNED de Barbastro

La historia de la informática en el Centro de la UNED en Barbastro comienza en un tiempo que hoy resulta difícil imaginar. Cuando el centro se creó, en 1983, la informática administrativa era prácticamente inexistente en la red de centros de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. La gestión académica descansaba en procedimientos manuales y en un sistema centralizado de tratamiento de datos en Madrid. Las matrículas se realizaban en los centros, pero la documentación en papel se enviaba después para su procesamiento diferido. Los listados no regresaban hasta meses más tarde, a veces ya en primavera, cuando muchas decisiones organizativas debían haberse tomado con anterioridad.

Ese modelo no era una anomalía, sino la lógica de la época. La informática era cara, escasa y, sobre todo, centralizada. La periferia ejecutaba; el centro procesaba. Lo relevante, sin embargo, es que la ruptura de ese esquema no vino de una decisión estratégica, sino de algo mucho más modesto.