He recibido una foto en la que aparecen el ministro de la Presidencia,
Sr. Bolaños, y el líder de la oposición, Sr. Feijóo, en agradable y distendida
conversación. Aparentemente la foto ha causado el escándalo de algunas buenas
gentes que creen ver en ella la imagen de una connivencia intolerable o de un
compadreo falaz. Algo que desmiente el pretendido rigor y la aparente hostilidad de sus enfrentamientos
públicos.
Pero es que los políticos no se enfrentan entre ellos porque
se odien realmente —aunque es probable que, en muchos casos, no se soporten,
especialmente dentro del mismo partido—, sino porque interpretan el espectáculo
que la ciudadanía espera ver. En el fondo, actúan como si ese enfrentamiento
formara parte de sus obligaciones: una coreografía de la confrontación que da
sentido a su rol público.