Mostrando entradas con la etiqueta informática. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta informática. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de marzo de 2024

La informática en la gestión de la UNED. El papel del Centro de Barbastro.

 

La historia de la evolución de la informática en el Centro de la UNED en Barbastro comienza, como tantas otras en las instituciones españolas de los años ochenta, en un contexto que hoy resulta difícil de imaginar. Cuando el centro se creó en 1983, la informática administrativa era prácticamente inexistente en la red de centros asociados de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en la misma sede central. La gestión académica se apoyaba en procedimientos manuales y en un sistema centralizado de tratamiento de datos en Madrid. Las matrículas se realizaban en los centros, pero los datos se enviaban posteriormente a un centro de proceso que los trataba de forma diferida. Los listados resultantes no regresaban hasta varios meses después, a veces bien entrada la primavera, lo que dificultaba enormemente la organización académica y administrativa del curso.

La introducción de la informática en Barbastro no fue el resultado de un plan institucional sino de una iniciativa propia. El primer ordenador que utilicé en el centro fue un HP-80 de mi propiedad, con el que empecé a resolver problemas administrativos muy concretos. La primera aplicación que desarrollé fue una base de datos de estudiantes escrita en BASIC que permitía almacenar direcciones y generar etiquetas adhesivas para la correspondencia postal. Puede parecer una mejora modesta, pero en una universidad que dependía intensamente del correo para comunicarse con sus estudiantes, la posibilidad de generar automáticamente listados y etiquetas representaba ya un cambio significativo en la organización del trabajo administrativo.

Ese primer experimento demostró rápidamente que la informática podía resolver problemas reales del centro. A partir de ahí comencé a desarrollar aplicaciones más ambiciosas. Ya en el primer año procesé localmente los datos de matrícula, lo que permitió disponer de listados de estudiantes de forma inmediata, en contraste con el sistema central que tardaba meses en devolver esa información. Aquella diferencia evidenció el potencial de la informatización descentralizada y fue uno de los primeros indicios de que la informática podía transformar la gestión académica de los centros asociados.

Con el paso de los años el sistema fue evolucionando hacia entornos más potentes. Los primeros programas en BASIC dieron paso a aplicaciones basadas en bases de datos como dBase II, inicialmente en equipos que funcionaban bajo el sistema operativo CP/M. A comienzos de los años noventa adoptamos ordenadores compatibles con IBM PC y el sistema operativo MS-DOS, lo que permitió utilizar versiones más avanzadas de las bases de datos dBaseXX y posteriormente el compilador Clipper. Este entorno facilitó el desarrollo de aplicaciones más robustas y portables y permitió construir un sistema integrado de gestión que incluía la matrícula de estudiantes, la gestión de tutores, la administración de la biblioteca, la librería del centro y la contabilidad presupuestaria.

La introducción de redes locales supuso un nuevo salto cualitativo. Fuimos de los primeros en implantar una red basada en Novell NetWare, lo que permitió trabajar con bases de datos compartidas y aplicaciones multiusuario. En ese momento la informática dejó de ser una herramienta individual para convertirse en la infraestructura básica de la gestión del centro.

A medida que el sistema demostraba su utilidad, comenzó a despertar interés entre quienes visitaban Barbastro. Durante años la difusión de estas herramientas se produjo de manera informal, mediante demostraciones a responsables de otros centros y a representantes de la universidad. Finalmente la UNED decidió impulsar un programa de informatización de los centros asociados que incluía la adquisición de equipos y la instalación de aplicaciones desarrolladas aquí. De este modo, soluciones nacidas en un centro periférico pasaron a formar parte de la infraestructura tecnológica de toda la red.

La informatización administrativa fue acompañada por otras innovaciones que transformaron gradualmente la relación entre profesores, tutores y estudiantes. La introducción de sistemas de videoconferencia permitió establecer una comunicación directa entre los equipos docentes de la sede central y los centros asociados, reforzando el carácter distribuido de la universidad en una institución cuya característica fundamental era precisamente la dispersión geográfica de sus estudiantes.

Uno de los ámbitos donde la tecnología tuvo un impacto más profundo fue el de los exámenes. Durante décadas el sistema de evaluación de la UNED se había basado en una compleja logística de transporte físico de pruebas. Los exámenes se enviaban desde Madrid en sobres agrupados en grandes cajas, las llamadas valijas, que llegaban a los centros asociados antes de cada convocatoria. Allí se organizaban manualmente por asignaturas y sesiones. Los estudiantes esperaban en los pasillos mientras el personal buscaba los sobres correspondientes y llamaba asignatura por asignatura para distribuir las pruebas. Una vez realizados, los exámenes regresaban a Madrid en las mismas valijas para su corrección.

El crecimiento de la universidad, con un número cada vez mayor de titulaciones y estudiantes, empezó a tensionar ese sistema. La primera mejora consistió en desarrollar una aplicación que identificaba a los estudiantes en la entrada del edificio y registraba la asignatura de la que iban a examinarse. Gracias a esa información era posible preparar de antemano los listados de cada aula y organizar la distribución evitando que quienes se examinaban de la misma asignatura se sentaran juntos.

Esa solución inicial llevó a replantear el sistema completo. A finales de los años noventa surgió la idea de sustituir el transporte físico de exámenes por un sistema digital. Así nació la Valija Virtual, que eliminaba las cajas y sobres tradicionales: los exámenes se distribuían electrónicamente a los centros, se entregaban a los estudiantes al entrar en el aula y, una vez realizados, se escaneaban y se enviaban digitalmente a los profesores para su corrección. La implantación del sistema encontró inicialmente resistencias, especialmente entre algunos profesores que desconfiaban de la desaparición del documento original en papel. Sin embargo, el apoyo de los rectores Jaime Montalvo y Araceli Maciá permitió extender el sistema a toda la red en un plazo relativamente corto. Con el tiempo la Valija Virtual se convirtió en un elemento esencial de la logística de exámenes de la universidad.

En paralelo, las primeras aplicaciones de gestión de alumnos, tutores y tutorías desarrolladas en Barbastro fueron evolucionando hasta dar lugar a Akademos, una plataforma integrada que ya no operaba en la red local de un solo centro sino en la infraestructura común de toda la universidad. El salto no era solo técnico: Akademos permitía organizar la actividad académica de forma coordinada entre todos los centros asociados, de manera que cualquier estudiante pudiera acceder a las tutorías de todas sus asignaturas con independencia de si se impartían de forma presencial en su centro o a través de la red. Lo que había nacido como una solución local para gestionar un centro concreto se convertía así en una herramienta de cohesión institucional.

Durante la pandemia de COVID-19, la imposibilidad de realizar exámenes presenciales obligó a buscar una alternativa en tiempo récord. En apenas tres meses desarrollamos AVEX, una plataforma de examen en línea que permitió a la UNED mantener la evaluación académica durante aquel período excepcional. Finalizada la pandemia, la universidad optó por retomar el modelo presencial apoyado en la Valija Virtual. AVEX fue, en ese sentido, un episodio forzado por las circunstancias más que una etapa prevista en ninguna hoja de ruta: la demostración de que la trayectoria tecnológica acumulada durante décadas podía responder, cuando fue necesario, a una emergencia de esa magnitud.

Vista en perspectiva, esta trayectoria refleja el paso desde una informática artesanal y local, desarrollada con recursos muy limitados en los años ochenta, hasta sistemas complejos integrados en la infraestructura digital de una universidad nacional. Pero hay en ella una paradoja que merece subrayarse: la innovación nació siempre en la periferia. Fueron iniciativas surgidas en un centro pequeño, concebidas para resolver problemas concretos de la vida cotidiana, las que acabaron configurando herramientas institucionales de alcance nacional. Y sin embargo, esa misma expansión terminó reforzando la capacidad de la sede central para coordinar y controlar el funcionamiento del conjunto. La descentralización tecnológica produjo, a la larga, más centralización institucional. No es un reproche: es simplemente lo que ocurre cuando una solución local funciona tan bien que deja de ser local.