- Buenos
días. - Buenos días. ¿En qué podemos ayudarles? - Estábamos pensando invertir en un
pequeño negocio - Estupenda idea. Les felicito. España
necesita emprendedores. - Tenemos un pequeño problema. No
tenemos dinero. - Es un problema, desde luego. Pero no
es pequeño. - Nos han dicho que aquí nos lo
resolverían. - Algún gracioso. Pero lo habrá hecho
sin mala intención. No se lo tengan en cuenta. - En fin, que ustedes podrían anotar
en nuestra cuenta, en el haber, claro, la cantidad que necesitamos. - Vaya, qué idea tan fantástica… Y ¿por qué íbamos a hacer semejante cosa?
- Hola.
- Hola, me alegro de verle.
- Bueno, yo estaba alegre cuando lo he visto.
- Estupendo. Pues ya estamos los dos alegres.
- No, yo no. He dicho que estaba alegre cuando lo he visto. Ahora ya no lo estoy.
- Caramba. ¿Quiere decir que verme a mí le ha quitado la alegría?
- Pues sí, exactamente así ha sido.
¿A pedir hora?
Aquí hay que venir con la hora pedida.
Pero…
Si no tiene
hora no puedo atenderla. Lea, lea las instrucciones en aquel panel.
Precisamente
quiero pedir hora para que me atiendan.
Ya, pero eso
es después. ¿Tiene usted hora?
Las diez y
cuarto.
Me refiero a
si le han dado a usted hora para ser atendida en esta oficina.
No, aún no. Ya
le he dicho que he venido a pedirla
Hay que tener
hora para venir aquí a pedir hora. Pero la gente hace lo que le da la gana y
así va este país. Tiene usted a su disposición un número de teléfono y una
página web, aunque hoy, por lo visto, la página no funciona.
-Buenas
tardes -Muy
buenas - ¿Qué le parece nuestro partido? - El nombre me parece una traducción pasable del Yes, we can de Obama, pero la letra y la música me parecen un poco estridentes. Será cosa de la juventud. ¿Y
a usted? -A mí me parece que ya era hora. -Ya
era hora ¿de qué? -De
que viniera alguien a poner orden.