Los informativos de la Semana Santa han dedicado buena parte de su tiempo a glosar las ceremonias religiosas, sobre todo las declaradas de interés turístico local, regional o nacional, y a destacar el alto grado de ocupación de hoteles y restaurantes que estas ceremonias han propiciado. Nada que objetar, desde luego, a que los turistas, como las abejas el polen, muevan el dinero de un sitio a otro, en una economía demasiado contingente, en mi opinión, pero que, de momento, parece funcionar. Claro que no para todo el mundo funciona igual de bien. O de mal. En los mismos informativos se daba cuenta del creciente número de ciudadanos que engrosan las llamadas colas del hambre, recogiendo lotes de alimentos en organizaciones o instituciones de caridad. Dos mundos socialmente alejados, pero físicamente próximos, conviven en un mismo telediario, claro que, con el segundo, las colas del hambre, presentado como anécdota, dependiente de una inflación coyuntural, y el primero, el mundo de yupi, como tendencia. Parece que el llenazo de Semana Santa no ha sido más que un anticipo de lo que vendrá en verano. Ya veremos.