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martes, 18 de noviembre de 2025

Pleitos tengas... y los ganes (de una vieja maldición popular)

En junio de 2022 compré un triciclo motorizado que tenía, y tiene, las características que exige el reglamento general de vehículos para ser considerado un vehículo para personas con movilidad reducida. La DGT emitió, a petición mía, un informe en el que se dice que el vehículo en cuestión 'puede' ser considerado un ciclomotor de tres ruedas o un vehículo para personas con movilidad reducida. El jefe de la policía municipal en el momento de la compra vio el vehículo y no apreció ningún problema en que recibiera tratamiento similar a una silla de ruedas a pesar de que su aspecto, no su velocidad ni su peso, era el de un ciclomotor de tres ruedas, similar, por otra parte, a los Scooter de tres y cuatro ruedas que utilizan las personas con problemas de movilidad.

Después de un año utilizándolo sin problemas, y ya con un nuevo jefe en la policía municipal, un agente me impuso una sanción de 500€ por circular sin ‘autorización administrativa’. Todos los intentos de solucionar el problema por vía administrativa, —a través del alcalde y el delegado del gobierno en Aragón, que inicialmente parecieron escandalizarse, de la subdelegación del gobierno en Huesca, de la DGT central y del defensor del pueblo—, se sustanciaron sin éxito: todos acabaron en la jefatura de Huesca de la DGT, poniendo de manifiesto la absurda circularidad y tautología de un sistema diseñado para protegerse a sí mismo. No quedó otra salida que interponer un recurso contencioso administrativo, formalmente contra la imposición de sanción, pero, sobre todo, para intentar aclarar la situación del vehículo.

El recurso ha sido desestimado —tras una sorprendente, y en mi opinión, extemporánea, invitación a negociar por parte del tribunal— en una sentencia que incluye argumentos como que hay que tenerse en pie para subir al vehículo o que no he podido demostrar que haya sido construido ‘específicamente’ para personas con discapacidad. El certificado del fabricante no ha sido, por lo visto, tenido en cuenta o considerado suficiente para probar ese extremo. La sentencia no es recurrible —500€ les parece poca cuantía— pero como es la primera vez que el tribunal ve un asunto como este, no ha habido condena en costas. Algo es algo.

En fin. Felicidades al ayuntamiento de Barbastro que impuso la sanción y a la DGT de Huesca que rechazó todos los recursos presentados y tuvo desde el principio una posición clara y beligerante. No sé qué haré ahora. Quizá lo matricule y salga a la carretera, con un artefacto que no supera los 25 km/h y cuya potencia apenas alcanza la de una batería de cocina. Como cualquier otra silla de ruedas. A ver hasta donde llego. O quizá se lo regale al ayuntamiento o a Cáritas. Después de todo andar un poco, mientras se pueda, previene la sarcopenia y además ya estoy harto de este asunto.

En todo caso, y aunque el resultado, visto en perspectiva, era probablemente previsible, había que intentarlo. Allanarse ante las arbitrariedades conduce a la frustración y la melancolía.

viernes, 20 de agosto de 2021

Diálogos para besugos IV

  • Buenos días
  • Espere, aún es pronto.
  • Venía a pedir hora para una consulta.
  • ¿A pedir hora? Aquí hay que venir con la hora pedida.
  • Pero…
  • Si no tiene hora no puedo atenderla. Lea, lea las instrucciones en aquel panel.
  • Precisamente quiero pedir hora para que me atiendan.
  • Ya, pero eso es después. ¿Tiene usted hora?
  • Las diez y cuarto.
  • Me refiero a si le han dado a usted hora para ser atendida en esta oficina.
  • No, aún no. Ya le he dicho que he venido a pedirla
  • Hay que tener hora para venir aquí a pedir hora. Pero la gente hace lo que le da la gana y así va este país. Tiene usted a su disposición un número de teléfono y una página web, aunque hoy, por lo visto, la página no funciona.
  • Ya, pero, aunque funcione, yo no sé dónde está esa página y en el teléfono sale una señorita muy amable que me asegura cada minuto o dos que me atenderán enseguida. Desde las nueve, llevo esperando. Y como tenía que pasar cerca de aquí…
  • Claro, Ha pensado usted que aquí estamos para cuando a usted le venga bien aparecer. Usted tenía que haber esperado a que le atendieran y en lugar de eso viene aquí sin tener hora.
  • Sí, para pedir hora, precisamente.
  • Y usted cree que yo puedo desatender a otros que tengan hora para atenderla a usted, que no la tiene.
  • Pero… Si aquí no hay nadie.
  • No hay nadie, desde luego. Y ¿por qué no hay nadie, según usted?
  • Pues por…
  • Porque estarán pidiendo hora por teléfono o por Internet, como debería estar haciendo usted. Y dentro de nada se presentarán aquí y se encontrarán con que estoy atendiéndola a usted que no tiene hora. Está usted poniendo en riesgo la seriedad de esta oficina y mi puesto de trabajo.
  • Oiga, mire, la verdad es que había olvidado que ayer mi hija me pidió hora en la página esa. Me dijo que le habían dicho que viniera a las diez y veinte.
  • Eso es otra cosa. Precisamente son ahora. Usted dirá.
  • Venía a pedir hora para una consulta.
  • Ah, muy bien. Hoy está todo cogido, pero mañana tenemos disponibles las 9, las 11, las 12 y la una.
  • Cuanto antes mejor. A las 9.
  • A las 9 pues. Aquí estamos para atenderla.

Como recuerdo y homenaje a los diálogos para besugos de Editorial Bruguera.

Publicado en ECA el 20/08/2021