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| Imagen generada por AI |
Newton, Lavoisier, Faraday o Darwin no
trabajaban ajenos al poder económico. Muy al contrario, dependían de él. Los
príncipes ilustrados, las academias reales o las sociedades científicas fueron mecanismos de mecenazgo que canalizaban
riqueza hacia el conocimiento. Pero lo hacían con una finalidad distinta de la
actual: buscaban prestigio, progreso y orden, no rentabilidad directa. El
dinero servía al saber; no lo gobernaba. La utilidad era una consecuencia
natural de la comprensión, no su condición previa.



