El apagón ocurrido el pasado lunes, atribuido por Red Eléctrica Española a
la desconexión repentina de dos plantas fotovoltaicas en Extremadura y la
subsiguiente pérdida de 15 GW de potencia, ha vuelto a poner de manifiesto las
dificultades de gestión que, casi inevitablemente, acompañan a las situaciones críticas. Aunque el
origen técnico del incidente parece relativamente fácil de explicar, su trasfondo tiene que ver con la complejidad del sistema eléctrico y las implicaciones, también
políticas, de la transición energética.

La energía eléctrica que llega a nuestras casas procede de diversas fuentes:
centrales nucleares, térmicas de carbón o gas (ciclo combinado),
hidroeléctricas, así como instalaciones eólicas y fotovoltaicas. En cada
momento, el operador del sistema, Red Eléctrica Española (REE), decide cuál es
la contribución de cada fuente al sistema, teniendo en cuenta su
disponibilidad, el coste de generación y otros factores estratégicos o
técnicos.