lunes, 21 de diciembre de 2015

De la modificación del sistema electoral

El sistema mayoritario a doble vuelta, que tiene sentido, en mi opinión, en circunscripciones pequeñas y que se utiliza, por ejemplo, en el Reino Unido, tiene algunos inconvenientes como, por ejemplo, que también favorece el bipartidismo o a los partidos hegemónicos y puede primar, a veces de manera escandalosa, a uno de los partidos en liza, dándole un porcentaje de escaños muy superior al de votos obtenidos. Tiene una ventaja y es la mayor proximidad entre el diputado electo y sus electores que, normalmente y con distritos suficientemente pequeños, conocen personalmente al elegido y disponen de formas de contactar directamente con él como su teléfono o su correo electrónico, así como una oportunidad para verlo personalmente y hablar con él periódicamente. En este sistema, y esta es otra ventaja, el poder de los partidos para remover a un candidato que cuente con el favor popular, se ve bastante restringido, mientras que otra de las alternativas al sistema actual, la circunscripción única con listas cerradas y bloqueadas y a una sola vuelta, es decir, cambiando sólo, en relación con el sistema actual, el tamaño de la circunscripción (de la provincia a todo el país), deja también todo el poder en manos de las cúpulas de los partidos y aleja al candidato de sus electores, pero es el único sistema donde la proporcionalidad, esto es la relación entre los votos obtenidos por un partido y los diputados que le corresponden, es prácticamente perfecta con un número suficiente de puestos a cubrir y tanto más,  por supuesto, cuantos más puestos haya. ¿Eso es bueno? Pues no lo sé.

martes, 20 de octubre de 2015

Discurso de apertura del curso 2015/2016. UNED Barbastro

Buenas tardes.

Rector, Presidente, Consejera… 

Inaugurar el curso en la Universidad es un acto formal y solemne, rodeado, en ocasiones, de cierta pompa de origen medieval, que pone de manifiesto el apego de la Universidad por la tradición. A mí me parece que eso está bien, aunque la Universidad no es sólo ni principalmente tradición aunque sea un importantísimo repositorio de cultura científica y humanística. También es o debería ser el lugar donde el progreso humano, en todos sus aspectos, se plantea como un objetivo cuasi revolucionario, aunque actualmente la investigación, sobre todo la aplicada, esté quedando en manos de grandes corporaciones farmacéuticas, alimentarias, energéticas o tecnológicas. Y universidades, no precisamente de segunda fila, como la escuela de negocios de Harvard vendan como progreso la ingeniería financiera que ha iniciado esta crisis y ha convertido la economía en un casino en el que, como pasa en todos los casinos, al final siempre gana la banca. 

martes, 12 de mayo de 2015

El verdadero espíritu democrático, revisitado.

Estamos a poco menos de dos semanas de las elecciones municipales y regionales —o autonómicas, que viene a ser lo mismo—. Lo que más se oye, y se lee, es a gente que se lamenta de que, en tal o cual municipio o región, vaya a salir elegido, de nuevo, tal o cual partido o candidato, a pesar de las abrumadoras evidencias en su contra y de la más que cuestionable ética, y nula estética, de su comportamiento. A mí estos lamentos me hacen cierta gracia, porque suelen venir acompañados de protestas en favor de la democracia como remedio a todos los males que nos aquejan. Más democracia, suelen decir, y algunos claman también por más política, más Europa o más de cualquier otra cosa que parezca tener virtudes terapéuticas.

miércoles, 4 de febrero de 2015

PSOE o no PSOE. Esta no es la cuestión, pero podría serlo.

El secretario general del PSOE dice, desmintiendo a uno de los suyos, que está deseando firmar más pactos con el PP y la prensa adicta (al PP, claro) lo saluda como al hombre de estado que actúa por encima de los intereses de su partido. A ver si le votan, o piden el voto para él, pero no creo. Este hombre y siento decirlo, no está a la altura de lo que la situación actual exige al responsable político del partido que, hasta ahora, ha sido hegemónico en la izquierda. El PSOE, que sobrevivió a Zapatero, puede llegar, con este irrelevante y seguramente bienintencionado personaje, al fin de su larga y no siempre gloriosa trayectoria. Es una pena.

lunes, 2 de febrero de 2015

Diálogos para besugos III. La nueva izquierda.

- Buenas tardes
- Muy buenas
- ¿Qué le parece nuestro partido?
- El nombre me parece una traducción pasable del Yes, we can de Obama,  pero la letra y la música me parecen un poco estridentes. Será cosa de la juventud. ¿Y a usted?
- A mí me parece que ya era hora.
- Ya era hora ¿de qué?
- De que viniera alguien a poner orden.

viernes, 16 de enero de 2015

El futuro es nuestro


Ayer comí con un amigo en Villa Virginia, cerca de Pirenarium, el frustrado intento de crear un polo de atracción turística a base de maquetas a las puertas del Pirineo central y hablamos, también, de energía. Mi amigo, que es un hombre con formación y desempeña un puesto de cierta responsabilidad, cree que el problema energético no es más que algo artificial creado por las compañías petrolíferas que ocultan, deliberadamente, otras alternativas ya existentes para salvaguardar su inversión y que es posible obtener tanta energía como haga falta a partir, por ejemplo, de las pisadas de la gente en un aeropuerto, sobre un suelo especialmente construido para transformar la energía mecánica en electricidad. Por supuesto, también de las fuentes habituales, pretendidamente renovables, como la radiación solar, el viento o las mareas, que proporcionarán la energía necesaria para mover los nuevos coches eléctricos que, también según él, se construirán, se están construyendo ya, cuando hagan falta. No mencionó la energía geotérmica ni la de origen nuclear que, en tan optimista escenario, no parecían necesarias pero, si dejamos de lado lo del aeropuerto que no había oído nunca, el resto es parte de lo que podríamos llamar sabiduría convencional. Mientras tanto el senado de los Estados Unidos cree necesario o útil, someter a votación la existencia del cambio climático. Yo no creo que haya ninguna posibilidad de invertir el proceso catabólico en marcha, cuyo inevitable final es la simplificación, probablemente brusca, del complejo sistema que llamamos civilización, pero no me importaría que las fuerzas interesadas en mantener el statu quo, que no son pocas ni despreciables, exhibieran algo más de sentido ¿común? y tuvieran éxito durante diez o quince años. O más.