| Fachada posterior del Instituto |
Según la prensa de la época, a mediados
de los años sesenta, en España no pasaba nunca nada. En el Instituto de
Barbastro, por supuesto, tampoco. Pero las cosas estaban a punto de cambiar. Fue
un día como otro cualquiera, de 1966, año más, año menos, mientras esperábamos el
comienzo de la clase, cuando una inusual algarabía alteró la tranquilidad de la
habitualmente pacífica calle suburbana que discurría bajo nuestras ventanas. Hacía
algún tiempo que circulaba por los pasillos y en los corrillos del recreo un
rumor que no terminábamos de creer. Aquel curso había empezado con normalidad y
nada hacía esperar que el viejo instituto fuera a verse sacudido por lo que, a
todas luces, era una revolución.