viernes, 5 de junio de 2026

Montserrat

Montserrat y yo
Entre las páginas de un viejo libro ha aparecido esta foto tomada en la plaza de Cataluña de Barcelona, a finales de los años 50. El mundo estaba aún por descubrir y, desde esa perspectiva, debía parecernos algo más serio de lo que después ha resultado ser. No sé si sigue habiendo palomas en la Plaza de Cataluña o si los turistas las han expulsado también a ellas, pero seguro que Barcelona, como casi todo, ya no es lo que era. Entonces había gente que hablaba catalán y gente que hablaba español sin ningún problema. Aprendí algunas palabras en catalán, como calçotet y tovalló —era parte del equipo de ingreso en el Hospital de San Juan de Dios, donde pasé una temporada—, y entendía, como ahora, casi todo lo que me decían; y a mí me entendían todos. Hoy todo es más complicado y el idioma ha pasado a tener un carácter identitario mucho más relevante y ocasionalmente agresivo. Eso no es bueno ni malo. O quizá sea bueno para unos, malo para otros y, como suele ocurrir, indiferente para la mayoría. Es el progreso.