El ayuntamiento parece estar saliendo de la placidez de los últimos mandatos, cosa que no es
necesariamente mala, para volver a la agitación de los 80 y 90. La renuncia de algunos
concejales, los desencuentros con funcionarios y la falta, aparente pero clamorosa, de un
proyecto identificable de ciudad, vuelven a atraer la atención de las gentes del común,
tampoco demasiada en realidad, sobre un órgano de gestión que llevaba algún tiempo
pasando casi desapercibido. Cosa esta que tampoco es necesariamente buena.
necesariamente mala, para volver a la agitación de los 80 y 90. La renuncia de algunos
concejales, los desencuentros con funcionarios y la falta, aparente pero clamorosa, de un
proyecto identificable de ciudad, vuelven a atraer la atención de las gentes del común,
tampoco demasiada en realidad, sobre un órgano de gestión que llevaba algún tiempo
pasando casi desapercibido. Cosa esta que tampoco es necesariamente buena.