Por si faltaba algo en el cuadro, hemos asistido al
espectáculo de ver a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea,
admitir que quizá el abandono de la energía nuclear no fue aquella brillante
ocurrencia moral y estratégica que durante años se quiso vender como signo de
progreso y superioridad moral y política. Y no es un error exclusivo de la izquierda. A veces
Europa rectifica: otras simplemente se queda sin margen.





