Esta se dedicaba a la venta a granel de productos de limpieza, una actividad que debería estar subvencionada, y estaba en el Coso. Tampoco ha podido aguantar más el incremento de los costes y la bajada de las ventas, y finalmente se ha rendido. Una más de las muchas que han desaparecido en estos años, al socaire de las grandes superficies —parece que en Barbastro hay nueve— y de las ventas por Internet.
Otra puerta cerrada y una luz apagada: más oscuridad y menos gente por las calles.
Aún hay quien abomina de la inmigración, pero los inmigrantes parecen ser los únicos a los que aún les queda un poco de iniciativa y de ganas de seguir apostando por el comercio local.



