viernes, 14 de febrero de 2025

Transparencia

La costumbre de retransmitir los plenos del Ayuntamiento, y también los de otras instituciones, es ya vieja y no necesariamente mala. Pero tampoco es, como sostenía un exconcejal con el que comentábamos el último pleno, una panacea o la sublimación de la democracia. Así, me decía, los ciudadanos pueden ver lo que hacemos. Creo que no se dio cuenta de las implicaciones de la frase hasta que terminó de hablar. Y no está mal que la gente preste atención a la forma en la que sus representantes desarrollan sus funciones. Porque las formas tienen importancia, desde luego, pero en la gestión de los asuntos públicos, importan sobre todo los resultados.

Yo no suelo ver esas retransmisiones, pero he visto, porque me ha llegado varias veces al móvil, un fragmento del último pleno municipal. Concretamente la parte en la que el alcalde expulsó a una concejala del pleno porque, según él, no se atenía al contenido del punto del orden del día que se estaba tratando. Las formas, en este caso, resultan chocantes por lo llamativas. Si se expulsara, o simplemente se retirara la palabra, a un político cada vez que se va por los cerros de Úbeda, los plenos, y no sólo los del Ayuntamiento, serían incomparablemente más cortos. Y menos aburridos. Aparte de que la ubicación de los mencionados cerros, por lo que respecta al discurso político, es algo opinable. Dicho esto, expulsar a una concejala durante el tiempo que tiene estipulado para intervenir y con la peregrina justificación de que no se atiene al orden del día, es una decisión… arriesgada, que sienta un precedente difícil de gestionar en el futuro.

Por lo que respecta a los resultados de la gestión, la más consolidada de nuestras tradiciones políticas, permítaseme la perogrullada, exige que al gobierno le parezcan óptimos y a la oposición inexistentes o desastrosos. Eso no es una novedad ni tampoco un problema, porque los resultados en la gestión de un Ayuntamiento no deberían ser difíciles de evaluar. Al menos una vez establecidos los requisitos básicos como, por ejemplo, ¿para qué sirve un Ayuntamiento? A priori esta puede parecer una pregunta sencilla, pero no lo es. Hágansela a un ciudadano desprevenido y ya me contarán lo que les contesta. Si es que les contesta.

El estado actual de la ciudad y su comparación con ciudades próximas y de tamaño parecido, puesto de manifiesto la semana pasada en un artículo del foro B21 sobre el presupuesto municipal, permiten abrigar ciertas reservas acerca de la utilidad inmediata de la institución. El ayuntamiento debería servir para proporcionar determinados servicios, para dar facilidades a las empresas que quieran instalarse en la ciudad, para preocuparse del aspecto general, tanto del centro como de la periferia, y para que la ciudad resulte atractiva para vivir y trabajar. Y también para planificar un futuro que será más o menos problemático en función de cómo lleguemos hasta él.

Pero los políticos, incluso los competentes, no suelen prestar atención a nada que vaya a ocurrir después de las próximas elecciones, y los ciudadanos tampoco ven mucho más allá de sus problemas particulares o de sus simpatías y antipatías personales. Todo ello claro con honrosas, pero no demasiadas, excepciones. Esto, una burocracia que se justifica a sí misma y la falta de mecanismos de evaluación y rendición de cuentas distintos del mero espectáculo televisado, hacen que la gestión de la cosa pública sea ahora tan imprevisible como el tiempo atmosférico. Y casi igual de preocupante.

Enviado a ECA 14 de febrero de 2025


 

jueves, 6 de febrero de 2025

Agosto de 1936.

 

El convento en los años 60. A la izquierda la casa de Carmen y José
Hace casi un mes del fracasado golpe de estado y del comienzo de la guerra civil. La guarnición no ha secundado el golpe y la ciudad se mantiene, por el momento, leal al régimen republicano. Decir que dentro de la legalidad es mucho decir. La legalidad republicana dejó de existir en gran parte del territorio a raíz del golpe de estado. El poder real está en manos de un comité revolucionario que pronto empieza a tomar medidas contra los que considera, en algunos casos con razón, partidarios de los militares golpistas. Uno de los estamentos más afectados es el clero. Los curas de los pueblos son perseguidos y, en muchos casos asesinados en las carreteras. Los pertenecientes a órdenes religiosas presentes en la ciudad, como los claretianos o los escolapios, están encerrados en el salón de actos de estos últimos. El obispo está encarcelado en el Ayuntamiento y muchos ciudadanos, considerados simpatizantes de los rebeldes, en el convento de las Capuchinas.

lunes, 3 de febrero de 2025

Pesadillas


Imagen generada por Dalle E

No suelo tener demasiadas pesadillas, o no las recuerdo, con una pintoresca excepción que viene repitiéndose con cierta frecuencia en los últimos meses. Estoy metido en algún problema o situación complicada. Me he perdido o he perdido a alguien en alguna ciudad desconocida, el coche me ha dejado tirado en una carretera, tengo que llegar a una cita indeclinable y tengo problemas con el tráfico y cosas por el estilo. Todos esos problemas tienen algo en común: se solucionarían o se atenuarían con una llamada telefónica o consultando el mapa que ahora llevan todos los móviles, o consultando el correo o algún sistema de mensajería. Pero siempre me encuentro con dificultades insalvables para manejar el aparato. O bien no consigo marcar el número, o no encuentro la aplicación que muestra el mapa, o estoy sin batería, o… dificultades que solo se resuelven porque, al final, me despierto con una notable sensación de alivio.

jueves, 23 de enero de 2025

Primarias en el PSOE aragonés.

 Darío Villagrasa es una joven promesa del socialismo aragonés que opta, optaba esta mañana al menos, a la Secretaría General del PSOE en Aragón. Los apoyos con que contaba y que, según sus propias palabras, le animaron a presentarse, parecen estar perdiendo peso y volumen, en un proceso que cuenta con notables antecedentes en Castilla León y Andalucía.

Hay, claro, otro candidato. Candidata, en este caso, que cuenta con el apoyo de la dirección federal del partido y que, además, es ministra de educación y portavoz del gobierno socialista. Una candidata difícil de batir para un candidato local, aún en el supuesto de que las preceptivas, si hay más de un candidato, elecciones primarias se llevaran a cabo con total neutralidad por parte de los órganos del partido y del gobierno.

Pero esa neutralidad en las actuales circunstancias es improbable. El gobierno y la dirección federal del partido, que en la práctica son la misma cosa, están sometidos a una fuerte presión por vía judicial y sufriendo una estresante debilidad parlamentaria, que no admite grietas en la unidad interna. Se podría, quizá, haber dejado vía libre al candidato local pero, una vez que se ha optado por la confrontación con la estructura saliente, que por otra parte ya viene de lejos, no se presenta a una candidata, tan significada como Pilar Alegría, para que pierda. Ni para que corra el riesgo de perder.

Es verdad que en Extremadura la candidata supuestamente apoyada por el gobierno perdió las primarias. Pero era una mujer prácticamente desconocida fuera de Extremadura y su oponente era entonces secretario general del partido en la región. Un hombre, además, que había dado la cara en uno de los conflictos judiciales que afectan al presidente. Nada que ver con la situación en Aragón.

Y ¿qué es lo que está pasando ahora? Pues que los apoyos con los que Darío contaba están pasándose a Pilar. Para gente que aspira a tener algo parecido a una carrera política en el PSOE enfrentarse al presidente y secretario federal del partido es algo muy arriesgado. Y para que valga la pena correr el riesgo, no basta con tener un buen candidato. Parece que Darío lo es. O lo era. Ha de ser un candidato con posibilidades reales. Pero basta con que algún apoyo o agrupación considerados firmes se descuelgue, para que empiece la desbandada y todos, o la mayoría, se esfuercen en no llegar los últimos a rendir pleitesía a la ganadora. Y ya se han descolgado varios.

Lo más probable, pues, es que Darío se haga a un lado como consecuencia, desde luego, de una reflexión personal y negociando alguna cuota de poder con Pilar Alegría. Y que Pilar pase a ser la única candidata y, por tanto, la próxima Secretaria General del PSOE en Aragón. Sin el engorro de unas primarias que, como es sabido, las carga el diablo.

Es posible que este proceso, tal como se ha descrito, no contribuya a consolidar la democracia interna dentro del PSOE, pero, a estas alturas, eso no le va a quitar el sueño a nadie. Así son las cosas. O así parecen.


lunes, 13 de enero de 2025

Diálogos para Besugos VII.


- Buenas tardes, yo venía a contarle…
- Es que ahora no puedo atenderle.  
- Pero…
- Y además… ¿Quién es usted?
- Soy el presidente.
- Ah, encantado. Pero no tengo suelto. Vuelva otro día.
- ¿Que no tiene suelto? Va a resultar usted un gracioso. De todas formas, no vengo a recaudar. Eso lo hacen los de hacienda. 
- Ya. Por si acaso. Y ¿A qué ha venido, si puede saberse?
- Como le decía yo vengo a contarle lo mucho que mi gobierno ha hecho y va a seguir haciendo por los más desfavorecidos.
- Pues me alegro de que toque ese tema. Una vez que hayan hecho ustedes por ellos lo que se sea que vayan a hacer, ¿Seguirán siendo los más desfavorecidos? Y, si no, ¿Quiénes serán entonces los más desfavorecidos? A ver si vamos a liarla y favoreciendo, favoreciendo voy a acabar siendo yo el más desfavorecido.
- Bueno, mire, no se preocupe por eso. En realidad, también vamos a trabajar por los más vulnerables.
- Vaya, otros que tienen suerte. Y dígame ¿Qué diferencia hay entre los más vulnerables y los más desfavorecidos?
- Los más vulnerables son los que corren el riesgo de quedarse sin trabajo, sin casa y sin alimentos. Como usted. Los más desfavorecidos son los que ya no tienen casa, ni trabajo ni alimentos. Como ve la diferencia es notable. Los más vulnerables corren el riesgo de ser los más desfavorecidos a no ser que les ayudemos. Por suerte para ustedes estamos aquí.
- Oiga, que yo no corro ningún riesgo de quedarme sin trabajo, sin casa y sin alimentos.
- ¿No? ¿Está seguro?
- Sí. Yo soy un jubilado. Después de muchos años de cotizar recibo una pensión que me he ganado sobradamente. Y tengo mis ahorros. 
- Ah, pero usted no es sólo un jubilado. Usted es un privilegiado, aferrado a un sistema que solo funciona bien con 4 trabajadores activos por jubilado. Ahora no hay ni dos. Lea, lea la prensa. Y dentro de poco habrá uno. Créame, es usted bastante vulnerable y va camino de estar entre los más vulnerables.
Seguro que el sistema de pensiones, en su diseño actual, tiene los días contados. Como tantas otras cosas. Pero yo también, así que estoy preocupado, pero no mucho. Ustedes deberían estarlo más porque para eso cobran, y hasta puede que lo estén, pero tampoco demasiado porque esperan pasarles el problema a los que vengan detrás.  
- Yo he dicho en varias ocasiones que el sistema de pensiones es intocable y que los jubilados actuales pueden estar tranquilos. La última reforma que aprobamos blindó el poder adquisitivo de las pensiones hasta 2050.
- No me diga. Inflación incluida, supongo. Pero entonces, ¿a qué viene eso de que soy vulnerable y llevo camino de serlo más? 
- Pues a que una cosa es lo que hacemos nosotros y otra la que haría la oposición. Ellos recortarían las pensiones, subirían los viajes del Inserso y hasta les quitarían la entrada de cine de los martes. Ya sabe cómo son.
- No. ¿Cómo son?
- Pues…

Enviado a ECA 13 de enero de 2025

jueves, 9 de enero de 2025

Intemporal (publicada en un recopilatorio de historias sobre Barbastro)

Cuando yo nací, en España mandaba un general que había ganado una guerra catorce años antes. Entonces, e incluso muchos años después, aquella guerra seguía estando presente en la mente de todos, aunque la gente procuraba no hablar mucho de ella y en la medida de lo posible intentaba olvidarla. De hecho, había una cosa que me llamaba la atención en mis primeros años y es que no parecía haber nada antes de aquella guerra. O al menos inmediatamente antes. Sí estaban, desde luego, los Reyes Católicos, Felipe II e incluso algunos borbones, pero nada que tuviera que ver con los años inmediatamente anteriores a la República, la república misma o las versiones no hagiográficas de la guerra civil. En los libros que yo leía, las aventuras de Guillermo Brown, por ejemplo, Guillermo iba a la misma escuela que sus padres, pero yo no iba a la misma escuela que mi padre porque mi padre estaba a los 17 años sirviendo una batería nacional cerca de Laspuña, incorporado a la fuerza para hostigar a la 43 división del ejército republicano, ya en franca retirada y concentrándose en la efímera bolsa de Bielsa. La república había suprimido los recuerdos anteriores al 31 y los vencedores de la guerra los anteriores a 1939 con lo que el país parecía limitarse a lo hecho desde que el general victorioso fue proclamado Caudillo de España por la gracia de Dios. O por una gracia de Dios, que también se decía en algunos ambientes.  

viernes, 27 de diciembre de 2024

El Valor del Silencio (Texto generado íntegramente por AI)

 















En un mundo cada vez más ruidoso, el silencio se ha convertido en un bien escaso. Vivimos rodeados de notificaciones, conversaciones ininterrumpidas, motores que rugen y música que resuena en cada rincón. Sin embargo, pocos se detienen a reflexionar sobre lo que significa el silencio, su importancia y las oportunidades que nos ofrece. El silencio no es simplemente la ausencia de ruido. Es un espacio de encuentro con uno mismo, un refugio donde podemos procesar nuestras emociones, pensamientos e inquietudes. En el silencio, encontramos claridad, un momento para analizar nuestras decisiones y evaluar el rumbo de nuestra vida. Grandes ideas han nacido en momentos de introspección silenciosa; incluso las mentes más brillantes, como las de Einstein o Newton, encontraron inspiración en la calma. Pero en la sociedad actual, el silencio tiende a interpretarse como vacío o incomodidad. Las conversaciones se llenan de palabras superfluas para evitar los "momentos incómodos", y muchos sienten la necesidad de estar constantemente conectados para no enfrentarse al temido "aburrimiento". Sin embargo, el silencio no debería asustarnos. Deberíamos aprender a abrazarlo como una herramienta valiosa para el bienestar mental y emocional. Las tradiciones filosóficas y espirituales han reconocido desde hace milenios el poder del silencio. Desde la meditación budista hasta los retiros espirituales en monasterios cristianos, el silencio ha sido clave para alcanzar la paz interior. Estas prácticas nos enseñan que desconectar del ruido externo nos permite escuchar la voz interna, una guía que muchas veces ignoramos por el bullicio de la vida diaria. A nivel práctico, incorporar momentos de silencio en nuestra rutina puede tener efectos profundos. Un paseo por un bosque, unos minutos de respiración consciente al despertar o simplemente apagar el teléfono durante una hora pueden transformar nuestra percepción del día. Estos momentos no solo reducen el estrés, sino que también nos permiten ser más productivos y creativos. El silencio también tiene un impacto social. En un diálogo, aprender a escuchar sin interrumpir puede enriquecer enormemente las relaciones. Cuando dejamos espacio para el silencio, permitimos que las palabras del otro calen más hondo, fomentando una comunicación más auténtica y empática. En conclusión, el silencio no es un lujo, sino una necesidad. En un mundo donde el ruido parece inevitable, buscar momentos de quietud es un acto de resistencia y autocuidado. Más que nunca, necesitamos el silencio para recordar quiénes somos y hacia dónde queremos ir. Como dijo el filósofo Blaise Pascal: "La desgracia del hombre proviene de no saber permanecer en reposo, solo, en su habitación". Tal vez sea hora de redescubrir ese arte olvidado.

jueves, 19 de diciembre de 2024

El dedo en el ojo

 Apenas dos meses después del último ‘momento histórico’, vivido gracias al anuncio de la ubicación de un centro de datos en Calatorao, asistimos a otro a cuenta de la decisión de la empresa china CATL de instalar una gigafactoría en Figueruelas. Un diario de circulación nacional saludaba el acontecimiento con un editorial titulado ‘El milagro económico aragonés’ en el que, entre otras cosas, todas estupendas, se decía que Aragón es ‘una de las pocas regiones de España que están entrando en el futuro de manera clara y firme, convirtiendo en fortalezas lo que hasta ayer eran debilidades’

No creo que sea para tanto, ojalá lo fuera, pero, en todo caso, no estaría de más tratar de mantener los pies en el suelo, sobre todo al hablar de inversiones multimillonarias como las que, por lo visto, está previsto que se materialicen a lo largo del año que viene. Unos cuarenta mil millones, según la entusiasta editorialista.

martes, 17 de diciembre de 2024

Entrevista.

Publicada hace unos años (2009) en un blog sobre energía, hoy desaparecido. La traigo a colación porque poco ha cambiado desde entonces aunque, inexplicablemente, el sistema siga aguantando e incluso presente, a ojos de un observador poco atento, síntomas de recuperación.

Ha escrito usted mucho sobre la crisis energética, la degeneración política y el autoengaño social. ¿Es usted un pesimista?

CG:

No especialmente. Pero menos aún un optimista. Un pesimista cree que todo va a ir mal. Yo me limito a observar que ya ha ido mal. No estoy haciendo predicciones apocalípticas. Solo constato que la política se ha vaciado, que la economía se sostiene sobre humo, y que la energía barata que sostenía todo esto se ha acabado. No es una opinión: son datos.


Pero el estilo de sus textos transmite una forma de escepticismo radical. ¿No hay lugar para la esperanza?

CG:

Claro que hay lugar para la esperanza. Pero no en la política institucional, ni en el mercado, ni en las soluciones milagrosas que se anuncian cada seis meses con nombres distintos. La esperanza, si sirve para algo, debería ayudarnos a mirar con claridad, no a taparnos los ojos. Prefiero la lucidez amarga a la ilusión anestésica.


Usted critica con dureza tanto a la clase política como a los ciudadanos. ¿No teme caer en el cinismo?

CG:

No es cinismo. Es una defensa de la inteligencia. El cinismo es el escepticismo del que no quiere saber. Yo, en cambio, escribo porque creo que todavía hay quien puede —y quiere— entender. No espero una revolución. Me conformo con provocar una sospecha, una grieta en el relato. Un lector que se detenga y diga: “espera, esto no cuadra”. Con eso basta.


¿Qué lugar ocupa el humor en su escritura? A menudo hay sarcasmo, ironía, a veces burla.

CG:

El humor es la única herramienta que le queda al que no tiene poder. Si no puedo impedir que me cuenten cuentos, al menos puedo reírme de los que mienten. Y hacerlos quedar en ridículo. O intentarlo. La política actual es un esperpento. Yo me limito a ponerle un espejo delante.


Usted escribió sobre el “chiste de la senda del crecimiento”. ¿Cree que el crecimiento es un mito?

CG:

No es un mito. Es una necesidad estructural del capitalismo. Si no creces, quiebras. Pero el planeta no crece. Las reservas energéticas no crecen. Los suelos, el agua, el clima... todo eso tiene límites. El crecimiento como principio absoluto es un suicidio lento, y lo peor es que ya ni siquiera funciona. Ahora crecemos en deuda, en desigualdad, en miseria disfrazada de normalidad.


Usted ha hablado del Peak Oil como un hecho consumado. ¿Cree que la sociedad va hacia el colapso?

CG:

No hace falta dramatizar. El colapso no es una explosión. Es un proceso. Ya estamos en él. ¿O no es colapso una sociedad donde millones de personas viven peor que sus padres, trabajan más por menos, y aceptan todo eso como algo inevitable? ¿No es colapso que se debata si el planeta puede sobrevivir a nuestro modo de vida… y se resuelva que no se puede hacer nada, pero que volvamos al consumo con una sonrisa?


¿Qué opina del papel de las energías renovables en este contexto? ¿Cree que son una estafa?

CG:

Las renovables no son una estafa. Pero no son una alternativa completa al sistema fósil. Requieren materiales, infraestructuras, energía previa para obtenerlas. Y sobre todo, no resuelven el problema cultural de fondo: nuestra obsesión por mantener todo tal y como está. No se trata de sustituir una fuente por otra. Se trata de cambiar de vida. Y eso no quiere hacerlo nadie.


¿Y la izquierda? ¿Dónde está en todo esto?

CG:

La izquierda institucional ha asumido los mismos dogmas que la derecha: crecimiento, competitividad, consumo, retórica de la innovación. En lugar de cuestionar el sistema, se ha dedicado a gestionar sus ruinas con lenguaje inclusivo y sonrisas. La izquierda debería incomodar, no gestionar el espectáculo.


¿Por qué sigue escribiendo?

CG:

Por aburrimiento, supongo. Pero también porque alguien tiene que decir que el emperador está desnudo, aunque ya no haya nadie dispuesto a escuchar. Porque si renuncias a la palabra, solo te queda el silencio. Y porque aún no me he rendido. 


 


miércoles, 20 de noviembre de 2024

Conversaciones al atardecer. Guerra Civil

Le he pedido a ChatGpt que se haga pasar por el general Emilio Mola Vidal, director de la conspiración militar que desembocó, en julio de 1936, en un golpe de estado fallido y en una guerra civil de tres años de duración. La hipotética conversación tiene lugar en el gobierno militar de Navarra, un día cualquiera de la primavera de ese mismo año.




Diálogo (simulado) con el General Emilio Mola

Yo: He oído que no está usted muy contento con el régimen republicano en España. ¿Es eso cierto?
General Mola: Cierto. El régimen republicano ha llevado al caos y a la anarquía. La disciplina se ha perdido, y el orden debe ser restaurado.

Yo: ¿No tendrá algo que ver también el que usted se considere marginado por las autoridades republicanas?
General Mola: No se trata de cuestiones personales. Es el deber para con España lo que me mueve. La patria está por encima de cualquier agravio personal. El régimen ha fallado en proteger la nación y mantener la unidad.

Yo: No me diga. Y ¿qué debería haber hecho, que no haya hecho según usted, para proteger la nación?
General Mola: Debería haber restablecido el orden con firmeza, contener el desorden social y frenar el avance del comunismo y el separatismo. En vez de eso, se ha dejado que la anarquía se extienda, debilitando nuestras instituciones y dividiendo al pueblo.

Yo: Bueno, pues preséntese a las próximas elecciones y trate de llegar al gobierno.
General Mola: ¿Elecciones? Esta situación no se resuelve con urnas. La política ya ha demostrado su incapacidad para preservar la nación. Es momento de actuar con determinación y rescatar a España del caos.

Yo: Pero ¿es que piensa usted sublevarse?
General Mola: Si el deber lo exige, sí. La patria necesita hombres que actúen, no que esperen. La sublevación es una opción cuando no queda otro camino para salvar a España.

Yo: Supongo que no es usted el único militar descontento que está pensando en ajustar cuentas con el gobierno.
General Mola: No, no soy el único. Hay muchos oficiales que comparten mi visión y el descontento con este desgobierno. España tiene soldados leales que no permitirán que la nación se desmorone sin luchar.

Yo: La ley que anuló los arbitrarios ascensos del régimen anterior tiene mucho que ver con ese descontento, me parece a mí. Aunque no niego que algunos de ustedes estén legítimamente descontentos con algunos aspectos de la política gubernamental.
General Mola: Puede ser. Algunos pueden sentirse afectados por esa ley, es verdad. Pero la causa es mucho más profunda. No se trata de ascensos o posiciones personales; se trata de ver cómo el país se desintegra mientras quienes deberían defenderlo miran hacia otro lado. Es un asunto de deber y de supervivencia nacional, no de rangos.

Yo: Ya hubo una sublevación encabezada por el general Sanjurjo que fracasó. ¿Por qué cree que ahora va a ser diferente?
General Mola: Porque hemos aprendido de los errores. Esta vez no habrá improvisación. Estamos organizados, con más apoyos y mejor preparados. Sabemos a lo que nos enfrentamos, y la situación del país es mucho más crítica. El pueblo está cansado, los militares estamos listos, y no repetiremos las debilidades de 1932. Esta vez no fallaremos.

Yo: Me preocupa Vd. Está hablando de salvar al país con un baño de sangre.
General Mola: Sé que el camino que planteo es duro, pero la alternativa es peor: la desintegración total de la nación. No busco la violencia, pero estoy dispuesto a aceptarla si es necesario para salvar a España. A veces, para extirpar un mal, el remedio es doloroso.

Yo: Ustedes han jurado defender el régimen republicano. Sublevarse es traición.
General Mola: Lo que juré fue defender a España, y ahora mismo el régimen es quien la está traicionando. La lealtad a la patria está por encima de cualquier juramento a un gobierno incompetente. Si el régimen no cumple con su deber, la obligación de un soldado es actuar para salvar la nación, no para obedecer ciegamente.

Yo: ¿Han intentado ustedes negociar con el gobierno?
General Mola: Las negociaciones han sido intentos inútiles. El gobierno está atrapado por intereses partidistas y extremistas, sin capacidad para entender la gravedad de la situación. No hay voluntad de escuchar ni de rectificar. Las palabras ya no sirven cuando el país está al borde del abismo.

Yo: No sé si sabe que la policía les sigue la pista. Podría acabar usted en la cárcel antes de que consiga sublevar al ejército. O a una parte, porque todos no van a estar con usted y sus compañeros.
General Mola: Soy consciente del riesgo. La policía, el gobierno, todos están alerta, pero no nos detendrán. Sabemos el peligro que corremos, y lo aceptamos. La sublevación no depende de un solo hombre. Ya es un movimiento, una determinación colectiva. Si caigo yo, habrá otros para continuar. Esto va más allá de nosotros, es por España.

Yo: Bueno. Supongamos que se sublevan ustedes y supongamos también que triunfan y derriban al gobierno. ¿Qué harán después?
General Mola: Estableceremos un gobierno de unidad nacional que restaure el orden y la disciplina. Se depurará la administración de elementos revolucionarios, se garantizará la seguridad, y se eliminará la amenaza comunista y separatista. Habrá un poder fuerte y centralizado que devuelva a España la estabilidad. Se protegerá la propiedad privada, y se promoverán valores de unidad y patriotismo. Solo así podremos reconstruir la nación.

Yo: Debe saber que los partidos de izquierdas están organizados y que ese programa no les va a convencer. ¿Piensa encerrarlos a todos?
General Mola: No todos. Pero aquellos que representen una amenaza directa a la estabilidad de España, aquellos que alienten la subversión y el caos, serán neutralizados. Habrá detenciones y medidas firmes contra quienes persistan en el desorden. No se permitirá que vuelvan a arrastrar al país a la anarquía. Si no hay lealtad hacia la nación, se actuará sin vacilación.

Yo: Neutralizarlos... ¿no querrá decir matarlos?
General Mola: Preferiría evitarlo, pero en una situación de guerra civil, lamentablemente, no siempre se puede elegir. La prioridad es asegurar la victoria y la estabilidad de España. Si algunos persisten en una resistencia violenta, se les tratará como enemigos de la patria. En tiempos de guerra, el uso de la fuerza es inevitable. No es una cuestión de deseo, sino de necesidad.

Yo: Bueno. Guerra civil habrá sólo si la cosa queda en tablas. No si triunfa su golpe. No habrá necesidad de matar a nadie.
General Mola: Eso sería lo ideal, claro está. Si el golpe tiene éxito inmediato y logramos controlar la situación sin resistencia significativa, la violencia podría minimizarse. Pero debemos ser realistas: habrá quienes no acepten el cambio y se resistan. Esas fuerzas harán todo lo posible por desencadenar un conflicto. No me engaño sobre la resistencia que encontraremos; siempre preferiría evitar el derramamiento de sangre, pero estoy preparado para lo que sea necesario.

Yo: También puede ser que ustedes fracasen. ¿Creen que el gobierno será tan magnánimo como con Sanjurjo?
General Mola: Lo dudo. Esta vez, el contexto es más tenso, y el gobierno está más alerta y menos dispuesto a perdonar. Si fracasamos, sabemos que nos espera una represalia contundente. No habrá indulgencia. Sin embargo, cada hombre involucrado es consciente del riesgo que corre y está dispuesto a asumirlo. No luchamos por indulgencia, luchamos por convicción.

Yo: Bueno. Ya veo que España, una vez más, va a ser 'salvada' le guste o no.
General Mola: Así es. No se trata de si gusta o no, se trata de lo que creemos que es necesario para preservar la nación. España ha llegado a un punto crítico y no puede permitirse caer en el caos y la división. Alguien tiene que actuar, y nosotros estamos dispuestos a hacerlo, con todas las consecuencias que eso implique.

Yo: La república ha tenido cosas buenas. ¿Piensan mantener el régimen republicano después de su 'golpe'?
General Mola: No, no lo creo. La república ha demostrado ser incapaz de mantener el orden y la unidad. Ha permitido el auge del separatismo, del comunismo y del desorden social. Nuestro propósito es establecer un régimen fuerte, capaz de garantizar la estabilidad y la integridad de España. El régimen republicano ha fracasado, y debemos sustituirlo por una estructura que asegure autoridad, orden y una visión unificada del país.

Yo: Está hablando de la vuelta de la monarquía, claro...
General Mola: Podría ser una posibilidad, pero no es el objetivo inmediato. Lo que buscamos, ante todo, es restablecer el orden y la unidad nacional. Si la monarquía resulta ser la mejor opción para garantizar estos fines y lograr la estabilidad de España, entonces sí, podría considerarse. Pero lo primero es la patria y la paz, la forma de gobierno vendrá después.

Yo: ¿No pensarán establecer una dictadura militar en pleno siglo XX?
General Mola: No se trata de una dictadura militar en el sentido clásico, sino de un gobierno fuerte y centralizado, capaz de tomar decisiones rápidas y efectivas para superar la crisis actual. España necesita disciplina y estabilidad, y eso requiere un liderazgo firme. El objetivo no es perpetuar un poder militar, sino asegurar que el país se reorganice, recupere el rumbo y luego establecer una estructura que garantice el orden y el desarrollo.

Yo: En fin. Si la sublevación es inevitable, espero que fracasen o en el peor de los casos que sean ustedes capaces de tomar el poder de modo inmediato y con el menor derramamiento de sangre posible. De lo contrario tendremos esa guerra civil y en mi opinión cualquier cosa es preferible a la guerra. Incluso que gobiernen ustedes.
General Mola: Lo entiendo. La guerra civil es el peor escenario, y también preferiríamos evitarla a toda costa. Nuestra intención es actuar con rapidez y determinación para evitar un conflicto prolongado. Tomar el poder de inmediato y restablecer el orden con el menor costo posible es nuestra prioridad. Ojalá no tengamos que llegar a esos extremos, pero si no queda otra opción, haremos lo necesario. Espero que la nación pueda encontrar la paz, de una forma u otra.

Yo: Muy bien. Eso es todo. Le agradezco su paciencia. No puedo, no obstante, desearle suerte.
General Mola: Lo entiendo perfectamente. Cada uno tiene su visión sobre lo que es mejor para España. Le agradezco la conversación, ha sido directa y honesta, como debe ser. Hasta otra ocasión, si es que el destino lo permite.



domingo, 3 de noviembre de 2024

Autonomía y catástrofes


No es normal que se abuchee al Rey. Ni que se le lancen pellas de barro u otros objetos cuando acude, junto con la Reina, a interesarse por las consecuencias de una catástrofe humanitaria como la de Valencia. Pero ha ocurrido. Porque la gente está harta. Más que del Rey, probablemente, de los políticos que le acompañaban. Entre ellos estaban los presidentes de los gobiernos central y autonómico, principales responsables de la manifiesta ineficiencia de la administración pública antes, durante y después del desastre. 

Y ¿por qué está harta la gente? Pues porque cree, probablemente con razón, que el Estado, que se queda aproximadamente con el 50% de sus ingresos y pretende regular todos los aspectos de su vida, debería estar presente cuando ocurre una desgracia de este tipo. Y, desde luego, que los políticos, que viven y no mal, a costa de sus impuestos, no deberían ofrecer un espectáculo de elusión de responsabilidades como el que han ofrecido. Y que aún siguen ofreciendo. 

Hay quien cree que las responsabilidades, en esta nueva gota fría, además de con el calentamiento del Mediterráneo y otros factores naturales difíciles de prever y más difíciles de controlar, deben repartirse entre los gobiernos regional y central. Y es cierto, hasta cierto punto, pero hay algún matiz. El gobierno valenciano ha dado muestras de cierta incompetencia y desorientación, como, por otra parte, era de esperar. Estos gobiernos están formados por gentes sin formación ni capacidad específica para este tipo de situaciones, cuyo mérito principal y a veces único, es pertenecer a la cúpula de un determinado partido político. Sirven, mejor o peor, para llevar la gestión ordinaria, planificar eventos, inaugurar cosas y celebrar fiestas regionales. Pero cuando tienen que enfrentarse con problemas reales y graves es difícil esperar que los resuelvan. Pero es que, además, el gobierno valenciano carece de los medios necesarios para afrontar una emergencia como esta así que, aunque tuvieran gente competente al frente, no podrían hacer nada sin la ayuda del Estado.

Y el gobierno central, que tiene los medios y las competencias que se necesitan para intervenir decisivamente, puede haber preferido dejar que el gobierno regional, de otro partido, se queme en el intento, casi inevitablemente fallido, de arreglar algo. Aparentemente, ha rechazado la ayuda ofrecida por países extranjeros, como Francia y Ecuador, mientras movilizaba sus recursos con cuentagotas, alegando que el gobierno regional no los había solicitado. Y así han pasado cuatro días, desde la catástrofe, durante los cuales los afectados se han sentido abandonados por el estado y han sobrevivido sin más ayuda que la prestada por voluntarios civiles de la más diversa procedencia. Incluidos los bomberos franceses cuya ayuda había rechazado el gobierno.

En estas condiciones, la visita real podría, quizá debería, haber sido organizada al margen, o al menos sin la presencia, de los políticos en activo, a los que la gente considera directamente responsables de la desatención sufrida. La función de la monarquía en esta y similares circunstancias es, o debería ser, la de representar el apoyo de la nación y consolar a las víctimas. No la de solidarizarse con el gobierno o respaldar sus acciones u omisiones. Aunque las cosas son como son y no como, idealmente, deberían ser. 

Así, la casa real ha asumido un riesgo, no muy bien calculado, que se ha saldado con algunas lamentables escenas de violencia sin mayores consecuencias, la precipitada evacuación del presidente del gobierno, y una exhibición final de dignidad, solidaridad y empatía por parte de los reyes. 
En todo caso, mientras un número importante de personas siga viviendo sobre barrancos, susceptibles de transportar a gran velocidad enormes volúmenes de agua, podemos estar seguros de que fenómenos parecidos a este o peores, volverán a ocurrir más tarde o más temprano. En Valencia o en cualquier otro lugar donde se den parecidas circunstancias.  

sábado, 19 de octubre de 2024

Mirando al Pueyo

 


Momentos históricos

 

Hace 16 años, en la sala de la Corona de la sede del Gobierno de Aragón, presentaron lo que iba a ser «el proyecto más grande en Aragón desde los Reyes Católicos». Sus impulsores, se dijo, «habían sabido reconocer la idoneidad del territorio aragonés» para desarrollar un proyecto que iba a atraer 40 millones de visitantes cada año y que consistía en ubicar un enorme conglomerado de hoteles y casinos en el desierto de los Monegros.

lunes, 7 de octubre de 2024

Centro administrativo, religioso y universitario de Barbastro

Catedral de Barbastro, Museo diocesano, Obispado, Ayuntamiento, Residencia de las Hermanitas de los ancianos desamparados, Escolapios, Uned, el Coso. En la esquina superior derecha el puente del Portillo y el Vero.

 


sábado, 5 de octubre de 2024

Visión crítica de la democracia

 

La democracia, entendida como un mecanismo institucional para la participación ciudadana en la toma de decisiones colectivas, es un sistema complejo que se ha convertido en un pilar fundamental en las sociedades contemporáneas. No obstante, su aplicación y evolución en el contexto actual plantea numerosas tensiones y desafíos que requieren un análisis crítico y profundo. En este ensayo se revisan las problemáticas inherentes a la democracia contemporánea, fundamentadas en la discusión de sus limitaciones y patologías, inspiradas en el análisis presentado en el documento “Anatomía patológica de una democracia (II)” de Fernando del Pino Calvo Sotelo, que ofrece una visión crítica sobre el estado de la democracia en nuestros días.

La democracia ha llegado a ser considerada, en muchos casos, no como un sistema político perfectible y en constante desarrollo, sino como una especie de dogma incuestionable. Esto contrasta con la visión original de los teóricos fundadores, quienes entendieron que, si bien la democracia representa una mejora significativa respecto de sistemas autocráticos, su eficacia depende de la existencia de límites institucionales claros que prevengan la concentración del poder y protejan los derechos de las minorías. La preocupación sobre la llamada "tiranía de la mayoría" no es un elemento nuevo, sino una advertencia recurrente desde los orígenes de la democracia liberal. James Madison, por ejemplo, la describió como “la forma más vil de gobierno”, destacando la necesidad de mecanismos que limiten el poder de las mayorías y salvaguarden las libertades individuales.

Un aspecto fundamental de la problemática democrática actual radica en la naturaleza del voto. El sufragio universal, si bien garantiza la participación masiva, no necesariamente implica decisiones informadas y racionales. En realidad, la decisión de voto suele estar influenciada por factores externos como la propaganda, el carisma de los candidatos, o la tradición familiar de votar por un partido específico. Esta frivolidad y falta de deliberación crítica pervierte el objetivo de la democracia, que debería basarse en un electorado informado y consciente de las implicaciones de sus decisiones. El fenómeno de la propaganda moderna, facilitado por tecnologías digitales, ha amplificado la capacidad de los actores políticos para manipular las percepciones públicas y canalizar emociones como el miedo, lo cual resta racionalidad al proceso de elección.

Asimismo, el problema de agencia es un componente crítico en la discusión democrática. Los representantes políticos, a menudo, priorizan sus propios intereses o los de grupos específicos por encima de los intereses generales de la población. Esta desconexión entre representantes y representados es, en gran medida, consecuencia de la asimetría informativa y de la falta de mecanismos efectivos de rendición de cuentas. La negociación del gobierno español con los separatistas catalanes y vascos, mencionada en el documento base de este ensayo, ilustra cómo las decisiones políticas pueden estar más alineadas con la supervivencia de un gobierno particular que con el bienestar nacional.

El reto, entonces, no es únicamente identificar las patologías de la democracia, sino reflexionar sobre cómo reformarla y adaptarla a las realidades contemporáneas. Al igual que los avances tecnológicos obligan a reconsiderar y reformular métodos educativos y prácticas sociales, la democracia también debe evolucionar para responder a las nuevas dinámicas sociales, económicas y tecnológicas. La incorporación de la inteligencia artificial y la digitalización, por ejemplo, representan oportunidades y riesgos que deben gestionarse adecuadamente para evitar una mayor concentración del poder o la manipulación exacerbada de la opinión pública.

La legitimidad de la democracia reside, en última instancia, en su capacidad para promover el bienestar de todos los ciudadanos de manera equitativa. Para ello, es fundamental fortalecer el Estado de Derecho, garantizar la separación de poderes y limitar el poder del Estado mediante mecanismos efectivos de control y rendición de cuentas. Adicionalmente, una democracia saludable requiere una ciudadanía educada e informada, capaz de discernir entre los argumentos válidos y la manipulación, y de participar activamente en la construcción de un sistema más justo y equitativo.

La democracia es un sistema en constante construcción que debe ser analizado y criticado para poder evolucionar y enfrentar los desafíos actuales. Lejos de idealizarla como un fin en sí mismo, debemos verla como una herramienta que, si es correctamente gestionada, puede maximizar la libertad y el bienestar colectivo. Es imperativo, entonces, repensar las instituciones democráticas, educar a la ciudadanía y fomentar una participación crítica que permita una constante adaptación del sistema a las nuevas realidades, asegurando así su efectividad y legitimidad en el siglo XXI.

viernes, 27 de septiembre de 2024

Historias del Instituto Laboral

 

Fachada posterior del Instituto
Según la prensa de la época, a mediados de los años sesenta, en España no pasaba nunca nada. En el Instituto de Barbastro, por supuesto, tampoco. Pero las cosas estaban a punto de cambiar. Fue un día como otro cualquiera, de 1966, año más, año menos, mientras esperábamos el comienzo de la clase, cuando una inusual algarabía alteró la tranquilidad de la habitualmente pacífica calle suburbana que discurría bajo nuestras ventanas. Hacía algún tiempo que circulaba por los pasillos y en los corrillos del recreo un rumor que no terminábamos de creer. Aquel curso había empezado con normalidad y nada hacía esperar que el viejo instituto fuera a verse sacudido por lo que, a todas luces, era una revolución.

El profesor no había llegado, así que nos asomamos a las ventanas para ver qué ocurría y, aunque a primera vista no acertamos a identificar lo que estábamos viendo, pronto no quedó ninguna duda. El grupo de chicas que estaban charlando animadamente en la puerta principal se proponían entrar en el Instituto. Más aún, a juzgar por su aspecto y los materiales que llevaban, lo más probable es que fueran a ir a clase.

Séptimo curso, año 1971
El alboroto que previsiblemente íbamos a organizar, escondidos tras las ventanas, quedó para mejor ocasión, tras la entrada en el aula del profesor de Formación del Espíritu Nacional, Casimiro Cortijo, que le quitó importancia al asunto y vino a decir que aquello era completamente normal. En Suecia, claro. Porque aquí, normal, lo que se dice normal, no era. Las chicas habían llegado al Instituto, sí, pero iban a entrar por la puerta principal, a una hora distinta de la nuestra. Además, irían a clase en aulas separadas, ubicadas en un pasillo lateral de la planta baja y el patio de recreo se dividiría en dos, una parte para ellas y otra para nosotros, con una línea de demarcación a cargo de la señora Josefina, una mujer con el temple necesario para asegurar una estricta separación entre las dos zonas.

A pesar de tantas precauciones, la vida del instituto recuperó pronto el ritmo habitual, la ‘frontera’ se fue permeabilizando poco a poco y al acabar, nosotros séptimo y ellas cuarto, nos fuimos juntos de viaje a Mallorca, acompañados por dos profesores. Claro que nosotros fuimos a una pensión, de la que salíamos y entrábamos a cualquier hora, y ellas, me parece recordar, a una residencia o similar. La doctrina de la iglesia lo dejaba bien claro: una cosa es la libertad y otra el libertinaje.

sábado, 14 de septiembre de 2024

Conversaciones al atardecer. Colapso

 

Yo

Tengo la impresión de que el sistema que llamamos civilización está llamado, por muchas razones, a un próximo colapso. 

 MPLN

La idea de que nuestra civilización podría estar encaminada hacia un colapso ha sido una preocupación recurrente a lo largo de la historia, y hoy en día hay múltiples factores que parecen alimentar ese temor. Algunos de los más citados incluyen el cambio climático, la sobreexplotación de recursos naturales, las desigualdades económicas, los conflictos geopolíticos, y la creciente dependencia de sistemas tecnológicos complejos y frágiles.

viernes, 23 de agosto de 2024

Feliz cumpleaños.

Envejecer es, en el mejor de los casos, incómodo. Envejecer con problemas de movilidad aún más. Con alguna enfermedad grave, un tumor en la vejiga por ejemplo, las molestias pueden alcanzar proporciones considerables. No obstante, la vida puede seguir siendo interesante. Y los 71 años un observatorio privilegiado, tanto de lo acontecido como de lo que está por venir. Un lugar desde el que mirar al mundo con una cierta distancia, compatible con la sensación de 'déjà vu'. También con la de que, cuando las cosas se pongan mal y haya que pedir la cuenta, la salida no será sino la lógica e inevitable consecuencia de haber llegado al final del camino.

miércoles, 7 de agosto de 2024

Conversaciones al atardecer. Crecimiento exponencial.


 Una bacteria que se reproduce por duplicación cada minuto se encuentra sola en una vasija a las 11 de la mañana. A las 12 la vasija está completamente llena de bacterias. ¿A qué hora se dan cuenta las bacterias de que se están quedando sin sitio? ¿Por qué?