martes, 12 de enero de 2010
La función exponencial
Si una magnitud determinada crece a una tasa del x% anual, esa magnitud se duplica cada 70/x años. Imaginemos ahora, una botella en la que introducimos una bacteria o cualquier tipo de bicho que se reproduzca por algún procedimiento similar a la división celular y supongamos, en consecuencia, que el número de bacterias se duplica cada minuto y que al cabo de una hora la botella está llena. Si el proceso empieza a las 11:00 ¿En qué momento las bacterias se darán cuenta de que se les acaba el espacio?. A las 11:55 más del 96% de la botella estará vacía. A las 11:59 todavía dispondrán de la mitad de la botella, pero un minuto después, a las doce en punto, ocuparán todo el espacio disponible. Si intentamos solucionar el problema proporcionándoles otra botella ¿cuánto tiempo tardarán en llenarla también? A las 12:01 la segunda botella estará llena y a las 12:02 habrían llenado, si las tuvieran, otras dos botellas.
Esto puede dar una idea de lo que supone, en un entorno finito, impulsar el crecimiento, en cualquier tasa y de la imposibilidad real de sostener ese crecimiento más allá de unas pocas docenas de duplicaciones. Ahora un caso real, el crecimiento de la propiedad de vehículos de motor en manos de los chinos:
¿Por cuánto tiempo podremos sostener esta tasa de crecimiento antes de que el petróleo, o los materiales necesarios para construir automóviles, o el espacio necesario para que circulen se agote? ¿Por cuánto tiempo podrá sostenerse esa tasa, o cualquier otra, de crecimiento?. El problema, de los que planifican el crecimiento,sobre todo, es que confunden la posibilidad, real, de hacer crecer exponencialmente la masa monetaria, lo que no tiene ningún problema ya que el dinero nos lo inventamos, con la posibilidad, ilusoria, de hacer lo mismo con los recursos naturales.
Los datos son de la Oficina Nacional de Estadísticas de la República Popular China y el gráfico de Stuart Staniford
domingo, 10 de enero de 2010
Más sobre la pandemia que nunca existió
sábado, 9 de enero de 2010
Sorry, I'm a doomer.
If you cannot bring good news, then don’t bring any!
The Peak Oil Crisis: 2010 An annus horribilis
miércoles, 6 de enero de 2010
El ocio, de los otros, como recurso
Año Nuevo ¿Vida nueva?
viernes, 1 de enero de 2010
ZP presidente, de turno, de la Unión Europea.
domingo, 27 de diciembre de 2009
Reforma monetaria (I)
sábado, 26 de diciembre de 2009
Drôle d'hiver
lunes, 21 de diciembre de 2009
Nieva, pero poco.
domingo, 20 de diciembre de 2009
Copenhague 2009
lunes, 14 de diciembre de 2009
Optimistas que somos.
sábado, 12 de diciembre de 2009
Un poco de niebla sobre el río.
Democracia (III)
jueves, 10 de diciembre de 2009
Pico de Petróleo (II)
En Inglaterra, a finales del siglo XIX, se produjo una combinación de factores —entonces visibles a escala local— similar a la que hoy amenaza con complicarnos la vida. El uso masivo de carbón en la industria, la calefacción y el transporte ferroviario había vuelto irrespirables las ciudades industriales. Incluso Londres vivía bajo un smog que se confundía con su niebla tradicional. Al mismo tiempo, la mayoría de los grandes yacimientos había superado su pico de producción y entraba en una decadencia irreversible.
Hoy, a escala global, afrontamos la amenaza del cambio climático, supuestamente provocado o acelerado por las emisiones de dióxido de carbono derivadas, en gran parte, de la combustión de productos petrolíferos. Y simultáneamente encaramos la madurez e incluso el agotamiento de los principales yacimientos de petróleo, un recurso no renovable del que depende cerca del 90% de la producción energética actual.
Las coincidencias son claras, pero también lo son algunas diferencias. La más obvia es que la caída de producción en las minas inglesas y escocesas podía compensarse fácilmente con carbón procedente de las colonias o comprado en regiones donde aún era abundante. Nada equivalente existe para afrontar una escasez global. Otra diferencia es que, a finales del siglo XIX, ya despuntaba un sustituto del carbón: el petróleo, más eficiente, más limpio y con mayor densidad energética. Hoy no disponemos de una alternativa viable a corto o medio plazo para la mayoría de los usos de sus derivados.
La transición del carbón al petróleo nunca fue completa. El carbón sigue siendo, junto con el gas natural, una fuente esencial para la generación eléctrica en centrales térmicas. Pero el petróleo —y en especial la gasolina— encontró de inmediato su lugar en los motores de combustión interna, campo en el que el carbón era inútil. Además, en el siglo XIX la dependencia del carbón, aunque elevada, no era absoluta. Hoy, en cambio, la del petróleo sí lo es en la práctica, debido a una globalización que exige transporte barato, al enorme aumento demográfico impulsado por la energía accesible que el petróleo ha proporcionado —población que deberá seguir alimentándose incluso cuando escasee— y a la presión monetaria por sostener un crecimiento económico continuo.
continuará...
martes, 8 de diciembre de 2009
Cambio climático y Peak Oil
sábado, 5 de diciembre de 2009
Un cuento, contado por un idiota
Creeps in this petty pace from day to day…
Life's but a walking shadow, a poor player,
That struts and frets his hour upon a stage,
And then is heard no more. It is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury,
Signifying nothing.
William Shakespeare (Macbeth)
viernes, 4 de diciembre de 2009
Pico de Petróleo (I)
continuará...
domingo, 29 de noviembre de 2009
Decoding the universe
Decoding the Universe, de Charles Seife, abre con una frase lapidaria: «Civilization is doomed». A lo largo de 285 densas páginas, el autor se dedica a justificar esa afirmación desde una perspectiva científica.
El libro necesita un par de lecturas. En la primera, durante esta tranquila tarde de domingo, he creído entender que el propósito último de nuestra existencia, la razón profunda por la que estamos aquí, es la preservación de la información. En este contexto, información equivale a orden y baja entropía.
Las enzimas que corrigen errores en la duplicación del ADN trabajan incansablemente mientras subsiste la posibilidad de que esa información genética sea transmitida a otro ser vivo. Cuando esa posibilidad desaparece, los mecanismos celulares de reparación comienzan a fallar; los errores se acumulan, envejecemos... y morimos.
El orden que con tanto esfuerzo manteníamos comienza a degradarse. La entropía —disminuida localmente gracias a la energía que consumimos— se incrementa sin control. El universo avanza, inevitablemente, hacia un estado de máxima entropía y desorden absoluto: un estado en el que, aunque la energía total siga siendo la misma, ya no podrá realizarse ningún trabajo útil. No habrá procesos físicos posibles, ni reacciones químicas, ni forma alguna de sostener la complejidad.
¿Y qué ocurre entonces con la información que debía conservarse? Pues también se pierde irremediablemente.
En conjunto, se trata de un libro de divulgación ambicioso e interesante, aunque exige cierto bagaje científico para seguirlo de principio a fin. Y, como ya he mencionado, más de una lectura.
martes, 24 de noviembre de 2009
De conspiraciones y otras paranoias
viernes, 20 de noviembre de 2009
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Peak fish
viernes, 13 de noviembre de 2009
El petróleo en octubre

Hope for the best but prepare for the worst
viernes, 6 de noviembre de 2009
La crisis energética (II)
domingo, 1 de noviembre de 2009
Capiat qui capere potest

Esta mañana he visto este cartel en dos tiendas, una carnicería y una librería, ubicadas bastante lejos una de la otra. Debajo el fleco habitual con el número de teléfono al que debía llamar el ansiado profesor. La verdad es que me ha hecho gracia. Que alguien necesite, en estos tiempos y además urgentemente, un profesor de Latin no deja de ser algo sorprendente, porque el latín hace ya algún tiempo que dejó de figurar en los curriculum de eso y bachillerato. Quizá hubiera sido una buena idea intentar convertirlo, otra vez, en la Lingua Franca europea, pero ahora ya es tarde porque ese papel lo ha asumido el inglés, salvo en España, claro, dónde la inmensa mayoría de la población ni lo habla, ni se espera que lo hable, pero andamos entretenidos intentando convertir en idioma propio de cada Taifa alguna fase intermedia de la evolución del Latín al Castellano o alguna jerga incomprensible, sin estructura ni vocabulario, cuyo único mérito parece ser el de que no lo hablen, ni tengan la menor intención de hablarlo, en ninguna otra parte del mundo.

