Peakistas, doomers, cornucopianos, indiferentes, ignorantes… de todo hay en el debate sobre el peak oil. Personalmente —y aunque quizá fuera preferible el estatus de simple observador— no tengo ningún inconveniente en aceptar, con pocos matices, el de doomer, que, según la Wikipedia (no sé qué haríamos sin ella), es una persona preocupada por la eventualidad de que una escasez de petróleo pueda llevar a una recesión económica severa o a otra Gran Depresión, a la que seguirá inevitablemente una catástrofe maltusiana atribuible a la sobredependencia del petróleo, tanto para el transporte como para la producción agrícola e industrial.
La teoría del peak oil, enunciada por Marion King Hubbert en los años cincuenta, es perfectamente consistente con los hechos observados desde entonces y, más concretamente, con el pico de petróleo en los Estados Unidos a principios de los setenta.
Además, hay algunos hechos que el más conspicuo de los cornucopianos tendría problemas para rebatir:
- El planeta es finito y cualquier recurso que contenga es, por tanto, limitado.
- No hay, hoy por hoy, alternativas válidas al petróleo. Ninguna otra fuente de energía —si se exceptúa la nuclear— presenta niveles de concentración parecidos, y la nuclear es utilizable, de momento y con algunas objeciones, para producir electricidad, pero no combustibles líquidos.
- El sistema monetario, basado en la deuda, no permite plantearse la posibilidad de un estado estacionario y hace imperativo el mantenimiento del crecimiento.
- El incremento de población directamente atribuible al petróleo —que ha permitido la agricultura intensiva, con fertilizantes y maquinaria, y la globalización de la producción— es de más de 4.000 millones de personas.
- El petróleo era la principal fuente de energía en 1900 y sigue siéndolo en 2010. No ha habido ningún progreso real en ese campo.
- El hidrógeno —en el que parecen depositarse ciertas esperanzas en el campo del transporte— no se encuentra libre en la naturaleza: hay que producirlo, ateniéndose, desde luego, a las leyes de la termodinámica; y, hoy por hoy, la principal fuente de energía para producirlo es también el petróleo.
- El petróleo fácil ya ha sido extraído. Los nuevos yacimientos tienen una tasa de retorno —energía obtenida por energía invertida— muy baja.
Yo no soy, en todo caso, un doomer nihilista. No creo que haya que hacer nada —ni que no haya nada que hacer— para sostener la globalización y el crecimiento compulsivo, pero sí creo que hay esperanzas de supervivencia para pequeñas comunidades que se planteen un modo de vida radicalmente distinto.
If you cannot bring good news, then don’t bring any!
The Peak Oil Crisis: 2010 An annus horribilis