miércoles, 9 de septiembre de 2026

El informe PISA y la IAG

 

El informe PISA 2025 confirma lo que muchos intuíamos: que el sistema educativo español atraviesa un momento crítico, cuando no francamente preocupante. Los alumnos de 15 años obtienen sus peores resultados históricos en lectura, matemáticas y ciencias, por debajo de las medias de la OCDE y, en lectura, también de la UE. Respecto a 2022, el retroceso es especialmente acusado en lectura y también afecta a las matemáticas; en ciencias la caída es menor, pero existe. En conjunto, la tendencia confirma un deterioro preocupante respecto a los niveles de hace una década.

Las causas son complejas y no se agotan en las excusas habituales de los responsables políticos: factores como la segregación socioeconómica, la formación docente, las prácticas de aula y las diferencias entre comunidades forman parte de un problema que difícilmente puede reducirse al debate ideológico o a la última ley educativa impulsada por el gobierno de turno.

En este contexto, resulta tentador atribuir parte del problema a la inteligencia artificial generativa, muy presente entre los jóvenes y cada vez más usada en trabajos escolares. Sin embargo, el retroceso se observaba antes de la irrupción masiva de estas herramientas. Confundir correlación con causalidad sería un error. La cuestión no es si la IA existe en las aulas, sino cómo se usa: como atajo para evitar el esfuerzo o como instrumento para desarrollar juicio crítico.

Cuando yo era estudiante, hace ya muchos años, se suponía que teníamos que saber multiplicar números de nueve cifras, extraer raíces cuadradas y manejar tablas de logaritmos. Hoy tendría dificultades para hacerlo sin calculadora, y esas tablas han perdido prácticamente toda utilidad. Pero aprender aquellos algoritmos cumplía una función que iba más allá del cálculo: nos obligaba a seguir secuencias, detectar errores, tolerar la frustración y comprender relaciones numéricas.

Un estudiante de hoy puede preguntarse con razón: ¿qué objeto tiene aprender a hacer cosas que la IA hace mejor? ¿Qué objeto tiene esforzarse si quien no se esfuerza y utiliza IA obtiene un resultado aparentemente mejor?

La segunda pregunta es quizá más incómoda que la primera. Si un alumno dedica horas a leer, pensar y redactar un trabajo y otro consigue en pocos minutos un resultado aparentemente mejor recurriendo a una máquina, podemos pronunciar todos los discursos que queramos sobre la cultura del esfuerzo, pero el sistema le está enseñando al primero que esforzarse es una mala estrategia.

La respuesta no está en prohibir la tecnología, sino en diseñar tareas donde el valor formativo resida también en el proceso y no únicamente en el producto. Leer un texto de diez páginas y resumirlo puede parecer una pérdida de tiempo si la IA lo hace en tres segundos, pero un alumno que nunca haga el esfuerzo de leer y resumir difícilmente desarrollará la capacidad de distinguir lo valioso de lo accesorio, de evaluar fuentes y de construir criterio propio.

La educación elimina destrezas obsoletas, pero no puede eliminar el esfuerzo. No es lo mismo delegar una capacidad que ya se posee que sustituir una capacidad que todavía no se ha adquirido. Si queremos mejorar los resultados, deberíamos empezar por recuperar la cultura del trabajo bien hecho, con o sin IA. De lo contrario, podemos estar entregando herramientas de automatización cognitiva a personas que todavía están construyendo precisamente las capacidades que esas herramientas automatizan.

La evidencia disponible sugiere que el uso de la inteligencia artificial puede asociarse con mejores resultados cuando los alumnos reciben formación para utilizarla y, sobre todo, para evaluar críticamente sus respuestas. Bien empleada, puede ser una herramienta excepcional para el aprendizaje.

Pero quizá el problema no sea que los alumnos usen mal la IA, sino que la hemos normalizado sin preguntarnos antes qué capacidades humanas queremos que sobrevivan a su llegada. Cosa que, naturalmente, forma parte de la cultura de la improvisación con la que estamos construyendo una sociedad que ya no sabemos hacia dónde va.

Imagen generada por Creen.ai

Enviado a ECA 11 de septiembre de 2026