viernes, 18 de marzo de 2022

¿Primavera?

Me decían esta mañana que el polvo del desierto, que ha teñido de amarillo Madrid y media España, no es sino la última, por ahora, de las plagas que nos están cayendo encima en este año III de la Pandemia Interminable, junto a la guerra, la crisis energética y climática, la inflación, las matemáticas con perspectiva de género, los políticos y sus políticas y la tontería felizmente reinante.

Es posible, pero las plagas en Egipto terminaron cuando el faraón cedió y dejó salir a los judíos. Nada de lo que está pasando hoy —y son muchas cosas— parece tener remedio.

sábado, 19 de febrero de 2022

El ¿final? del invierno.

Parece que el Ayuntamiento, el Gobierno de Aragón o ambos se proponen construir un número indeterminado de viviendas en el antiguo acuartelamiento militar. En algún sitio —siento no recordar dónde— he oído que la respuesta municipal a las objeciones planteadas en distintos ámbitos ha sido algo así como «a caballo regalado no le mires…», lo que supongo que significa que hay dinero para eso, pero no para otra cosa.

martes, 18 de enero de 2022

La historia se repite (a veces)

En los primeros años de este siglo XXI están ocurriendo, para dar la razón a quienes sostienen que la historia se repite —a veces como comedia y otras como tragedia—, una serie de acontecimientos que recuerdan a lo sucedido en los mismos años del siglo XX. Simplificando mucho, por supuesto, ahí van algunos ejemplos.

Entre 1918 y 1920 tuvo lugar una pandemia global, conocida como gripe española, por razones que nada tienen que ver con el origen del virus, localizado en campamentos militares estadounidenses donde se concentraban las tropas que iban a combatir a Europa y de donde, de hecho, salieron, a pesar de que el gobierno norteamericano era perfectamente consciente del riesgo de expansión de la enfermedad. El número de muertos, con todas las reservas —porque los sistemas de recuento tampoco entonces afinaban mucho—, pudo situarse entre 50 y 100 millones.

sábado, 1 de enero de 2022

El invierno de la energía

La crisis energética, discretamente omnipresente desde hace años, era sobre todo la crisis del petróleo. Es verdad que había y hay otras fuentes de energía primaria, incluso algunas parcialmente renovables, pero el petróleo tiene unas ventajas que lo hacen, en la práctica, insustituible. En cualquier caso, la gente, en general, no habla demasiado de crisis energética por la sencilla razón de que aún no la percibe como amenaza.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Otoño (aún)

Alguien ha puesto la televisión —o el móvil— y me llega el sonido de la transmisión en directo de la sesión de control al Gobierno, en el Congreso, mientras empiezo —tarde, como siempre— a escribir mi pequeña colaboración mensual.

Supongo que, en las circunstancias actuales —inflación, COVID…—, algo así debería tener cierto interés para la gente, pero, después de unos minutos, ya resulta evidente que las preguntas no se formulan porque quienes preguntan tengan algún interés en las respuestas, y que las respuestas no tienen como objeto sacar de dudas a quienes preguntan. Se trata, simplemente, de ponerse a caldo unos a otros o de lanzarse flores, según el color del que pregunta, con más o menos —casi siempre menos— gracia o ingenio.

domingo, 24 de octubre de 2021

Otoño (ahora sí)

En la portada de un periódico nacional, generalmente alineado contra la política del actual gobierno, aparecía esta mañana, de forma resumida, un barómetro con la posición de los entrevistados sobre cuestiones clave de la actualidad.

Parece ser que los españoles están a favor de la extradición de Carles Puigdemont; bastante disgustados con el aumento del precio de la energía eléctrica, eufemísticamente conocida como «la luz»; preocupados por la aparente deriva comunista del gobierno, y por una situación política y económica que consideran mala sin paliativos.

Por otra parte, una mayoría bastante significativa —el 81 %— está en contra de eliminar las mascarillas en interiores y, eventualmente, dispuesta a asumir nuevas restricciones si el número de contagiados —es decir, de PCR realizados— volviera a aumentar.

A mí este gobierno, la verdad, no me entusiasma demasiado, y las protestas socialdemócratas del presidente, Pedro Sánchez, en una especie de simposio de cargos de su partido celebrado este fin de semana, me parecen, aun suponiendo que la socialdemocracia fuera todavía un valor en alza, poco más que un brindis al sol.

viernes, 20 de agosto de 2021

Diálogos para besugos IV. Pidiendo hora.

  • Buenos días
  • Espere, aún es pronto.
  • Venía a pedir hora para una consulta.
  • ¿A pedir hora? Aquí hay que venir con la hora pedida.
  • Pero…
  • Si no tiene hora no puedo atenderla. Lea, lea las instrucciones en aquel panel.
  • Precisamente quiero pedir hora para que me atiendan.
  • Ya, pero eso es después. ¿Tiene usted hora?
  • Las diez y cuarto.
  • Me refiero a si le han dado a usted hora para ser atendida en esta oficina.
  • No, aún no. Ya le he dicho que he venido a pedirla
  • Hay que tener hora para venir aquí a pedir hora. Pero la gente hace lo que le da la gana y así va este país. Tiene usted a su disposición un número de teléfono y una página web, aunque hoy, por lo visto, la página no funciona.

jueves, 8 de abril de 2021

Pues pasa que

el consejo interterritorial de salud acaba de decidir que la mascarilla en la playa si, pero si se está sentado boca abajo y con la cara en la arena no, pero si no hay distancia si pero solo si a la gente le parece bien porque si no no se la ponen y quedamos mal. La vacuna que ahora están poniendo por aquí puede estar relacionada con los trombos que han aparecido por allí, pero solo un poco y es mejor ponérsela porque ya está pagada y si no no llegamos a salvar el verano y los de Vox se han manifestado en Vallecas y los de Podemos no han ido a manifestarse a Serrano porque son mucho más responsables que los de Vox y además es buena, la vacuna, pero es mejor la Janssen porque solo hay que ponerse una dosis por el mismo precio o quizá sea más barata y no hay noticias del dinero alemán desde que su TC puso alguna objeción a soltarlo por las buenas pero el gobierno cree que no es necesario ampliar el estado de alarma aunque quizá si pero después del verano o antes que hay mucho irresponsable que cree que las mascarillas son un colgante para la oreja y además da igual porque esta noche o mañana hay otra reunión aunque el gobierno ha descartado cambiar nada a no ser que las condiciones lo exijan pero lo que no parece que vaya a cambiar de momento es el cierre perimetral por comunidades autónomas, municipios o lo que se les ocurra en la próxima reunión que requerirá, para saltárselo un pasaporte extranjero que sólo podrá ser utilizado por cuatro personas al aire libre y por seis en el interior. Bueno, más o menos.

miércoles, 7 de abril de 2021

Wirtschaftlichkeit, Versorgungssicherheit und Umweltverträglichkeit (2)

Hace 10 años, coincidiendo con la catástrofe de Fukushima y todavía bajo la aprensión y desconfianza hacia las centrales nucleares provocada por la explosión, en 1986, del reactor número 4 de la central de Chernóbil en la antigua Unión Soviética, la entonces, y ahora, canciller federal de Alemania anunció, para dentro de 10 años, es decir, para este año 2021, el cierre de todas las centrales nucleares alemanas que por entonces eran 17. A mí el anuncio me pareció un tanto aventurado y, de hecho, escribí un artículo en ese sentido, con el mismo título que este que están leyendo, tomado de la página Web en la que el ministerio de economía y energía presentaba la medida, al que añadí 
y tres huevos duros, en homenaje a los hermanos Marx, en un periódico digital de circulación restringida en el que colaborábamos David Lafarga responsable, casi hasta el mismo día de su fallecimiento, de la Web que la UNED dedicó a la crisis energética, y yo. El artículo, que no fue mal acogido, lo leyeron 25 personas y a tres de ellas les gustó, ponía en duda el anuncio, hecho en un país sin demasiada exposición al Sol y con un considerable consumo energético para fines industriales. Un país, venía a decir, empeñado, en una transición energética que perseguía la descarbonización progresiva y la sustitución de los combustibles fósiles por energía procedente de fuentes renovables, sobre todo del Sol y del viento, no se podía permitir prescindir de la noche a la mañana, y eso es lo que son 10 años en términos de adaptación a nuevas fuentes de energía, de una que representaba, entonces, el 25% del mix energético nacional.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Breve historia de los primeros tiempos de la informática institucional en España. El caso del centro de la UNED de Barbastro

La historia de la informática en el Centro de la UNED en Barbastro comienza en un tiempo que hoy resulta difícil imaginar. Cuando el centro se creó en 1983, la informática administrativa era prácticamente inexistente en la red de centros de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. La gestión académica descansaba en procedimientos manuales y en un sistema centralizado de tratamiento de datos en Madrid. Las matrículas se realizaban en los centros, pero la documentación en papel se enviaba después para su procesamiento diferido. Los listados no regresaban hasta meses más tarde, a veces ya en primavera, cuando muchas decisiones organizativas debían haberse tomado con anterioridad.

Ese modelo no era una anomalía, sino la lógica de la época. La informática era cara, escasa y, sobre todo, centralizada. La periferia ejecutaba; el centro procesaba. Lo relevante, sin embargo, es que la ruptura de ese esquema no vino de una decisión estratégica, sino de algo mucho más modesto.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Y llegó la vacuna... ¿o no?

Muchos de los que se aventuraron a opinar sobre la evolución del COVID-19, a la vista de sus primeras manifestaciones, han tenido que rectificar y acomodarse, con mejor o peor grado, a las directrices de la Organización Mundial de la Salud que, hay que reconocerlo, no han variado mucho desde que decidieron que nos enfrentábamos a una pandemia global que requería medidas excepcionales.

Aunque esté feo citarse a uno mismo, no tengo más remedio que reconocer que mi primera impresión, publicada aquí mismo en el mes de marzo o abril, fue que esto iba a durar poco, salvo que hubiera alguien interesado en mantenerlo, añadía para curarme en salud. Evidentemente, no estuve muy acertado.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Los cañones de Agosto

He aprovechado la primera quincena del mes de agosto para releer algunos libros y, entre ellos, como no, Los cañones de Agosto, de Barbara W. Tuchman: una apasionante historia de los 31 días de agosto de 1914 que desataron una tormenta de fuego y muerte en la Europa de la segunda década del siglo XX.

Una tormenta que se llevó por delante a toda una generación acabó con los grandes imperios europeos, elevó a Estados Unidos a la categoría de potencia hegemónica —que aún mantiene— y preparó las condiciones que, junto con la crisis de 1929, hicieron posible y de hecho inevitable la segunda y hasta ahora última guerra mundial.

Por el libro, que ganó el premio Pulitzer de no ficción en 1963, desfila una curiosa galería de personajes: el káiser Guillermo II, el presidente francés Raymond Poincaré, el general inglés y ministro de la Guerra Herbert Kitchener, el rey Alberto I de Bélgica, junto a generales alemanes, belgas, franceses e ingleses. Personajes que se mueven como los que describía Jacinto Benavente en el prólogo de Los intereses creados, pendientes de hilos que creen invisibles y que fatalmente los conducen —a ellos, a sus coetáneos y a la tierra que pisan— a la ruina, la muerte y la destrucción.

martes, 14 de abril de 2020

Presentación de AVEX

 Consejera, Rector; amigas y amigos de los medios de comunicación; alumnos y profesores de la UNED.

La UNED está sólidamente implantada en Aragón desde los años ochenta. Contamos con tres centros: Calatayud, con 4.084 alumnos y extensiones en Caspe y Ejea de los Caballeros; Barbastro, con 1.279 alumnos y extensiones en Fraga y Sabiñánigo; y Teruel, con 315 alumnos.
Estos centros realizan una labor esencial de vertebración territorial y, junto con el resto de la UNED, contribuyen también a la cohesión nacional.

Dentro de esta red, el Centro de Barbastro tiene un perfil particular: es uno de los centros denominados tecnológicos. Desde muy temprano —ya desde su creación en 1983— ha participado en numerosos procesos de innovación en nuestra Universidad. Aquí se organizaron las primeras jornadas de informática aplicada a la educación celebradas en España, en 1984, y el primer congreso de telemática, en 1987. Y aquí se desarrollaron, entre otras iniciativas, la primera base de datos de alumnos de la UNED, aplicaciones pioneras de librería, biblioteca y gestión académica, la primera aplicación de matrícula, la primera de gestión presupuestaria y la valija virtual que coordina los exámenes presenciales simultáneos en todos los centros.

viernes, 28 de febrero de 2020

Vamos a morir todos

Me disponía a escribir, con algo de retraso, por cierto, mi artículo mensual para El Cruzado cuando he oído la última noticia sobre el coronavirus. Según parece, ya tenemos un afectado en España —bueno, en Cataluña, que, por el momento y a pesar de las idas y venidas de los sucesivos gobiernos, sigue siendo parte de España—

Yo no sé qué es exactamente lo que hay detrás de esta epidemia o lo que sea, pero, sea lo que sea lo que hay, es casi seguro que no nos enteraremos.

lunes, 27 de enero de 2020

El pin parental

Hace unos días tuve ocasión de ver en un cine —que es, por cierto, donde mejor se ve el cine— una película de 2019 que ha pasado casi desapercibida por las carteleras españolas. De hecho, en el cine donde la vi —uno de esos multicines de Zaragoza que ocupan, con veinte o treinta salas pequeñas y casi inaccesibles para personas con problemas de movilidad, el espacio de aquellos impresionantes cines de dos mil butacas, como el Palafox o el Cervantes— la ponían en una sala pequeña y acudió un número muy reducido de espectadores.

La película en cuestión es Dark Waters (Aguas oscuras), del director, para mí desconocido hasta ahora, Todd Haynes. La trama, por demás previsible, es el conflicto real iniciado a finales de los años noventa del pasado siglo por un ganadero de Virginia Occidental, que ve cómo sus vacas enloquecen y mueren tras la ubicación, en las proximidades de su granja, del vertedero de una gran empresa química.

viernes, 20 de diciembre de 2019

El tiempo que viene

En relación con los efectos del cambio climático —en cuyo nombre ha perdido un montón de días un montón de gente en una reciente conferencia en Madrid, que al final se ha saldado con el acuerdo de tomarse la cosa más en serio a partir del año que viene— hay, como en tantas otras cuestiones, una notable disparidad de criterios entre la izquierda y la derecha del espectro político, si es que esos términos significan hoy algo más que la disposición a votar cualquier cosa que lleve la etiqueta correspondiente.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Barcelona

Barcelona es una de las ciudades fetiche de mi infancia. Estuve varias veces en el Hospital San Juan de Dios, en la Diagonal, y mis padres tenían allí familia y amigos, así que íbamos con cierta frecuencia.

También pasé algunas vacaciones en una vieja fábrica de cartón, entonces casi la única industria de San Juan Despi, en la carretera que unía esta ciudad con San Feliu de Llobregat. Debía de ser uno de los pocos sitios en España donde se podían encontrar, listas para convertirse en pulpa, las revistas y periódicos franceses o alemanes que en los quioscos de las Ramblas estaban prohibidos.

lunes, 14 de octubre de 2019

Fundido en gris

La generación que está saliendo ahora del escenario —la mía— estaba en la universidad o empezando a trabajar cuando murió Francisco Franco, y había crecido sin Internet, teléfonos móviles o cualquier cosa remotamente parecida a un computador. En 1975 ya existían grandes computadores, prácticamente inútiles en la escala de la tecnología actual, pero aún faltaba algún tiempo para que IBM presentara su computador personal (PC) en 1981, y mucho más para la aparición del primer teléfono inteligente (iPhone, 2007).

lunes, 15 de julio de 2019

A Joaquín Coll

El jueves por la tarde estuvimos en la Catedral de Barbastro, el único lugar, según uno de los asistentes, dónde el calor de este tórrido verano era soportable. Solíamos coincidir los viernes y a veces, hartos de buscar un hueco para tomar una cerveza, recurríamos a la vieja broma y alguien decía ‘seguro que las iglesias estarán vacías’. Esta vez no. La Catedral estaba llena de gente y tú eras el protagonista. Pero no porque fueras a dar una charla sobre cocina, literatura o cualquier otro tema que te hubieran encargado. La gente estaba allí, estábamos allí, para decirte adiós en tu último viaje.

domingo, 16 de junio de 2019

Olduvai

Resultado de imagen de estrecho de ormuz

Un apagón a gran escala ha dejado sin electricidad, en distintos grados, a Argentina, Uruguay, Brasil y Chile. Aunque las causas exactas aún no se conocen, todo indica que podría tratarse de una consecuencia directa del deterioro progresivo de una red de transmisión eléctrica compleja, descentralizada y envejecida.

Mientras tanto, al otro lado del planeta, el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 30 % del petróleo mundial— se ha convertido en un polvorín geopolítico, con Estados Unidos en un extremo y la República Islámica de Iran en el otro.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Emergencia

El parlamento británico ha declarado una emergencia climática. Se decía, eran otros tiempos, que el parlamento podía hacer cualquier cosa menos convertir a un hombre en una mujer o viceversa (Jean-Louis de Lolme, 1771). Me temo que impedir o mitigar la catástrofe que ya tenemos encima tampoco está entre sus atribuciones pero, al menos, parece que se han dado por enterados de que las cosas, en ese campo, como en tantos otros, están yendo rematadamente mal. Y eso a pesar de lo entretenidos que están con su Brexit.

martes, 2 de abril de 2019

Superpoblación y espacios vacíos

Uno de los muchos problemas con que se enfrenta, al menos en España, esta civilización crepuscular, amenazada por la superpoblación y el acelerado agotamiento de recursos básicos parece ser, paradójicamente, el abandono y la despoblación de una parte del territorio. El domingo pasado tuvo lugar, en Madrid, claro, una concentración de gentes para reclamar unos servicios que han devenido inviables a causa de la despoblación y cuya ausencia causa, a su vez, mayor despoblación. Y ¿a quién reclamaban esos servicios y esa atención de la que dicen carecer las buenas gentes que aún pueblan esa España abandonada? Pues no se sabe muy bien, ya que en el evento- estamos en período electoral y las provincias menos pobladas disponen de seis escaños en el parlamento- participaron hasta cuatro ministros del actual gobierno y representantes de todos los partidos del espectro político, con o sin posibilidades de gobernar, así que sólo cabe suponer que la manifestación responde a la ya antigua y arraigada costumbre de salir a la calle a alborotar con cualquier motivo, en lugar de buscar soluciones prácticas a los problemas o, simplemente, de intentar evitar esos problemas cuando aún hay tiempo. Las fotografías están tomadas en el casco urbano de Barbastro, muy cerca o en el mismo centro comercial. 

domingo, 17 de marzo de 2019

Nos quedamos sin máquina del tiempo

Vaya. Ahora resulta que lo de retroceder en el tiempo usando un computador cuántico no va a ser posible, al menos de momento y a pesar de la noticia aparecida hace unos días. Debo decir que me lo temía. No es fácil derogar la segunda ley de la termodinámica. Tampoco tenemos, en realidad, computadores cuánticos, más allá de elucubraciones teóricas y los qubits –quantum bits- que se supone que estos computadores manejarían en lugar de nuestros familiares bits, son también poco más que creaciones intelectuales a pesar de que ya se ha diseñado un algoritmo que, trabajando en tan hipotéticos artefactos, permitiría factorizar rápidamente números muy grandes, rompiendo así el fundamento de todas las claves de seguridad utilizadas hasta la fecha que se basan precisamente en la imposibilidad práctica de hacer eso. A mí me parece que la computación cuántica está, hoy por hoy, tan lejos, al menos, como la fusión fría, ambos dentro de la categoría de problemas fundamentales cuya principal utilidad, en el estado actual de la tecnología, es permitir la inversión de ingentes cantidades de dinero en proyectos sin futuro a la vista, la fusión fría está prevista para dentro de 25 años, independientemente de cuándo se haga la pregunta, pero publicables en Nature y otros guardianes de la ortodoxia científica dominante.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Una excursión a la montaña (II)

 

Con la linterna que aún tenía pilas dimos una vuelta completa al edificio, probando las ventanas y puertas que de tanto en tanto interrumpían la mampostería y la piedra de la pared. Todas estaban cerradas y, salvo la puerta principal, probablemente aseguradas desde dentro con alguna forma de travesaño. Nada que pudiéramos forzar fácilmente en el supuesto de que nos atreviéramos a intentarlo. En la segunda vuelta, con la linterna apuntando a media altura localizamos una ventana pequeña que parecía practicable. Juan, el deportista, se ofreció a intentarlo si le ayudábamos a llegar hasta ella. Con las manos ya totalmente entumecidas hicimos Julián, Andrés y yo una especie de parihuela desde la que Juan pudo alcanzar el ventanuco y separar la contraventana de madera que lo protegía. Hay un cristal, nos dijo, que podría romper y abrir la ventana. Julián se puso a temblar ostensiblemente. Su mentalidad revolucionaria de guerrillero urbano aficionado no estaba preparada para asimilar el asalto nocturno a un cuartel de la guardia civil, pero no dijo nada. O, mejor dicho, dijo que tenía frío y que cuanto antes saliéramos de allí mejor.

Mientras tanto y sin esperar más opiniones, Juan rompió el cristal con la culata de la linterna y abrió la ventana. Esperad ahí, nos dijo, antes de meterse dentro. Al cabo de un momento abrió desde dentro una de las ventanas por la que, tras alguna duda que el frío cada vez más cortante despejó enseguida, entramos nosotros y nuestras mochilas.

Una vez dentro y después de cerrar como pudimos el ventanuco por el que había entrado Juan y la ventana por la que habíamos entrado los demás, nos reunimos en una sala grande para analizar la situación. El frío dentro era también considerable y la oscuridad, apenas mitigada por una de las linternas, era abrumadora, pero al menos estábamos secos. No sé si os dais cuenta de que acabamos de forzar la entrada de un cuartel de la guardia civil. Hasta es posible que haya armas en algún sitio, dijo Julián. Lo dijo sin aspavientos y sin otro interés aparente que el de hacer constar un hecho, pero todos teníamos la imaginación suficiente para considerar las posibles salidas de aquella situación. Lo hecho, hecho está, dijo Andrés. Ahora lo importante es no complicar las cosas más de lo que están. Por el momento solo hemos roto el cristal de una ventana así que vamos a andar con mucho cuidado.

La sala tenía, en el centro, una de aquellas chimeneas de la montaña y en uno de los lados había un montón de leña. ¿Alguien lleva fuego?, dije yo. Casi todos llevaban; por aquel entonces, no fumar era una rareza, y pronto surgieron varias cajas de cerillas y algún mechero. Julián, que estaba exhibiendo un curioso sentido del humor, hizo notar que probablemente el fuego se vería desde el exterior y que ya puestos podíamos izar la bandera. Quizá así crean que somos de los suyos. Estábamos mojados y congelados así que el fuego parecía la única opción razonable para pasar la noche. El fuego, una vez encendido en el centro de la sala y bajo la chimenea, provocó una ostensible mejora del humor del grupo. Por fin aquello empezaba a parecerse a nuestras excursiones domingueras. Nos sentamos en círculo y sacamos alguna de las latas que habíamos traído. Había una de garbanzos cocidos que calentamos y repartimos. Fue una cena estupenda, pero convinimos en que, si habíamos de seguir la marcha, las latas que sobrecargaban nuestras mochilas tendrían que quedarse en el cuartel. Sería nuestra compensación por el ventanuco roto y la leña quemada. También convinimos en que lo más prudente sería abandonar el cuartel antes del amanecer, aunque nadie parecía saber a qué hora ocurriría eso.

Alguien, creo que Juan, preguntó si debíamos buscar un sitio para dormir. Juan estaba enamorado o eso parecía, de Rosa y probablemente estaba evaluando las posibilidades de la situación, pero Rosa resolvió la duda inmediatamente. Aquí mismo, todos juntos y en los sacos de dormir, dijo.  Pero después de secarnos un poco, añadió, o acabaremos con una pulmonía.

Dejamos pasar una hora de charla alrededor del fuego, a pesar del agotamiento que llevábamos encima, para permitir que la ropa se secara. Incluso cantamos alguna de aquellas canciones de Víctor Jara o Quilapayún que estaban de moda. Localizamos un baño allí cerca con agua corriente, al que fuimos por turnos y sacamos los sacos de dormir. Echamos algo más de leña y caímos rendidos sobre el suelo de madera con las mochilas como improvisada almohada. No recuerdo haber dormido tan bien en mi vida. El amanecer, que debía estar a pocas horas, parecía muy lejano mientras se me cerraban los ojos.

Cuando me desperté ya había alguien en el baño y había algo de luz que parecía venir del piso de arriba, ya que las ventanas del espacio que ocupábamos estaban herméticamente cerradas y apenas dejaban pasar algún hilo de luz aquí y allá. Julián estaba sentado mirando los restos del fuego de la noche anterior y Juan y Andrés estaban aún dentro de los sacos, pero ya despiertos. Las chicas probablemente estaban en el baño. Tendríamos que apagar el fuego y salir de aquí cuanto antes, dijo Julián. A estas horas el humo ya se verá desde lejos. El fuego estaba casi extinguido, pero aún producía algo de humo así que Julián no esperó a que siguiéramos sus consejos y lo apagó del todo echando arena de un cubo que debía estar allí precisamente para eso. Andrés dijo que podíamos haber calentado un poco de agua para tomar un café hecho con el contenido de unos sobrecitos que milagrosamente alguien se había acordado de poner en la mochila. Haremos un fuego fuera, dijo Julián y los demás le secundamos.

Después de pasar todos por el baño y dejar en el centro de la habitación las latas que habíamos traído de Zaragoza y que pesaban lo suyo, salimos por la ventana que habíamos utilizado para entrar por la noche. Subir al ventanuco sin ayuda no era una opción así que el plan inicial, que Juan cerrara la ventana y saliera luego por donde había entrado, quedó descartado. Hicimos lo que pudimos, que no fue mucho, para cerrar la ventana desde fuera y volvimos al camino con idea de buscar una borda o algo similar donde poder hacer un fuego sin riesgo y tomar un café y unas galletas que también llevábamos.

Cuando llegamos a la carretera todos, o casi, pensábamos que íbamos a seguir hacia el norte para completar la excursión que nos iba a llevar a no sabíamos muy bien donde, pero Susana dijo algo que muchos estábamos pensando y preguntó si no sería mejor volver al pueblo. En aquel momento las dos opciones parecían razonables. Eran más o menos las ocho de la mañana. La lluvia de la noche anterior había dejado paso a un sol radiante que empezaba ya a despuntar por encima de las estribaciones del este. Hacer los seis o siete kilómetros que debían faltar hasta el barranco de la Boca del Infierno parecía un reto asumible. Haber dejado las latas, aligerando así notablemente el peso de las mochilas, suponía también que nos habíamos quedado casi sin comida, así que la vuelta al pueblo, otros cinco kilómetros más o menos pero cuesta abajo, también era una elección justificable y la que iba ganando partidarios rápidamente, aunque casi todos nos abstuvimos de mostrar entusiasmo por una opción claramente abandonista.

En el pueblo, dijo Susana, habrá un bar. Podremos tomar un café y desayunar. Sí, dijo Julián, y saludar al guardia. A ver qué le decimos cuando nos pregunte dónde hemos pasado la noche… Bueno, yo contaría exactamente lo que ha pasado, dijo Rosa. Tú puedes, pero yo no, cortó Julián. Estarían encantados de tener algo contra mí, y nada menos que el asalto a un cuartel. Este último argumento nos convenció. Diríamos, si alguien nos preguntaba, que habíamos pasado la noche en una borda cercana a la carretera que no vimos la noche anterior y que ahora, con la luz del día, se veía perfectamente. La opción de volver y dar la expedición por fracasada ya era claramente mayoritaria. Sólo Juan se mostraba un tanto disgustado por el temprano final y con ganas de seguir adelante, pero los demás ya lo teníamos claro. Después de todo, dijo Andrés, siempre podemos volver con mejor equipo y preparación. Algunos asentimos, pero la falta de entusiasmo por la propuesta era evidente. Rosa y Susana no dijeron nada, pero fueron las primeras en echarse las mochilas a la espalda y emprender el camino del pueblo. Los demás las seguimos sin rechistar.

Finalmente, no entramos en Siresa. Dos kilómetros más al sur estaba el pueblo de Hecho, algo más grande, donde no tuvimos que dar ninguna explicación y encontramos un magnífico bar abierto. El desayuno en el bar nos devolvió al ambiente excursionista durante un rato y a las 12 tomamos el autobús hasta Huesca y Zaragoza. Después de todo no había estado tan mal y yo tenía dos días más para preparar el examen del lunes. Ya encontraríamos alguna forma épica de explicar por qué habíamos vuelto tan pronto. 

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