viernes, 28 de febrero de 2020

Vamos a morir todos

Me disponía a escribir, con algo de retraso, por cierto, mi artículo mensual para El Cruzado cuando he oído la última noticia sobre el coronavirus. Según parece, ya tenemos un afectado en España —bueno, en Cataluña, que, por el momento y a pesar de las idas y venidas de los sucesivos gobiernos, sigue siendo parte de España—

Yo no sé qué es exactamente lo que hay detrás de esta epidemia o lo que sea, pero, sea lo que sea lo que hay, es casi seguro que no nos enteraremos.

No voy a poner en cuestión la reacción de la Organización Mundial de la Salud y de los distintos gobiernos porque, a pesar de las limitaciones que tiene cualquier opinión sobre acontecimientos contrafactuales, cabe suponer —o, al menos, resulta arriesgado negar— que una reacción más medida, con menos cuarentenas y menos efectos negativos sobre la economía, hubiera dado lugar a una situación mucho peor que la actual.

Sin embargo, 80.000 afectados, menos de 3.000 muertos, un índice de recuperación del 37% y una brusca caída del número de nuevos casos a partir del 13 de febrero permiten, comparando esta epidemia con cualquier gripe normal —y sin necesidad de llegar a la de 1918, que se llevó por delante a cincuenta millones de personas—, aventurar la posibilidad, siempre presente cuando uno se relaciona con administraciones de cualquier tipo, de que no nos estén contando las cosas como son y ni siquiera como creen que son.

La reacción —no ahora, sino cuando los muertos se contaban solo por decenas en una población de mil millones— fue, a todas luces, excesiva. Que en un país que no se distingue precisamente por su transparencia informativa su gobierno haya puesto en jaque su economía y la de todo el mundo por algo que no alcanza ni de lejos la morbilidad de una gripe ordinaria, con unas medidas tan espectaculares como construir un hospital en una semana, paralizar fábricas, restringir el transporte de personas y mercancías y concentrar en un espacio limitado a una población en riesgo de millones de personas, es, por no decir otra cosa y por comparación con situaciones similares, algo extraordinario.

Supongo —mejor dicho, espero— que en un par de semanas o, como mucho, de meses, ya nadie se acordará de esto, a no ser, claro, que haya alguien o algo interesado en que no sea así o no tengamos ninguna noticia de interés con la que sustituir a esta.


Publicado en ECA 28/02/2020

Actualización: Este post tiene interés como ejemplo de reacción temprana ante un evento nuevo, sin información suficiente. Después las cosas fueronn peor de lo que los datos iniciales daban a entender pero... Bueno. Ahí queda.