En la portada de un periódico nacional, generalmente alineado contra la política del actual gobierno, aparecía esta mañana, de forma resumida, un barómetro con la posición de los entrevistados sobre cuestiones clave de la actualidad.
Parece ser que los españoles están a favor de la extradición de Carles Puigdemont; bastante disgustados con el aumento del precio de la energía eléctrica, eufemísticamente conocida como «la luz»; preocupados por la aparente deriva comunista del gobierno, y por una situación política y económica que consideran mala sin paliativos.
Por otra parte, una mayoría bastante significativa —el 81 %— está en contra de eliminar las mascarillas en interiores y, eventualmente, dispuesta a asumir nuevas restricciones si el número de contagiados —es decir, de PCR realizados— volviera a aumentar.
A mí este gobierno, la verdad, no me entusiasma demasiado, y las protestas socialdemócratas del presidente, Pedro Sánchez, en una especie de simposio de cargos de su partido celebrado este fin de semana, me parecen, aun suponiendo que la socialdemocracia fuera todavía un valor en alza, poco más que un brindis al sol.





