jueves, 3 de noviembre de 2011

La reforma monetaria según Rubalcaba

El Sr.  Rubalcaba, a la sazón candidato del Partido Socialista a presidir el próximo Gobierno de España, se dedica —como el resto de los candidatos— a pontificar aquí y allá sobre lo que él o sus asesores creen que convendría hacer, o dejar de hacer, para sacar al país de la crisis. Lo último, y lo más notable que ha dicho hasta ahora, es que «no hay forma de salir del agujero sin cambios en la política monetaria», lo que no deja de ser bastante cierto. Lo malo es que los cambios que preconiza no cambian nada.

Proponer, a estas alturas, una ampliación de la base monetaria —que supongo que significa poner más dinero (¿prestado?) en circulación— y una reducción de los tipos de interés, para incrementar la inversión y sostener artificialmente el crecimiento, parece más una huida hacia adelante que otra cosa. El crecimiento es un problema porque el sistema monetario actual, basado en la deuda, lo hace inevitable para mantener el tinglado.

La solución no es crecer a cualquier precio —un hombre con formación científica sabe perfectamente que no es posible crecer indefinidamente en un entorno finito— sino combatir las causas que hacen del crecimiento una obligación ineludible. Y entre ellas está, efectivamente, un sistema monetario basado en la deuda y, por tanto, en el incremento exponencial de la masa monetaria existente —no necesariamente circulante—, que deja en manos de los bancos comerciales la creación de dinero a partir de la nada.

La reforma monetaria que se necesita es aquella que impida a los bancos prestar —crear— un dinero que no tienen, imponiendo una reserva fraccionaria del 100% y devolviendo al Estado el monopolio de la creación y puesta en circulación del dinero. Y los bancos, a lo suyo: a guardarnos el dinero —por si nos lo roban en casa— y a prestar “solo” lo que previamente hayan acordado con los depositantes, es decir, con nosotros, que se puede prestar. Ni un euro —o lo que sea— más.