lunes, 31 de marzo de 2025

Mensajes secretos

 

Últimamente he visto algunas películas sobre la relación entre la teoría de números, fundamentalmente los números primos, la criptografía de clave pública y la seguridad de la información. La que permite, también, garantizar el funcionamiento de criptomonedas como el bitcoin. Sobre esta cuestión hablábamos hace unos días en un bar de Zaragoza, cuando se me ocurrió una forma muy segura de introducir mensajes secretos en un texto. Escribid, les dije, un artículo cualquiera sobre cualquier asunto, que tenga más de 15 líneas. El mensaje secreto debe ir a partir de la línea 11 y en español corriente. La gente, habituada a las redes sociales como única forma de comunicación, no suele leer textos de más de cinco líneas, ni aunque el tópico sea el contrato de Belén Esteban en televisión española.

jueves, 20 de marzo de 2025

Rearmarnos... ¿para qué?

 La cuestión del gasto militar requiere un cuidadoso examen para evitar, en lo posible, planteamientos excesivamente simplistas. La historia, tal como nos la cuentan, es la siguiente: La financiación de la OTAN depende, en un 75% de los Estados Unidos, que aporta, además la mayor parte del armamento y de las tropas de combate. Como consecuencia de esto, los miembros europeos de la alianza disfrutan de la protección de la organización a un coste muy inferior al real. El actual gobierno de Estados Unidos, presidido por Donald Trump, cree que esta situación es insostenible y que los países europeos deben incrementar el gasto militar y asumir más responsabilidad en su propia defensa.

Defendernos esta muy bien, pero ¿de quién? Pues, aparentemente, de los rusos. La OTAN fue diseñada originalmente como un contrapeso contra la extinta Unión Soviética y tras el colapso de esta se mantuvo, y se mantiene, a Rusia como principal adversario. En todo caso, no hay otro enemigo a la vista contra el que sostener una guerra convencional. Al menos una que requiera un incremento del gasto militar tan elevado como el que Estados Unidos exige a Europa.

Veamos los números. Según el IISS, en 2024 el gasto en defensa de Rusia ascendió a 145mM de dólares y el de los miembros europeos de la OTAN a 460mM. Rusia es un país tres veces más extenso que la suma de todos los países de la OTAN, excluidos los Estados Unidos, pero con una población cuatro veces inferior. Con estas cifras parece claro que, en una guerra convencional, la superioridad militar de los países europeos encuadrados en la OTAN sería abrumadora y Rusia, simplemente, no podría ganarla.

Pero, y esta cuestión ha estado presente desde la invasión de Ucrania en febrero de 2022, tampoco parece que Rusia esté dispuesta a perder una guerra. Dispone del mayor arsenal de ojivas nucleares del mundo, y de un inmenso territorio desde el que lanzarlas. Su doctrina militar, modificada por Putin en noviembre de 2024, contempla varios supuestos bajo los cuales las armas nucleares pueden ser utilizadas y entre ellos está la amenaza a la integridad y seguridad de la federación o sus aliados. 

¿Tiene sentido, en estas condiciones, seguir aumentando el gasto militar de la OTAN, que ya es tres veces superior al de Rusia? Pues no lo sé, pero llevar mucho más lejos, como las cifras propuestas apuntan, esa superioridad en armamento convencional parece algo tan innecesario como arriesgado. Rusia, que ha pasado, o ha hecho como si pasara, por alto la evidente implicación en su contra de la OTAN en la guerra de Ucrania, podría considerar un rearme sobredimensionado y ostensiblemente dirigido contra ella, entre los supuestos que su doctrina militar contempla para justificar el empleo de armas atómicas. Objetivos es lo que sobra y seguro que tenemos alguno cerca.

El presidente Sánchez ha rechazado en Bruselas que se hable de rearme frente a Rusia. Prefiere hacerlo de fortalecer nuestras capacidades para luchar contra el terrorismo o para luchar contra ataques cibernéticos y ataques híbridos. Esto no va más allá de un guiño eufemístico a sus socios de gobierno más reacios al lenguaje militarista, pero podría tomarse también como la señal de una cierta preocupación por la deriva que están tomando los acontecimientos en este campo.



lunes, 17 de marzo de 2025

Sin título

En una entrevista concedida al diario La Vanguardia y reproducida en el número del pasado domingo, el ministro Oscar López dedica dos páginas a trasladar a los lectores las excelencias de su política al frente del departamento de Transformación Digital y Función Pública. Durante la entrevista, que contiene algunas novedades, el ministro evita meterse en jardines de los que pueda resultarle difícil salir. O, mejor dicho, lo intenta.

El tema escogido por el periódico, aprovechando que se desarrolla en Barcelona el Mobile World Congress, es la inteligencia artificial. Lo que no es óbice para que las entrevistadoras formulen todo tipo de preguntas sobre la política ministerial, el futuro, la ciberseguridad, la incursión gubernamental en telefónica, los bulos, la comunidad de Madrid y su presidenta o el problema, aparentemente ya resuelto, de MUFACE. Dos páginas dan para mucho y el multifacético y locuaz ministro entrevistado no rehúye casi ninguna pregunta.

La entrevista no consigue, ni creo que lo intente, ponerle en aprietos. Una de las primeras preguntas es: ‘Estos días ha habido quien defiende que España tiene la sociedad más avanzada en digitalización ¿Está de acuerdo?’ El ministro reconoce, modestamente, que queda mucho por hacer, pero asegura que España, en ese campo, es mucho más que el cuarto país de la Unión Europea. Y que es el único país de la Unión con un modelo propio de IA, un observatorio y una carta de derechos digitales. Cuestiones estas últimas que, junto con el control de los medios de comunicación para la erradicación de la ‘desinformación’, parecen estar entre las de mayor interés para él.

Sigue diciendo el ministro que el gobierno, ‘a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica, va a invertir, o ha invertido ya, 67 millones de euros, de los fondos europeos, en la empresa Multiverse Computing, de Gipuzkoa’ que ‘hace cuatro o cinco años empezó con la computación cuántica y que ha desarrollado un modelo de comprensión de la IA que reduce la comprensión de los modelos de lenguaje en más del 90%, lo cual supone un ahorro energético del 50%’. La primera aparición de la palabra comprensión habrá que sustituirla, supongo, por compresión y la segunda por tamaño. Estos datos, ciertamente muy ambiciosos, de confirmarse, constituirían efectivamente un hito muy importante, por cuanto el costo energético de la IA es uno de sus principales puntos débiles. 

He buscado Multiverse Computing en la Web y he encontrado una página, en inglés, en la que aparecen referencias, acompañadas de alguna métrica ilustrativa del ahorro ofrecido, al algoritmo de compresión de modelos de IA y también, muy breves, a la utilización de la computación cuántica para el desarrollo de sofisticados algoritmos. En realidad, no se refieren exactamente a computación cuántica, una tecnología que aún está en mantillas, sino a combinarla con la ‘inspirada’ en ella. Todo puede ser, pero se echa de menos algo más de detalle en el tratamiento de esos temas, quizá porque el objetivo de la página es más comercial y publicitario, que técnico o informativo. 

El ministro dice también, remontándose a ‘otras revoluciones tecnológicas’ en las que Europa ha llevado la delantera, que se puede ganar la segunda carrera de la IA. Supongo que se refiere a las dos primeras revoluciones industriales, claramente europeas y más concretamente británicas. Pero ganar, aquí, supone pasar por delante de Estados Unidos y de China, que entonces no estaban en la competición ni, desde luego, llevaban la delantera que ahora llevan. Después Europa perdió por incomparecencia la revolución informática y ha perdido claramente la de la IA, así que ese hipotético primer puesto, aunque sea en una segunda carrera, no está, ni mucho menos, garantizado. 

Enviado a ECA 14032025

 

viernes, 14 de febrero de 2025

Transparencia

La costumbre de retransmitir los plenos del Ayuntamiento, y también los de otras instituciones, es ya vieja y no necesariamente mala. Pero tampoco es, como sostenía un exconcejal con el que comentábamos el último pleno, una panacea o la sublimación de la democracia. Así, me decía, los ciudadanos pueden ver lo que hacemos. Creo que no se dio cuenta de las implicaciones de la frase hasta que terminó de hablar. Y no está mal que la gente preste atención a la forma en la que sus representantes desarrollan sus funciones. Porque las formas tienen importancia, desde luego, pero en la gestión de los asuntos públicos, importan sobre todo los resultados.

Yo no suelo ver esas retransmisiones, pero he visto, porque me ha llegado varias veces al móvil, un fragmento del último pleno municipal. Concretamente la parte en la que el alcalde expulsó a una concejala del pleno porque, según él, no se atenía al contenido del punto del orden del día que se estaba tratando. Las formas, en este caso, resultan chocantes por lo llamativas. Si se expulsara, o simplemente se retirara la palabra, a un político cada vez que se va por los cerros de Úbeda, los plenos, y no sólo los del Ayuntamiento, serían incomparablemente más cortos. Y menos aburridos. Aparte de que la ubicación de los mencionados cerros, por lo que respecta al discurso político, es algo opinable. Dicho esto, expulsar a una concejala durante el tiempo que tiene estipulado para intervenir y con la peregrina justificación de que no se atiene al orden del día, es una decisión… arriesgada, que sienta un precedente difícil de gestionar en el futuro.

Por lo que respecta a los resultados de la gestión, la más consolidada de nuestras tradiciones políticas, permítaseme la perogrullada, exige que al gobierno le parezcan óptimos y a la oposición inexistentes o desastrosos. Eso no es una novedad ni tampoco un problema, porque los resultados en la gestión de un Ayuntamiento no deberían ser difíciles de evaluar. Al menos una vez establecidos los requisitos básicos como, por ejemplo, ¿para qué sirve un Ayuntamiento? A priori esta puede parecer una pregunta sencilla, pero no lo es. Hágansela a un ciudadano desprevenido y ya me contarán lo que les contesta. Si es que les contesta.

El estado actual de la ciudad y su comparación con ciudades próximas y de tamaño parecido, puesto de manifiesto la semana pasada en un artículo del foro B21 sobre el presupuesto municipal, permiten abrigar ciertas reservas acerca de la utilidad inmediata de la institución. El ayuntamiento debería servir para proporcionar determinados servicios, para dar facilidades a las empresas que quieran instalarse en la ciudad, para preocuparse del aspecto general, tanto del centro como de la periferia, y para que la ciudad resulte atractiva para vivir y trabajar. Y también para planificar un futuro que será más o menos problemático en función de cómo lleguemos hasta él.

Pero los políticos, incluso los competentes, no suelen prestar atención a nada que vaya a ocurrir después de las próximas elecciones, y los ciudadanos tampoco ven mucho más allá de sus problemas particulares o de sus simpatías y antipatías personales. Todo ello claro con honrosas, pero no demasiadas, excepciones. Esto, una burocracia que se justifica a sí misma y la falta de mecanismos de evaluación y rendición de cuentas distintos del mero espectáculo televisado, hacen que la gestión de la cosa pública sea ahora tan imprevisible como el tiempo atmosférico. Y casi igual de preocupante.

Enviado a ECA 14 de febrero de 2025


 

lunes, 10 de febrero de 2025

Historias de jubilados.

En junio de 2022 y para desplazarme por la ciudad, compré un triciclo eléctrico que cumplía los requisitos exigidos por el Reglamento General de Vehículos para ser considerado un vehículo para personas con movilidad reducida. De acuerdo con la documentación del vendedor (13) el vehículo, con una potencia eléctrica de 0.65Kw, equivalente a la de una batidora doméstica, es un scooter de movilidad y de acuerdo con su placa de características (2), el vehículo es equiparable a una silla de ruedas y no necesita para circular de ninguno de los requisitos exigidos por el RGV a los vehículos a motor, categoría de la que los vehículos para personas con movilidad reducida (VPMR) están expresamente excluidos (anexo II del RGV y (1)).  

Durante más de un año conduje sin problemas el vehículo por las calles, sin salir nunca a una carretera para lo que su escasa potencia lo hace totalmente inadecuado, hasta que en septiembre de 2023, y mientras circulaba por una calle de la localidad, fui interceptado por una patrulla de la policía municipal que me pidió la documentación del vehículo. El agente que parecía estar al frente me informó de que, al no tratarse de un vehículo de movilidad personal (VMP) tenía que matricularlo, asegurarlo, pasar la ITV y pagar los impuestos de circulación. Les dije que el anterior jefe de la policía local ya había visto el vehículo sin plantear ningún problema para que circulara, como cualquier otra silla de ruedas o scooter de movilidad de los que pueden verse habitualmente, pero me contestó que ‘las cosas habían cambiado’ y que podían sancionarme con 5000 (cinco mil) euros por no llevar seguro.

Tras una consulta al BOE pude comprobar que, entre ‘las cosas que habían cambiado' desde el año anterior, no estaba el reglamento general de vehículos ni las características del vehículo que, por lo tanto, seguía cumpliendo los requisitos para ser considerado un Vehículo para personas con movilidad reducida (VPMR). Llamé por teléfono al jefe de la policía municipal para informarle del problema y proponerle aportar en persona los documentos y la información necesaria. Me dijo que estaba muy ocupado, organizando los actos conmemorativos de un aniversario del cuerpo, y que le enviara la documentación por correo electrónico.

Unos días después recibí, también por correo electrónico, un informe (3) emitido por el mismo agente que intervino anteriormente en la detención del vehículo y que, en resumen, decía que el vehículo no era un Vehículo de Movilidad Personal (VMP) cosa con la que, en esos momentos, todos estábamos de acuerdo. Se trata de un Vehículo para Personas con Movilidad Reducida que es otra de las categorías excluidas, en el anexo II del RGV, de la definición de vehículo a motor. Hice, sin ningún resultado, esa aclaración al jefe de la policía municipal que me sugirió que hiciera una consulta a la DGT.

En la jefatura provincial de tráfico a la que, aparentemente, ya habían llegado noticias del incidente, me informaron de que yo, no ellos, tenía que pedir un informe a Madrid para que clasificaran el vehículo. Un informe que se pedía firmando una solicitud allí mismo y que recibirían ellos. No yo. Firmé la solicitud y esperé la respuesta, que fue la que cabía esperar: el vehículo podía considerarse alternativamente como un ciclomotor de tres ruedas o como un vehículo para personas con movilidad reducida (4). Una ambigüedad sólo aparente, pero que podía resolverse teniendo en cuenta que su conductor era una persona con movilidad reducida (12), incluso sin necesidad de invocar el viejo y por lo visto olvidado principio de que en caso de duda debe resolverse a favor del ciudadano.

Pero no fue así. En el reverso del documento que me entregaron pude comprobar, no sin sorpresa, que, en un informe solicitado por mí a Madrid, porque la jefatura provincial no podía o no sabía resolver, se había añadido una línea, justo antes de la firma de la jefa provincial y con un tipo de letra distinto del del anverso, la siguiente conclusión: Con lo que será necesaria su matriculación, tarjeta de inspección técnica, seguro obligatorio (5). Conclusión que difícilmente podía seguirse del texto del informe.

Reiteré mis razones a la funcionaria que me entregó el informe que me dijo que eso era lo que había pero que podía presentar una reclamación y recurrí al subdelegado del gobierno, de quien depende la jefatura provincial de tráfico, puesto que el recurso a Madrid ya parecía estar agotado. 

El subdelegado me pidió que, antes de ir a verlo, le remitiera por correo electrónico la información que tuviera y le adelantara el problema. Supongo que siguió el protocolo y consultó con la jefa provincial de tráfico que le contestó aceptando que el vehículo era para personas con movilidad reducida, pero invocando ahora el Reglamento (UE) No 168/2013 que aparecía por primera vez en esta historia. El problema con ese reglamento es que, en su artículo 2, excluye expresamente de su ámbito de aplicación a los vehículos para personas con movilidad reducida. Así se lo hice notar al subdelegado del gobierno por correo electrónico que me dijo que la jefa de tráfico me iba a contestar. 

Y en efecto, me contestó con un informe (7), que calificó de complementario, en el que volvía a aparecer el inaplicable reglamento antes citado junto con otra novedosa conclusión: En este reglamento se excluyen los vehículos de movilidad reducida (Artículo 2), por tanto al encontrarse recogido en este reglamento, se considera un ciclomotor de tres ruedas y debe matricularse como tal.

Ante la dificultad para interpretar este último texto, dada la evidente contradicción entre las dos premisas y el previo reconocimiento de que se trataba de un VPMR, me dirigí, lo más amablemente que pude y por correo electrónico, a la jefa provincial para solicitar una aclaración o información sobre los recursos que en su caso cupieran. Me dijo (14) que los escritos remitidos hasta la fecha eran informes y no resoluciones recurribles. Que había intentado informarme pero que si no estaba conforme o no me gustaba lo que me decía podía dirigirme, a partir de entonces a su dirección general.

Escribí, siguiendo su recomendación, a la sección de quejas del ministerio del interior y entretanto intenté y conseguí contactar con el delegado del gobierno con la idea de exponerle el problema y que el caso fuera revisado por una instancia superior, en este caso la jefatura regional de tráfico, si es que tal departamento existía que no lo sé. En este caso sí que mantuve una entrevista con el delegado que mostró interés en el caso y se quedó con la documentación que aporté, asegurándome que se informaría y me contestaría. Se interesó, en efecto, pero se dirigió nuevamente a la jefatura provincial de tráfico que le remitió, y él me remitió a mí, una copia del primer informe de la dirección general, el que yo había solicitado, con el añadido y la firma de la jefa provincial en la parte posterior (4) y (5)

A esas alturas las deficiencias del procedimiento y la sorprendente circularidad del mismo ya eran evidentes. Vaya uno a donde vaya todo termina en la jefatura provincial de tráfico, sin que haya manera de conseguir una respuesta basada en argumentos solventes o, al menos, comprensibles. Pero aún quedaba una posibilidad, la queja presentada en el registro del ministerio del interior. Recibí una respuesta a los pocos días en la que se me indicaba que me contestarían en el plazo de 20 días y además me daban un número de teléfono de Madrid al que podía llamar en el caso de que no lo hicieran. No lo hicieron, ni el teléfono lo descolgó nunca nadie. Tras reclamar en un par de ocasiones ante la misma unidad de quejas me contestaron que estaban pendientes de recibir la respuesta de… la jefatura provincial de Huesca, que finalmente llegó. 

Como ya había hablado con el delegado y el subdelegado consideraban que ya tenía la respuesta y por eso no me contestaban. Pero ante mi insistencia, que a todas luces resultaba inoportuna, la jefa del área de calidad y transparencia me remitió un escrito en el que se reiteraba que el vehículo era un ciclomotor de tres ruedas, cosa confirmada, me decía, por su dirección adjunta de vehículos. Ninguna referencia ni al hecho de que fuera también un vehículo para personas con movilidad reducida, como la misma DGT había admitido en su primer y manoseado informe, ni al reglamento general de vehículos, ni, sorprendentemente, al inaplicable reglamento europeo invocado por la jefa provincial de tráfico. En el mismo escrito me agradecían que me hubiera dirigido a ellos porque así podían mejorar el servicio a los ciudadanos y me pedían disculpas por las molestias. Ah, y que si no descolgaban el teléfono que ellos mismos habían facilitado era porque no contaban con el personal necesario, pero que podía llamar al 060. 

Mientras tanto…

Como yo seguía conduciendo el vehículo, necesario para ciertos trayectos, el jefe de la policía me llamó para manifestarme su preocupación, que espero que se extienda a los patinetes tripulados por dos adolescentes que parecen circular, incluso por las aceras, sin mayores problemas. Me dijo que podían inmovilizarme el vehículo, un riesgo que yo estaba dispuesto a correr aunque, como se verá después, ellos no. A raíz de esa conversación me dirigí al alcalde, como máximo responsable de la policía local, que quedó, o eso me pareció a mí, sorprendido por toda la historia y se mostró preocupado por las posibles repercusiones mediáticas que podía tener la inmovilización en la calle de un vehículo de esas características.

Después de esa conversación, y por ir abreviando, el jefe de la policía me escribió un correo electrónico para decirme que esperaríamos la resolución de las delegaciones del gobierno y de Madrid y que, después, ya hablaríamos. Mientras tanto el agente actuante me había puesto una multa de 500€ (9), sin inmovilizar ni detener el vehículo y utilizando, de la información que yo les había remitido, los datos necesarios para elaborar la denuncia.

Las alegaciones contra la sanción fueron rechazadas (11) por la jefatura provincial de tráfico que admitió como única prueba, no solicitada, la declaración (10) del agente denunciante que volvió a recurrir, en su declaración manuscrita, al inaplicable reglamento 168/2013 que había traido a colación la jefa provincial de tráfico pero que no se había invocado en la denuncia. La sanción fue pagada en su totalidad ya que, para acogerse a la reducción del 50% que tráfico ofrece, hay que allanarse y renunciar al recurso. Interpuse a continuación el preceptivo recurso de reposición, ante la misma jefatura que no ha recibido respuesta. 

He enviado un escrito de queja al Justicia que lo ha remitido a su vez, con el ruego de que sea atendido, al defensor del pueblo, ya que la cuestión afecta a la administración del Estado. En cuanto los plazos legales para hacerlo hayan transcurrido, interpondré un recurso contencioso administrativo.

Hay quien piensa que la forma más rápida, y desde luego barata, de salir de este embrollo es matricular el scooter, por más que se trate de un vehículo a todas luces inadecuado para la circulación por vías interurbanas y totalmente asimilable a una silla de ruedas. Pero lo que yo creo es que hay que seguir adelante hasta obtener una respuesta inteligible y basada en la normativa en vigor. Y eso, claro, cueste lo que cueste porque, como escribió Martin Luther King en 1963, la injusticia en cualquier parte es una amenaza para la justicia en todas partes

 

jueves, 6 de febrero de 2025

Agosto de 1936.

 

El convento en los años 60. A la izquierda la casa de Carmen y José
Hace casi un mes del fracasado golpe de estado y del comienzo de la guerra civil. La guarnición no ha secundado el golpe y la ciudad se mantiene, por el momento, leal al régimen republicano. Decir que dentro de la legalidad es mucho decir. La legalidad republicana dejó de existir en gran parte del territorio a raíz del golpe de estado. El poder real está en manos de un comité revolucionario que pronto empieza a tomar medidas contra los que considera, en algunos casos con razón, partidarios de los militares golpistas. Uno de los estamentos más afectados es el clero. Los curas de los pueblos son perseguidos y, en muchos casos asesinados en las carreteras. Los pertenecientes a órdenes religiosas presentes en la ciudad, como los claretianos o los escolapios, están encerrados en el salón de actos de estos últimos. El obispo está encarcelado en el Ayuntamiento y muchos ciudadanos, considerados simpatizantes de los rebeldes, en el convento de las Capuchinas.

En la margen izquierda del río, cerca de la extensa huerta de la ciudad, hay un pequeño convento de monjas que se ganan la vida atendiendo enfermos y prestando pequeños servicios a la comunidad. El convento pasa, en los primeros momentos, desapercibido. Los vecinos de la calle llevan años conviviendo con las monjas que no tienen, ni han tenido, otra actividad que la asistencial, de la que viven. En la planta baja del convento hay una pequeña iglesia en la que dice, decía, misa todos los días un cura de los escolapios o de la vecina parroquia de San Francisco.

Unas puertas más abajo viven José y Carmen, en un caserón grande, destartalado y, visto desde la calle, algo inhóspito. La puerta y todos los balcones, ventanas y ventanucos de la parte delantera dan al rio Vero que, en verano, baja prácticamente seco y cuyo cauce está al otro lado de la calle, más allá de las dos fuentes que hay frente a la casa. Un portalón de madera que ajusta mal, dos balcones, uno por piso, en los dos primeros y dos pequeñas ventanas en el tercero. El balcón del primer piso es algo más grande que el del segundo y la barandilla algo más elaborada. Ninguno de los balcones tiene persianas, pero en el primero hay una tela blanca para proteger el interior del Sol que da allí prácticamente todo el día, gracias a la orientación Sur de las casas de este lado de la calle. El patio, nada más cruzar el portón, es grande, con suelo de tierra compactada y en él hay un pesebre para las caballerías, que ocupa toda la pared a la izquierda de la entrada, y dos puertas en el lado opuesto, que dan acceso a una cuadra y a una bodega, además del arranque de la escalera que da acceso a los pisos superiores. 

Subiendo la escalera y antes de llegar al primer piso, que sirve de dormitorio, hay un espacio dedicado a pisar la uva y, un poco más arriba, un pasillo a la derecha que conduce a la parte trasera de la casa donde hay una cocina, con fuego bajo de leña, bastante grande, un comedor, una antecocina y una serie de cuartos utilizados para guardar la parte de la cosecha dedicada al consumo familiar. A la entrada del comedor está el único váter de la casa y justo enfrente otra escalera que conduce a un piso algo más pequeño y a un tendedor, el terrado, que da a las huertas y al campo. El primer piso es grande, con habitaciones de techos altos. Sin posibilidad de calentarlas en invierno, y que sólo se utilizan para dormir. Son muy calurosas en verano las de la parte frontal, la que da al Sur, y más frescas, en los tres pisos, las que dan al norte, a las huertas. No hay agua corriente, pero la fuente está casi enfrente de la casa y da agua todo el año, siempre a la temperatura justa. José, que ya tiene cerca de los 60 años, baja a lavarse a la fuente como el resto de los hombres de la calle. Las mujeres se lavan en casa.

José es un pequeño agricultor. Combatió en Cuba y perdió. Con la gripe del 18 volvió a perder, esta vez a los dos hijos de su primer matrimonio. Esta guerra de ahora, él aún no lo sabe, también la va a perder sin necesidad de combatir. Ni él ni Carmen, su segunda mujer, tienen ninguna razón para simpatizar con el golpe militar, pero tampoco les entusiasman los revolucionarios que están alterando su, hasta entonces, pacífica vida de arrabal. Los dos hermanos mayores de Carmen, que están afiliados a la UGT y que van por la casa de cuando en cuando, son claramente beligerantes contra los militares rebeldes. José asiente distraído cuando alguno de ellos, sobre todo Félix, le coloca alguna larga perorata revolucionaria. Alguna vez, después del golpe, les ha dicho que, probablemente, la guerra la ganarían antes en el frente que hostigando a civiles desarmados en la retaguardia, pero las cosas no han ido más lejos. En el fondo se quieren, o, al menos, se respetan. Carmen no interviene en las discusiones, pero cree, y así se lo dice a su marido alguna vez, que sus hermanos acabarán mal. Las noticias que llegan de la zona ocupada, donde la represión contra la gente de izquierdas o contra meros simpatizantes de la república está siendo durísima, y lo que están viendo todos los días en su propia zona no permiten albergar muchas esperanzas.

Entre tanto y procedentes de Barcelona, llegan a la ciudad grupos heterogéneos de gente armada, entre ellos anarquistas y otros militantes de partidos de izquierda, junto con gente sin adscripción política, muchos recién salidos de las cárceles catalanas gracias a una suerte de amnistía decretada allí por las autoridades de facto. La presión de estos grupos termina con la relativa moderación del comité local que se ha impuesto a las autoridades republicanas y fuerza el inicio de las detenciones masivas y ejecuciones sin juicio. Un grupo de milicianos anarquistas ha tomado nota de la existencia del convento y ha amenazado a sus ya aterrorizadas ocupantes pero, de momento, las cosas no han pasado de ahí. Félix ha advertido a su hermana de que las cosas pueden ponerse muy feas para las monjas y que no estaría de más que abandonaran el convento y si pueden la ciudad, antes de la noche.

Pero la noche cae y las monjas siguen allí. El tumulto en el pueblo aumenta al oscurecer y los partidarios, reales o supuestos, del golpe militar se esfuerzan por pasar desapercibidos. Algunos se van de sus casas y se esconden en las de los vecinos o amigos menos sospechosos de connivencia con los rebeldes. Por la tarde se asalta un convento de claretianos y se detiene a los presentes, algunos curas y varios seminaristas muy jóvenes, que son conducidos al colegio de los escolapios donde van a pasar la noche. El coronel Villalba, al mando de la guarnición, que no ha secundado la rebelión, intenta calmar los ánimos, pero poco puede hacer. Algunos derechistas significados, que no han tenido la ‘suerte, de ir a parar a la prisión de las capuchinas, han sido asesinados in situ por elementos descontrolados.

En la casa de Carmen y José nadie duerme. Las tres hijas del matrimonio están aterrorizadas y José intenta evaluar la situación. No cree que él y su familia tengan nada que temer de los revoltosos, pero sabe que en una guerra a los civiles puede pasarles cualquier cosa sin necesidad de que haya ninguna razón para ello. En su calle, habitada sobre todo por pequeños agricultores, no hay nadie, que él sepa, que pueda atraer la atención de los revolucionarios, aunque por la mañana ha oído hablar de varios casos de detenciones arbitrarias sin otra razón que la inquina de algún miembro del comité. Por otra parte está el convento de las monjas, a cuatro puertas de su casa, y, después de lo que ha ocurrido con los claretianos, no sería de extrañar que intentaran algo contra ellas. Por la calle no se ve a nadie. Alguna sombra furtiva se mueve de una casa a otra, pero nada más. De momento parece que todo el alboroto tiene lugar al otro lado del río, sobre todo en las proximidades del ayuntamiento.

Pasada la medianoche José, que estaba sentado con la luz apagada en una silla de la sala que daba acceso a las dos alcobas del primer piso, oye abrirse la puerta del patio que no se cerraba nunca con llave, pero cuyas bisagras, faltas de aceite, delataban y más en el silencio de la noche y con la ventana abierta, cualquier intento de apertura. Se levantó y se dirigió hacia la escalera, no sin antes advertir a su mujer y sus hijas, que estaban en las alcobas sin decir palabra, que guardaran silencio. Antes de llegar se hizo con una gruesa rama de olivera que tenía en cuarto situado al final del largo pasillo que llevaba desde las alcobas al rellano. Allí se detuvo un momento, intentando ver u oír algo en la oscuridad. Al cabo de unos minutos advirtió que quienquiera que hubiera entrado en la casa intentaba cerrar la puerta haciendo menos ruido que al abrirla, pero sin poder evitar el chirrido de las viejas bisagras. Después de eso y tras unos momentos de silencio, oyó a alguien que se movía sigilosamente en el patio y una voz de mujer con acento apagado, posiblemente angustiado. 

- ¡Carmen! ¡Carmen!

José, algo más tranquilo, baja las escaleras hasta el primer rellano y, todavía sin ver de quien se trataba, pregunta.

- ¿Quién es? ¿Qué pasa?

- Soy Sor María, la superiora del convento, vengo con tres hermanas. Ha venido el sacristán de la parroquia y nos ha dicho que es mejor que no nos quedemos allí esta noche.

- ¿Sor María? ¿Y qué quiere que hagamos nosotros? Pero suban, suban…

Les hace pasar al lagar donde se pisa la uva y cierra la puerta tras ellas. En una repisa hay una palmatoria con un cabo de vela y unas cerillas con las que consigue algo de luz. Las cuatro monjas, vestidas aún con sus hábitos, están temblando a pesar del calor. El sacristán les ha dicho lo que está pasando con los escolapios y los claretianos y las monjas están aterrorizadas. José no sabe que decir. Él mismo está muy asustado. Su mujer y sus hijas están en la casa y no sabe, aunque puede intuirlo, las consecuencias que puede tener el acoger a las monjas.

La puerta del lagar se abre y entra Carmen que rápidamente pone las cosas en su sitio y despeja las dudas de su marido. Que tampoco eran muchas. Las monjas se quedan en casa esa noche y hasta que puedan marcharse a un lugar seguro. El pequeño piso de la parte de atrás, la que da a las huertas, en el que hay un par de alcobas y un conejar y desde el que se accede a un terrado que bien podría servir como vía de escape, será su refugio provisional.

Después de darles algo de ropa de cama, deja descansar a las monjas y vuelve con su marido a la sala del piso principal de la casa, donde siguen sus hijas ya sin ninguna posibilidad de conciliar el sueño. José sigue preocupado.

- Si vienen a por ellas y no las encuentran en el convento, las buscarán por la calle. No tardarán en venir aquí.

- Bueno, pues nosotros no sabemos nada. Aquí no están.

- Puede que se lo crean y puede que no. Puede que registren la casa. Puede que algún vecino las haya visto entrar y nos delate.

- No lo creo. Seguro que también hay monjas en alguna otra casa. Eran más de diez y aquí sólo han venido cuatro.

Son casi las tres de la mañana cuando se oye un fuerte alboroto en la calle. El ruido proviene del convento, dónde un grupo de hombres muy alterados parece haber irrumpido violentamente. Algunos de ellos deben estar ya dentro y fuera hay un grupo, unos cinco o seis, gesticulando y gritando. Parecen estar borrachos. Los que estaban dentro gritan algo a través de las ventanas de uno de los pisos y los que estaban abajo entran en la iglesia. Sacan algunas imágenes a la calle donde ya hay una hoguera encendida y las echan al fuego. Después preguntan, a voz en grito, que dónde están las monjas. Por el momento no se atreven a entrar en ninguna casa, pero aporrean puertas con las culatas de sus fusiles. Algunos vecinos, también José, se asoman a los balcones. Las casas más próximas al convento son objeto pronto de una atención especial. Los alborotadores se dirigen a sus habitantes y les conminan a entregar a las monjas bajo la amenaza de quemar el convento y toda la calle si es necesario.

Un grupo de vecinos ha bajado a la calle y se concentra en la calzada que separa la calle del cauce del río. Son bastantes y por un momento parecen suficientes para que el griterío de los asaltantes del convente se amortigüe un poco. Pero estos últimos van armados, y los vecinos que están con las manos vacías, son conminados a volver a sus casas bajo la amenaza de los fusiles. Los gritos se recrudecen y un grupo entra en una casa vecina al convento. Tras una tensa conversación con sus ocupantes, tiene lugar un registro infructuoso. En la casa no hay ninguna monja o no la han sabido encontrar. Empiezan entonces un registro sistemático, casa por casa, empezando por la parte de la calle más próxima a la parroquia.

Mientras tanto, las imágenes y los bancos de la pequeña iglesia del convento siguen ardiendo en la calle, en una hoguera alimentada por dos individuos armados que, de vez en cuando, hacen disparos al aire para amedrentar a los que se atreven a asomarse, impidiendo cualquier posibilidad de resistencia coordinada por parte de los vecinos. Pero el ruido está atrayendo a gente de la ciudad, no mucha, a los puentes sobre el río, sobre todo al de San Francisco, el más próximo al convento y a la iglesia del mismo nombre. El que parece ser el cabecilla de los asaltantes se dirige a los nuevos testigos para informarles de lo que está pasando allí y de lo que, según él, están haciendo los militares y los curas en los lugares en los que el golpe ha triunfado. Alguien pregunta que qué tienen que ver las monjas y los vecinos de la calle, una calle de obreros y campesinos, según el interpelante, con los militares y los curas rebeldes, pero no obtiene respuesta. No obstante, los asaltantes no parecen tan seguros, ante la pequeña concentración, y, después de proferir algunos gritos a favor de la república, de la anarquía y de la FAI, contra los militares, los banqueros, los terratenientes y los curas, y de amenazar a cualquiera que se confabule con los que ellos llaman enemigos del pueblo, deciden dejar las cosas como están y retirarse. Son más de las seis de la mañana y el Sol naciente ya ilumina la torre de la iglesia.

Con el nuevo día, las cosas parecen algo más calmadas, aunque circula el rumor de que por la noche se han producido algunas detenciones e incluso asesinatos de religiosos de los que estaban en los escolapios y también de las parroquias de los alrededores. Por otra parte la prensa republicana y sobre todo los pasquines de partido, destaca la brutalidad con que los militares rebeldes extirpaban el ‘cáncer rojo’ de las zonas que cayeron inicialmente y van cayendo en su poder. En la ciudad de Huesca, sin ir más lejos, son numerosas las ejecuciones por simples sospechas de falta de entusiasmo con la sublevación. Algunos vecinos de la calle son llamados a declarar ante el comité local a propósito de los acontecimientos de la noche anterior y aunque algunos se quejan del asalto al convento y las amenazas proferidas por los asaltantes, el comité parece más interesado en el paradero de las monjas que en mantener el orden. No obstante, se abstiene de presionar ni de amenazar y los vecinos vuelven a sus casas relativamente tranquilos.

En la casa de Carmen y José, la mañana es también tranquila. Aprovechan para dormir un poco y también para comer. Las cuatro monjas lo hacen en su refugio provisional y parecen haber recobrado un poco de serenidad. Le dicen a Carmen que creen que algunas hermanas salieron al campo por la parte de atrás y otras fueron a refugiarse en la ciudad. Ellas salieron las últimas y no se atrevieron a ir más lejos. José dice que la calle está vigilada y que es posible que esta noche vuelvan a reproducirse los alborotos y que ser ellos los únicos que han acogido a las monjas fugitivas, no les va a ayudar si las encuentran.

Con la noche llega de nuevo la oscuridad. La calle, que ya está mal iluminada en condiciones normales, no tiene ahora ningún punto de luz. En la casa nadie duerme. Carmen y sus hijas han subido por la tarde al terrado de la parte de atrás con algo de ropa para las monjas, incluyendo unos pañuelos improvisados para la cabeza. Después han quemado los hábitos en el fuego de la cocina y se han sentado a esperar. Por el momento parece demasiado arriesgado que abandonen la casa. Unas voces destempladas rompen el silencio de la calle y unos fuertes golpes en la puerta sobresaltan a los aterrorizados habitantes de la casa. José se asoma al balcón del primer piso.

- ¿Quién es? ¿qué pasa?

- Obre la porta. Sabem que amagueu feixistes a la casa..

- ¿Fascistas?, ¿Qué fascistas? Sólo estamos mi familia y yo.

- I les monges del convent. No et molestis a negar-ho. Val més que surtin per les bones o entrarem a per elles.

- Esta es mi casa. Aquí no podéis entrar.

Desde abajo le amenazan con los fusiles y un disparo impacta en la pared de la casa, por encima pero no a mucha distancia de su cabeza. José retrocede y corre por el pasillo hacia la puerta del piso y la escalera. Cuando llega al rellano oye las voces de los milicianos, ya dentro del patio y subiendo por la escalera. Algunos de ellos están bajo los efectos del alcohol, y el que parece ser el cabecilla se dirige a él en tono destemplado y agresivo.

- On son?

- ¿Qué vais a hacer? ¿Qué os han hecho esas mujeres?

- Això a tu no et fa res. Els capellans i les monges són enemics del poble i estan a favor dels militars que han traït la república 

- Estas monjas no están a favor ni en contra de nada. No han hecho mal a nadie. Id a combatir a los fascistas al frente y dejadnos en paz.

Estas palabras están a punto de costarle muy caro. Dos de los milicianos, a un gesto del cabecilla suben hacia José con los fusiles empuñados. José retrocede, dispuesto a defender como pueda el acceso al resto de la casa, pero en ese momento se oyen fuertes voces y algunos disparos en la calle. Tras un breve tumulto en el patio se ve subir por la escalera a un nuevo grupo de hombres armados y con una escarapela de la UGT en el brazo, que apuntan con sus fusiles a los que ya estaban dentro. Estos a su vez se encaran con los recién llegados sin saber muy bien a qué atenerse. Detrás sube Félix, el hermano de Carmen, que empuña una pistola, flanqueado por dos hombres con fusiles. 

Con la escalera abarrotada de hombres armados, la situación deviene potencialmente explosiva. En el piso donde están refugiadas las monjas y la familia de José están todas aterrorizadas por los gritos. Aunque han descartado una posible huida por el terrado, por estar demasiado alto, las monjas parecen dispuestas a cualquier cosa antes que caer en manos de los revolucionarios. 

Félix se dirige al jefe de los que han asaltado la casa

- ¿Qué pasa aquí? ¿Quiénes sois vosotros y qué queréis?

- Salud compañero. Hem de fer un registre. En esta casa hay enemigos del pueblo.

- Salud. Esta casa está bajo la protección de la UGT y no vais a hacer ningún registro. Y te repito la pregunta ¿quiénes sois?

- Somos de las milicias de retaguardia. Hemos venido desde Barcelona para combatir al fascismo. Y yo te repito que aquí hay fascistas escondidos.

Félix amartilla su pistola y los que vienen con el bajan los cañones de sus fusiles, apuntando a los asaltantes.

- Aquí no hay ningún fascista. Marchaos de una vez y ya resolveremos esto mañana en el comité. Abajo hay gente suficiente para solucionar esto por las malas.

-  Esto no acaba aquí. Nos veremos en el comité.

- Puedes estar seguro. Pero si volvemos a encontraros en esta calle lo resolveremos a tiros. Salud.

- Vés-te'n a l'infern. Demà arreglarem comptes.

Epílogo: Los alborotadores se retiraron, los milicianos de UGT bajaron a la calle y se acomodaron a fumar o mascar tabaco en silencio, en un pretil de mampostería que hay enfrente de la casa, sobre las escaleras de acceso a una de las fuentes. Félix intentó tranquilizar a su cuñado, pero lo consiguió sólo a medias. A partir de entonces ni siquiera la salida de las monjas sería una garantía para los habitantes de la casa, pero no obstante convinieron en que había que llevarlas a algún lugar seguro o pasarlas a la zona controlada por los rebeldes. Aunque esto último a Félix le pareció una herejía. Creía que bastaría con que fueran hacia Cataluña, con ropas civiles, y buscaran ayuda en alguna población grande. Ellos no podían hacer nada más, aunque seguirían vigilando la casa durante unos días. La presión de los milicianos sobre la ciudad fue disminuyendo como consecuendia de las demandas de la guerra de verdad. La que se libraba en los frentes. Las monjas salieron de la casa y pasaron a territorio controlado por los militares rebeldes. Allí también se fusilaba sin demasiadas formalidades, pero no a las monjas.

Las monjas, algunas de ellas, volvieron al convento una vez acabada la guerra. José y su familia también salieron de la ciudad cuando se anunció la llegada de las tropas sublevadas, ante el temor de que vinieran encabezadas por regulares africanos. Félix sobrevivió a la guerra y murió en Estada en los años 70. Uno de sus hermanos, Ángel, murió fusilado en Zaragoza en 1942. La familia siguió viviendo en la vieja casa hasta mediados de los años 60. Carmen murió en 1971 y José había muerto de cáncer en 1957.


lunes, 3 de febrero de 2025

Pesadillas


Imagen generada por Dalle E

No suelo tener demasiadas pesadillas, o no las recuerdo, con una pintoresca excepción que viene repitiéndose con cierta frecuencia en los últimos meses. Estoy metido en algún problema o situación complicada. Me he perdido o he perdido a alguien en alguna ciudad desconocida, el coche me ha dejado tirado en una carretera, tengo que llegar a una cita indeclinable y tengo problemas con el tráfico y cosas por el estilo. Todos esos problemas tienen algo en común: se solucionarían o se atenuarían con una llamada telefónica o consultando el mapa que ahora llevan todos los móviles, o consultando el correo o algún sistema de mensajería. Pero siempre me encuentro con dificultades insalvables para manejar el aparato. O bien no consigo marcar el número, o no encuentro la aplicación que muestra el mapa, o estoy sin batería, o… dificultades que solo se resuelven porque, al final, me despierto con una notable sensación de alivio.

Aún recuerdo cuando compré el primer aparato, en Barreu de Huesca en los primeros años 90. Me costó cinco mil pesetas (30€), y era un teléfono analógico operado por la, entonces única, compañía telefónica bajo la marca MoviLine. Un aparato que servía para efectuar y recibir llamadas y que te informaba, con una lucecita verde, si tenías alguna llamada perdida. Nada más. Era difícil hacerse adicto a semejante trasto que, además, tenía una utilidad relativa porque su cobertura era más bien limitada, probablemente por falta de repetidores suficientes. Tenían además la peculiaridad de que casi cualquiera con el receptor adecuado podía escuchar las conversaciones mantenidas a través de ellos.

A partir de la Expo y del Mundial del 92 se desplegaron los repetidores de telefonía digital, con terminales más compactos, que permitían saber quién te llamaba y mantener una agenda telefónica. Nada espectacular pero que empezó ya a crear usuarios compulsivos a los que se veía por las calles, medios de transporte, bares y casi cualquier sitio público con un terminal en la oreja y manteniendo lo que parecían ser importantísimas conversaciones que, a veces, ni siquiera existían. 

Internet se estaba desarrollando al mismo tiempo y era cuestión de tiempo que ambos desarrollos convergieran, cosa que ocurrió más o menos hacia el año 1994 con los primeros teléfonos inteligentes, también entonces se atribuía inteligencia a cualquier cosa, tendencia que se consolidó con la llegada de los sistemas IOS y Android a partir de 2007. 

Hoy prácticamente todo el mundo tiene uno. Un aparato que ha sustituido, habrá quien diga que con ventaja, al teléfono, al despertador, a la cámara fotográfica, a la guía de carreteras, a la agenda, al mando a distancia, al correo postal, al periódico en papel, al libro en papel, al banco, al comercio local, al mostrador de la seguridad social, al cine, a la televisión, a las reuniones con amigos, a la charla en el bar, al profesor y a muchas otras cosas. Cosas que hace apenas 20 años formaban parte de nuestra vida y a las que ahora accedemos, casi en exclusiva, a través de nuestros teléfonos móviles. Unos aparatos cuyo diseño y funcionalidades, gestionadas por los famosos algoritmos, dependen enteramente de la voluntad de unas pocas grandes compañías que han demostrado, sobradamente, su capacidad para llevarnos a donde quieren y por donde quieren. 




jueves, 23 de enero de 2025

Primarias en el PSOE aragonés.

 Darío Villagrasa es una joven promesa del socialismo aragonés que opta, optaba esta mañana al menos, a la Secretaría General del PSOE en Aragón. Los apoyos con que contaba y que, según sus propias palabras, le animaron a presentarse, parecen estar perdiendo peso y volumen, en un proceso que cuenta con notables antecedentes en Castilla León y Andalucía.

Hay, claro, otro candidato. Candidata, en este caso, que cuenta con el apoyo de la dirección federal del partido y que, además, es ministra de educación y portavoz del gobierno socialista. Una candidata difícil de batir para un candidato local, aún en el supuesto de que las preceptivas, si hay más de un candidato, elecciones primarias se llevaran a cabo con total neutralidad por parte de los órganos del partido y del gobierno.

Pero esa neutralidad en las actuales circunstancias es improbable. El gobierno y la dirección federal del partido, que en la práctica son la misma cosa, están sometidos a una fuerte presión por vía judicial y sufriendo una estresante debilidad parlamentaria, que no admite grietas en la unidad interna. Se podría, quizá, haber dejado vía libre al candidato local pero, una vez que se ha optado por la confrontación con la estructura saliente, que por otra parte ya viene de lejos, no se presenta a una candidata, tan significada como Pilar Alegría, para que pierda. Ni para que corra el riesto de perder.

Es verdad que en Extremadura la candidata supuestamente apoyada por el gobierno perdió las primarias. Pero era una mujer prácticamente desconocida fuera de Extremadura y su oponente era entonces secretario general del partido en la región. Un hombre, además, que había dado la cara en uno de los conflictos judiciales que afectan al presidente. Nada que ver con la situación en Aragón.

Y ¿qué es lo que está pasando ahora? Pues que los apoyos con los que Darío contaba están pasándose a Pilar. Para gente que aspira a tener algo parecido a una carrera política en el PSOE enfrentarse al presidente y secretario federal del partido es algo muy arriesgado. Y para que valga la pena correr el riesgo, no basta con tener un buen candidato. Parece que Darío lo es. O lo era. Ha de ser un candidato con posibilidades reales. Pero basta con que algún apoyo o agrupación considerados firmes se descuelgue, para que empiece la desbandada y todos, o la mayoría, se esfuercen en no llegar los últimos a rendir pleitesía a la ganadora. Y ya se han descolgado varios.

Lo más probable, pues, es que Darío se haga a un lado como consecuencia, desde luego, de una reflexión personal y negociando alguna cuota de poder con Pilar Alegría. Y que Pilar pase a ser la única candidata y, por tanto, la próxima Secretaria General del PSOE en Aragón. Sin el engorro de unas primarias que, como es sabido, las carga el diablo.

Es posible que este proceso, tal como se ha descrito, no contribuya a consolidar la democracia interna dentro del PSOE, pero, a estas alturas, eso no le va a quitar el sueño a nadie. Así son las cosas. O así parecen.


lunes, 13 de enero de 2025

Diálogos para Besugos VII.


- Buenas tardes, yo venía a contarle…
- Es que ahora no puedo atenderle.  
- Pero…
- Y además… ¿Quién es usted?
- Soy el presidente.
- Ah, encantado. Pero no tengo suelto. Vuelva otro día.
- ¿Que no tiene suelto? Va a resultar usted un gracioso. De todas formas, no vengo a recaudar. Eso lo hacen los de hacienda. 
- Ya. Por si acaso. Y ¿A qué ha venido, si puede saberse?
- Como le decía yo vengo a contarle lo mucho que mi gobierno ha hecho y va a seguir haciendo por los más desfavorecidos.
- Pues me alegro de que toque ese tema. Una vez que hayan hecho ustedes por ellos lo que se sea que vayan a hacer, ¿Seguirán siendo los más desfavorecidos? Y, si no, ¿Quiénes serán entonces los más desfavorecidos? A ver si vamos a liarla y favoreciendo, favoreciendo voy a acabar siendo yo el más desfavorecido.
- Bueno, mire, no se preocupe por eso. En realidad, también vamos a trabajar por los más vulnerables.
- Vaya, otros que tienen suerte. Y dígame ¿Qué diferencia hay entre los más vulnerables y los más desfavorecidos?
- Los más vulnerables son los que corren el riesgo de quedarse sin trabajo, sin casa y sin alimentos. Como usted. Los más desfavorecidos son los que ya no tienen casa, ni trabajo ni alimentos. Como ve la diferencia es notable. Los más vulnerables corren el riesgo de ser los más desfavorecidos a no ser que les ayudemos. Por suerte para ustedes estamos aquí.
- Oiga, que yo no corro ningún riesgo de quedarme sin trabajo, sin casa y sin alimentos.
- ¿No? ¿Está seguro?
- Sí. Yo soy un jubilado. Después de muchos años de cotizar recibo una pensión que me he ganado sobradamente. Y tengo mis ahorros. 
- Ah, pero usted no es sólo un jubilado. Usted es un privilegiado, aferrado a un sistema que solo funciona bien con 4 trabajadores activos por jubilado. Ahora no hay ni dos. Lea, lea la prensa. Y dentro de poco habrá uno. Créame, es usted bastante vulnerable y va camino de estar entre los más vulnerables.
Seguro que el sistema de pensiones, en su diseño actual, tiene los días contados. Como tantas otras cosas. Pero yo también, así que estoy preocupado, pero no mucho. Ustedes deberían estarlo más porque para eso cobran, y hasta puede que lo estén, pero tampoco demasiado porque esperan pasarles el problema a los que vengan detrás.  
- Yo he dicho en varias ocasiones que el sistema de pensiones es intocable y que los jubilados actuales pueden estar tranquilos. La última reforma que aprobamos blindó el poder adquisitivo de las pensiones hasta 2050.
- No me diga. Inflación incluida, supongo. Pero entonces, ¿a qué viene eso de que soy vulnerable y llevo camino de serlo más? 
- Pues a que una cosa es lo que hacemos nosotros y otra la que haría la oposición. Ellos recortarían las pensiones, subirían los viajes del Inserso y hasta les quitarían la entrada de cine de los martes. Ya sabe cómo son.
- No. ¿Cómo son?
- Pues…

Enviado a ECA 13 de enero de 2025

viernes, 27 de diciembre de 2024

El Valor del Silencio (Texto generado íntegramente por AI)

 















En un mundo cada vez más ruidoso, el silencio se ha convertido en un bien escaso. Vivimos rodeados de notificaciones, conversaciones ininterrumpidas, motores que rugen y música que resuena en cada rincón. Sin embargo, pocos se detienen a reflexionar sobre lo que significa el silencio, su importancia y las oportunidades que nos ofrece. El silencio no es simplemente la ausencia de ruido. Es un espacio de encuentro con uno mismo, un refugio donde podemos procesar nuestras emociones, pensamientos e inquietudes. En el silencio, encontramos claridad, un momento para analizar nuestras decisiones y evaluar el rumbo de nuestra vida. Grandes ideas han nacido en momentos de introspección silenciosa; incluso las mentes más brillantes, como las de Einstein o Newton, encontraron inspiración en la calma. Pero en la sociedad actual, el silencio tiende a interpretarse como vacío o incomodidad. Las conversaciones se llenan de palabras superfluas para evitar los "momentos incómodos", y muchos sienten la necesidad de estar constantemente conectados para no enfrentarse al temido "aburrimiento". Sin embargo, el silencio no debería asustarnos. Deberíamos aprender a abrazarlo como una herramienta valiosa para el bienestar mental y emocional. Las tradiciones filosóficas y espirituales han reconocido desde hace milenios el poder del silencio. Desde la meditación budista hasta los retiros espirituales en monasterios cristianos, el silencio ha sido clave para alcanzar la paz interior. Estas prácticas nos enseñan que desconectar del ruido externo nos permite escuchar la voz interna, una guía que muchas veces ignoramos por el bullicio de la vida diaria. A nivel práctico, incorporar momentos de silencio en nuestra rutina puede tener efectos profundos. Un paseo por un bosque, unos minutos de respiración consciente al despertar o simplemente apagar el teléfono durante una hora pueden transformar nuestra percepción del día. Estos momentos no solo reducen el estrés, sino que también nos permiten ser más productivos y creativos. El silencio también tiene un impacto social. En un diálogo, aprender a escuchar sin interrumpir puede enriquecer enormemente las relaciones. Cuando dejamos espacio para el silencio, permitimos que las palabras del otro calen más hondo, fomentando una comunicación más auténtica y empática. En conclusión, el silencio no es un lujo, sino una necesidad. En un mundo donde el ruido parece inevitable, buscar momentos de quietud es un acto de resistencia y autocuidado. Más que nunca, necesitamos el silencio para recordar quiénes somos y hacia dónde queremos ir. Como dijo el filósofo Blaise Pascal: "La desgracia del hombre proviene de no saber permanecer en reposo, solo, en su habitación". Tal vez sea hora de redescubrir ese arte olvidado.

jueves, 19 de diciembre de 2024

El dedo en el ojo

 

Apenas dos meses después del último ‘momento histórico’, vivido gracias al anuncio de la ubicación de un centro de datos en Calatorao, asistimos a otro a cuenta de la decisión de la empresa china CATL de instalar una gigafactoría en Figueruelas. Un diario de circulación nacional saludaba el acontecimiento con un editorial titulado ‘El milagro económico aragonés’ en el que, entre otras cosas, todas estupendas, se decía que Aragón es ‘una de las pocas regiones de España que están entrando en el futuro de manera clara y firme, convirtiendo en fortalezas lo que hasta ayer eran debilidades’

No creo que sea para tanto, ojalá lo fuera, pero, en todo caso, no estaría de más tratar de mantener los pies en el suelo, sobre todo al hablar de inversiones multimillonarias como las que, por lo visto, está previsto que se materialicen a lo largo del año que viene. Unos cuarenta mil millones, según la entusiasta editorialista.

Conviene aclarar, yo también estaba algo despistado, que el término giga en la palabra gigafactoría, no se refiere, o no sólo, al tamaño de la fábrica en cuestión, sino al orden de magnitud (Gwh) de la capacidad de almacenamiento del millón de baterías para automóviles eléctricos que va a producir al año. Que es una cantidad ciertamente respetable y que debería suponer, de materializarse, que el tránsito a la movilidad eléctrica ha dejado, o habrá dejado para entonces, atrás las dudas sobre su viabilidad. 

Una vez más, las fortalezas de Aragón, exhibidas a la hora de acoger este tipo de fábricas, son el suelo disponible, el agua del Ebro y el sol y el viento que pueden, con los artilugios adecuados, transformarse en energía renovable. El suelo ya parece estar comprometido en las proximidades de la actual factoría de Figueruelas, agua, al menos este año, parece haber de sobra y energía… ya veremos. No sé si es a estas fortalezas a las que se refería la editorialista, ni por qué, de ser así, eran antes debilidades. A no ser, claro, que se considere una fortaleza sobrevenida la progresiva despoblación del territorio, Zaragoza excluida, y la consiguiente disponibilidad para otros usos de la energía, el agua y el suelo que nosotros no utilizamos por falta de gente, de dinero o de ideas.

El regulador eléctrico español ha aplicado varias veces en los últimos años, y por última vez el pasado jueves, el protocolo de desconexión de grandes industrias. La razón es un déficit ocasional en la generación procedente de fuentes renovables. Esto es algo que no tiene por qué condicionar nada, pero pone de manifiesto que las redes de transmisión, diseñadas para un suministro centralizado y homogéneo y los sistemas de almacenamiento necesitan adaptarse cuanto antes. Pero ayer, viniendo de Zaragoza, mientras atravesaba las nuevas trincheras de Estrecho Quinto, y a la vista de lo que ha pasado y está pasando en Valencia, me preguntaba si hay aquí alguien planificando algo. 

Enviado a ECA 20 de diciembre de 2024


miércoles, 20 de noviembre de 2024

Conversaciones al atardecer. Guerra Civil

Le he pedido a ChatGpt que se haga pasar por el general Emilio Mola Vidal, director de la conspiración militar que desembocó, en julio de 1936, en un golpe de estado fallido y en una guerra civil de tres años de duración. La hipotética conversación tiene lugar en el gobierno militar de Navarra, un día cualquiera de la primavera de ese mismo año.




Diálogo (simulado) con el General Emilio Mola

Yo: He oído que no está usted muy contento con el régimen republicano en España. ¿Es eso cierto?
General Mola: Cierto. El régimen republicano ha llevado al caos y a la anarquía. La disciplina se ha perdido, y el orden debe ser restaurado.

Yo: ¿No tendrá algo que ver también el que usted se considere marginado por las autoridades republicanas?
General Mola: No se trata de cuestiones personales. Es el deber para con España lo que me mueve. La patria está por encima de cualquier agravio personal. El régimen ha fallado en proteger la nación y mantener la unidad.

Yo: No me diga. Y ¿qué debería haber hecho, que no haya hecho según usted, para proteger la nación?
General Mola: Debería haber restablecido el orden con firmeza, contener el desorden social y frenar el avance del comunismo y el separatismo. En vez de eso, se ha dejado que la anarquía se extienda, debilitando nuestras instituciones y dividiendo al pueblo.

Yo: Bueno, pues preséntese a las próximas elecciones y trate de llegar al gobierno.
General Mola: ¿Elecciones? Esta situación no se resuelve con urnas. La política ya ha demostrado su incapacidad para preservar la nación. Es momento de actuar con determinación y rescatar a España del caos.

Yo: Pero ¿es que piensa usted sublevarse?
General Mola: Si el deber lo exige, sí. La patria necesita hombres que actúen, no que esperen. La sublevación es una opción cuando no queda otro camino para salvar a España.

Yo: Supongo que no es usted el único militar descontento que está pensando en ajustar cuentas con el gobierno.
General Mola: No, no soy el único. Hay muchos oficiales que comparten mi visión y el descontento con este desgobierno. España tiene soldados leales que no permitirán que la nación se desmorone sin luchar.

Yo: La ley que anuló los arbitrarios ascensos del régimen anterior tiene mucho que ver con ese descontento, me parece a mí. Aunque no niego que algunos de ustedes estén legítimamente descontentos con algunos aspectos de la política gubernamental.
General Mola: Puede ser. Algunos pueden sentirse afectados por esa ley, es verdad. Pero la causa es mucho más profunda. No se trata de ascensos o posiciones personales; se trata de ver cómo el país se desintegra mientras quienes deberían defenderlo miran hacia otro lado. Es un asunto de deber y de supervivencia nacional, no de rangos.

Yo: Ya hubo una sublevación encabezada por el general Sanjurjo que fracasó. ¿Por qué cree que ahora va a ser diferente?
General Mola: Porque hemos aprendido de los errores. Esta vez no habrá improvisación. Estamos organizados, con más apoyos y mejor preparados. Sabemos a lo que nos enfrentamos, y la situación del país es mucho más crítica. El pueblo está cansado, los militares estamos listos, y no repetiremos las debilidades de 1932. Esta vez no fallaremos.

Yo: Me preocupa Vd. Está hablando de salvar al país con un baño de sangre.
General Mola: Sé que el camino que planteo es duro, pero la alternativa es peor: la desintegración total de la nación. No busco la violencia, pero estoy dispuesto a aceptarla si es necesario para salvar a España. A veces, para extirpar un mal, el remedio es doloroso.

Yo: Ustedes han jurado defender el régimen republicano. Sublevarse es traición.
General Mola: Lo que juré fue defender a España, y ahora mismo el régimen es quien la está traicionando. La lealtad a la patria está por encima de cualquier juramento a un gobierno incompetente. Si el régimen no cumple con su deber, la obligación de un soldado es actuar para salvar la nación, no para obedecer ciegamente.

Yo: ¿Han intentado ustedes negociar con el gobierno?
General Mola: Las negociaciones han sido intentos inútiles. El gobierno está atrapado por intereses partidistas y extremistas, sin capacidad para entender la gravedad de la situación. No hay voluntad de escuchar ni de rectificar. Las palabras ya no sirven cuando el país está al borde del abismo.

Yo: No sé si sabe que la policía les sigue la pista. Podría acabar usted en la cárcel antes de que consiga sublevar al ejército. O a una parte, porque todos no van a estar con usted y sus compañeros.
General Mola: Soy consciente del riesgo. La policía, el gobierno, todos están alerta, pero no nos detendrán. Sabemos el peligro que corremos, y lo aceptamos. La sublevación no depende de un solo hombre. Ya es un movimiento, una determinación colectiva. Si caigo yo, habrá otros para continuar. Esto va más allá de nosotros, es por España.

Yo: Bueno. Supongamos que se sublevan ustedes y supongamos también que triunfan y derriban al gobierno. ¿Qué harán después?
General Mola: Estableceremos un gobierno de unidad nacional que restaure el orden y la disciplina. Se depurará la administración de elementos revolucionarios, se garantizará la seguridad, y se eliminará la amenaza comunista y separatista. Habrá un poder fuerte y centralizado que devuelva a España la estabilidad. Se protegerá la propiedad privada, y se promoverán valores de unidad y patriotismo. Solo así podremos reconstruir la nación.

Yo: Debe saber que los partidos de izquierdas están organizados y que ese programa no les va a convencer. ¿Piensa encerrarlos a todos?
General Mola: No todos. Pero aquellos que representen una amenaza directa a la estabilidad de España, aquellos que alienten la subversión y el caos, serán neutralizados. Habrá detenciones y medidas firmes contra quienes persistan en el desorden. No se permitirá que vuelvan a arrastrar al país a la anarquía. Si no hay lealtad hacia la nación, se actuará sin vacilación.

Yo: Neutralizarlos... ¿no querrá decir matarlos?
General Mola: Preferiría evitarlo, pero en una situación de guerra civil, lamentablemente, no siempre se puede elegir. La prioridad es asegurar la victoria y la estabilidad de España. Si algunos persisten en una resistencia violenta, se les tratará como enemigos de la patria. En tiempos de guerra, el uso de la fuerza es inevitable. No es una cuestión de deseo, sino de necesidad.

Yo: Bueno. Guerra civil habrá sólo si la cosa queda en tablas. No si triunfa su golpe. No habrá necesidad de matar a nadie.
General Mola: Eso sería lo ideal, claro está. Si el golpe tiene éxito inmediato y logramos controlar la situación sin resistencia significativa, la violencia podría minimizarse. Pero debemos ser realistas: habrá quienes no acepten el cambio y se resistan. Esas fuerzas harán todo lo posible por desencadenar un conflicto. No me engaño sobre la resistencia que encontraremos; siempre preferiría evitar el derramamiento de sangre, pero estoy preparado para lo que sea necesario.

Yo: También puede ser que ustedes fracasen. ¿Creen que el gobierno será tan magnánimo como con Sanjurjo?
General Mola: Lo dudo. Esta vez, el contexto es más tenso, y el gobierno está más alerta y menos dispuesto a perdonar. Si fracasamos, sabemos que nos espera una represalia contundente. No habrá indulgencia. Sin embargo, cada hombre involucrado es consciente del riesgo que corre y está dispuesto a asumirlo. No luchamos por indulgencia, luchamos por convicción.

Yo: Bueno. Ya veo que España, una vez más, va a ser 'salvada' le guste o no.
General Mola: Así es. No se trata de si gusta o no, se trata de lo que creemos que es necesario para preservar la nación. España ha llegado a un punto crítico y no puede permitirse caer en el caos y la división. Alguien tiene que actuar, y nosotros estamos dispuestos a hacerlo, con todas las consecuencias que eso implique.

Yo: La república ha tenido cosas buenas. ¿Piensan mantener el régimen republicano después de su 'golpe'?
General Mola: No, no lo creo. La república ha demostrado ser incapaz de mantener el orden y la unidad. Ha permitido el auge del separatismo, del comunismo y del desorden social. Nuestro propósito es establecer un régimen fuerte, capaz de garantizar la estabilidad y la integridad de España. El régimen republicano ha fracasado, y debemos sustituirlo por una estructura que asegure autoridad, orden y una visión unificada del país.

Yo: Está hablando de la vuelta de la monarquía, claro...
General Mola: Podría ser una posibilidad, pero no es el objetivo inmediato. Lo que buscamos, ante todo, es restablecer el orden y la unidad nacional. Si la monarquía resulta ser la mejor opción para garantizar estos fines y lograr la estabilidad de España, entonces sí, podría considerarse. Pero lo primero es la patria y la paz, la forma de gobierno vendrá después.

Yo: ¿No pensarán establecer una dictadura militar en pleno siglo XX?
General Mola: No se trata de una dictadura militar en el sentido clásico, sino de un gobierno fuerte y centralizado, capaz de tomar decisiones rápidas y efectivas para superar la crisis actual. España necesita disciplina y estabilidad, y eso requiere un liderazgo firme. El objetivo no es perpetuar un poder militar, sino asegurar que el país se reorganice, recupere el rumbo y luego establecer una estructura que garantice el orden y el desarrollo.

Yo: En fin. Si la sublevación es inevitable, espero que sean ustedes capaces de tomar el poder de modo inmediato y con el menor derramamiento de sangre posible. De lo contrario tendremos esa guerra civil y en mi opinión cualquier cosa es preferible a la guerra. Incluso que gobiernen ustedes.
General Mola: Lo entiendo. La guerra civil es el peor escenario, y también preferiríamos evitarla a toda costa. Nuestra intención es actuar con rapidez y determinación para evitar un conflicto prolongado. Tomar el poder de inmediato y restablecer el orden con el menor costo posible es nuestra prioridad. Ojalá no tengamos que llegar a esos extremos, pero si no queda otra opción, haremos lo necesario. Espero que la nación pueda encontrar la paz, de una forma u otra.

Yo: Muy bien. Eso es todo. Le agradezco su paciencia. No puedo, no obstante, desearle suerte.
General Mola: Lo entiendo perfectamente. Cada uno tiene su visión sobre lo que es mejor para España. Le agradezco la conversación, ha sido directa y honesta, como debe ser. Hasta otra ocasión, si es que el destino lo permite.



domingo, 3 de noviembre de 2024

Autonomía y catástrofes


No es normal que se abuchee al Rey. Ni que se le lancen pellas de barro u otros objetos cuando acude, junto con la Reina, a interesarse por las consecuencias de una catástrofe humanitaria como la de Valencia. Pero ha ocurrido. Porque la gente está harta. Más que del Rey, probablemente, de los políticos que le acompañaban. Entre ellos estaban los presidentes de los gobiernos central y autonómico, principales responsables de la manifiesta ineficiencia de la administración pública antes, durante y después del desastre. 
Y ¿por qué está harta la gente? Pues porque cree, probablemente con razón, que el Estado, que se queda aproximadamente con el 50% de sus ingresos y pretende regular todos los aspectos de su vida, debería estar presente cuando ocurre una desgracia de este tipo. Y, desde luego, que los políticos, que viven y no mal, a costa de sus impuestos, no deberían ofrecer un espectáculo de elusión de responsabilidades como el que han ofrecido. Y que aún siguen ofreciendo. 
Hay quien cree que las responsabilidades, en esta nueva gota fría, además de con el calentamiento del Mediterráneo y otros factores naturales difíciles de prever y más difíciles de controlar, deben repartirse entre los gobiernos regional y central. Y es cierto, hasta cierto punto, pero hay algún matiz. El gobierno valenciano ha dado muestras de cierta incompetencia y desorientación, como, por otra parte, era de esperar. Estos gobiernos están formados por gentes sin formación ni capacidad específica para este tipo de situaciones, cuyo mérito principal y a veces único, es pertenecer a la cúpula de un determinado partido político. Sirven, mejor o peor, para llevar la gestión ordinaria, planificar eventos, inaugurar cosas y celebrar fiestas regionales. Pero cuando tienen que enfrentarse con problemas reales y graves es difícil esperar que los resuelvan. Pero es que, además, el gobierno valenciano carece de los medios necesarios para afrontar una emergencia como esta así que, aunque tuvieran gente competente al frente, no podrían hacer nada sin la ayuda del Estado.
Y el gobierno central, que tiene los medios y las competencias que se necesitan para intervenir decisivamente, puede haber preferido dejar que el gobierno regional, de otro partido, se queme en el intento, casi inevitablemente fallido, de arreglar algo. Aparentemente, ha rechazado la ayuda ofrecida por países extranjeros, como Francia y Ecuador, mientras movilizaba sus recursos con cuentagotas, alegando que el gobierno regional no los había solicitado. Y así han pasado cuatro días, desde la catástrofe, durante los cuales los afectados se han sentido abandonados por el estado y han sobrevivido sin más ayuda que la prestada por voluntarios civiles de la más diversa procedencia. Incluidos los bomberos franceses cuya ayuda había rechazado el gobierno.
En estas condiciones, la visita real podría, quizá debería, haber sido organizada al margen, o al menos sin la presencia, de los políticos en activo, a los que la gente considera directamente responsables de la desatención sufrida. La función de la monarquía en esta y similares circunstancias es, o debería ser, la de representar el apoyo de la nación y consolar a las víctimas. No la de solidarizarse con el gobierno o respaldar sus acciones u omisiones. Aunque las cosas son como son y no como, idealmente, deberían ser. Así, la casa real ha asumido un riesgo, no muy bien calculado, que se ha saldado con algunas lamentables escenas de violencia sin mayores consecuencias, la precipitada evacuación del presidente del gobierno, y una exhibición final de dignidad, solidaridad y empatía por parte de los reyes. 
En todo caso, mientras un número importante de personas siga viviendo sobre barrancos, susceptibles de transportar a gran velocidad enormes volúmenes de agua, podemos estar seguros de que fenómenos parecidos a este o peores, volverán a ocurrir más tarde o más temprano. En Valencia o en cualquier otro lugar donde se den parecidas circunstancias.  

sábado, 19 de octubre de 2024

Mirando al Pueyo

 


Momentos históricos

 

Hace 16 años, en la sala de la Corona de la sede del gobierno de Aragón, presentaron lo que iba a ser ‘el proyecto más grande en Aragón desde los Reyes Católicos’. Sus impulsores, se dijo, ‘habían sabido reconocer la idoneidad del territorio Aragonés’ para desarrollar un proyecto que iba a atraer 40 millones de visitantes cada año, y que consistía en ubicar un enorme conglomerado de hoteles y casinos en el desierto de los Monegros. La proclamada idoneidad de Aragón se debía a la ‘disponibilidad de agua, energía y suelo abundantes’, además de ‘estabilidad política’. El proyecto no salió adelante, pero se había declarado de interés público o se había modificado la legislación para facilitar su puesta en marcha. Nadie, por supuesto, asumió, tras el fracaso, responsabilidad alguna ni dio la menor explicación.
El Heraldo de Aragón del pasado día 15 daba la noticia de la presentación, en el mismo lugar, del proyecto de creación, por un fondo de inversión norteamericano, de un nuevo centro de datos en Calatorao. En principio nada especialmente llamativo; entre Huesca y Zaragoza ya hay tres centros de ese tipo en explotación y, contando este y según el mismo artículo, otros 16 en proyecto, impulsados por Microsoft y otras empresas relacionadas con el sector informático o los fondos de inversión. La presentación tuvo, sin embargo, algunos momentos de 'déjà vu' como, por ejemplo, cuando el presidente dijo que el promotor había ‘sabido reconocer el inmenso potencial que tiene Aragón’, constatando, añadió, que en ‘Aragón contábamos con talento, energías renovables, agua suelo y paz social’. Llevado por el entusiasmo, aunque en esta ocasión sin involucrar a los Reyes Católicos, dijo también que Aragón estaba viviendo un ‘momento histórico’ y anunció la declaración de interés autonómico del proyecto. Las similitudes, por el momento, terminan aquí. Espero.
El presidente aseguró que Aragón iba a superar a Virginia, en Estados Unidos, como sede de estos centros, cosa que, a decir verdad, no parece muy difícil. Virginia no dispone de demasiado suelo libre, algunos enclaves históricos de la Guerra Civil americana han tenido que ser utilizados para instalar los últimos centros, y en algunos sectores del estado empieza a preocupar el agua y la energía comprometidos en esas instalaciones. Ese, el de preocuparnos por el futuro, es un problema que aquí no tenemos.  Aun así, no acabo de compartir el entusiasmo por estas granjas de máquinas, ordenadores, routers, etc., que serán chatarra en pocos años y que, mientras tanto, consumirán recursos, ya veremos si por encima de nuestras posibilidades. Sería mejor intentar, como proponía mi buen amigo Ildefonso García Serena la semana pasada, impulsar la fabricación de chips. O retener y atraer talento para desarrollar los algoritmos que gestionarán los datos base de la IA, ya que tanto, y sin duda tan justificado, interés tenemos ahora por esta tecnología. 
Porque la presencia de los centros de datos en territorio aragonés aporta más bien poco a la digitalización de la comunidad. Los doscientos empleos que se anuncian para después de la terminación de las obras, si finalmente se llevan a cabo, serán empleos de mantenimiento. Electricistas cualificados, probablemente con titulación superior, pero nada más. Los puestos de trabajo relevantes en esta industria seguirán estando en California y otros lugares de Estados Unidos o en Alemania, Reino Unido o Dinamarca. Aquí podemos seguir viéndolas venir, pero hay otras posibilidades. De todo lo que alardeamos, agua, energía…, el talento es lo más seguro. No conviene desaprovecharlo.


Enviado a ECA 25 de Octubre de 2024


lunes, 7 de octubre de 2024

Catedral de Barbastro, Museo diocesano, Obispado, Ayuntamiento, Residencia de las Hermanitas de los ancianos desamparados, Escolapios, Uned, el Coso. En la esquina superior derecha el puente del Portillo y el Vero.

 


sábado, 5 de octubre de 2024

Visión crítica de la democracia

 

La democracia, entendida como un mecanismo institucional para la participación ciudadana en la toma de decisiones colectivas, es un sistema complejo que se ha convertido en un pilar fundamental en las sociedades contemporáneas. No obstante, su aplicación y evolución en el contexto actual plantea numerosas tensiones y desafíos que requieren un análisis crítico y profundo. En este ensayo se revisan las problemáticas inherentes a la democracia contemporánea, fundamentadas en la discusión de sus limitaciones y patologías, inspiradas en el análisis presentado en el documento “Anatomía patológica de una democracia (II)” de Fernando del Pino Calvo Sotelo, que ofrece una visión crítica sobre el estado de la democracia en nuestros días.

La democracia ha llegado a ser considerada, en muchos casos, no como un sistema político perfectible y en constante desarrollo, sino como una especie de dogma incuestionable. Esto contrasta con la visión original de los teóricos fundadores, quienes entendieron que, si bien la democracia representa una mejora significativa respecto de sistemas autocráticos, su eficacia depende de la existencia de límites institucionales claros que prevengan la concentración del poder y protejan los derechos de las minorías. La preocupación sobre la llamada "tiranía de la mayoría" no es un elemento nuevo, sino una advertencia recurrente desde los orígenes de la democracia liberal. James Madison, por ejemplo, la describió como “la forma más vil de gobierno”, destacando la necesidad de mecanismos que limiten el poder de las mayorías y salvaguarden las libertades individuales.

Un aspecto fundamental de la problemática democrática actual radica en la naturaleza del voto. El sufragio universal, si bien garantiza la participación masiva, no necesariamente implica decisiones informadas y racionales. En realidad, la decisión de voto suele estar influenciada por factores externos como la propaganda, el carisma de los candidatos, o la tradición familiar de votar por un partido específico. Esta frivolidad y falta de deliberación crítica pervierte el objetivo de la democracia, que debería basarse en un electorado informado y consciente de las implicaciones de sus decisiones. El fenómeno de la propaganda moderna, facilitado por tecnologías digitales, ha amplificado la capacidad de los actores políticos para manipular las percepciones públicas y canalizar emociones como el miedo, lo cual resta racionalidad al proceso de elección.

Asimismo, el problema de agencia es un componente crítico en la discusión democrática. Los representantes políticos, a menudo, priorizan sus propios intereses o los de grupos específicos por encima de los intereses generales de la población. Esta desconexión entre representantes y representados es, en gran medida, consecuencia de la asimetría informativa y de la falta de mecanismos efectivos de rendición de cuentas. La negociación del gobierno español con los separatistas catalanes y vascos, mencionada en el documento base de este ensayo, ilustra cómo las decisiones políticas pueden estar más alineadas con la supervivencia de un gobierno particular que con el bienestar nacional.

El reto, entonces, no es únicamente identificar las patologías de la democracia, sino reflexionar sobre cómo reformarla y adaptarla a las realidades contemporáneas. Al igual que los avances tecnológicos obligan a reconsiderar y reformular métodos educativos y prácticas sociales, la democracia también debe evolucionar para responder a las nuevas dinámicas sociales, económicas y tecnológicas. La incorporación de la inteligencia artificial y la digitalización, por ejemplo, representan oportunidades y riesgos que deben gestionarse adecuadamente para evitar una mayor concentración del poder o la manipulación exacerbada de la opinión pública.

La legitimidad de la democracia reside, en última instancia, en su capacidad para promover el bienestar de todos los ciudadanos de manera equitativa. Para ello, es fundamental fortalecer el Estado de Derecho, garantizar la separación de poderes y limitar el poder del Estado mediante mecanismos efectivos de control y rendición de cuentas. Adicionalmente, una democracia saludable requiere una ciudadanía educada e informada, capaz de discernir entre los argumentos válidos y la manipulación, y de participar activamente en la construcción de un sistema más justo y equitativo.

La democracia es un sistema en constante construcción que debe ser analizado y criticado para poder evolucionar y enfrentar los desafíos actuales. Lejos de idealizarla como un fin en sí mismo, debemos verla como una herramienta que, si es correctamente gestionada, puede maximizar la libertad y el bienestar colectivo. Es imperativo, entonces, repensar las instituciones democráticas, educar a la ciudadanía y fomentar una participación crítica que permita una constante adaptación del sistema a las nuevas realidades, asegurando así su efectividad y legitimidad en el siglo XXI.